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Caritas Cambodia take part in a HIV vigil led by Buddhist monks Credits: Caritas

Caritas Cambodia take part in a HIV vigil led by Buddhist monks
Credits: Caritas

Cuando Caritas Camboya  encontró a Kim Haeng, en una chabola de Siam Reap, ella vivía más bien como un animal, que como una persona. Esta joven de 20 años era esquelética, no se lavaba, comía lo que encontraba en el suelo y no hablaba.

Sus padres murieron cuando ella tenía cinco años y un pariente la vendió al dueño de un burdel. Fue “empleada del sexo” durante 15 años, hasta que se puso demasiado enferma y no pudo seguir trabajando, entonces el dueño del burdel la echó a malos modos y sin darle nada.

Cuando la encontró el personal de Caritas, al principio pensaron que la joven sufría un grave trauma y, por ese motivo, mentalmente se había “retirado” del mundo para siempre. Pero no perdieron la esperanza.

Se sometió a la terapia anti-SIDA y su salud empezó a mejorar. También  recibió asesoramiento. Fue un largo camino, incluyendo la vuelta por un breve periodo de tiempo a la prostitución, pero consiguió escapar de su prisión psicológica.

Ahora es una hermosa joven, segura de sí misma, que colabora activamente como voluntaria, hablando ante las personas que viven con el VIH.

Camboya es el país más pobre de la región, con infraestructuras casi destruidas, durante el período de los campos de exterminio de Pol Pot. Hace algunos años, el país atravesaba una grave crisis sanitaria debida al creciente índice de nuevos contagios con el VIH.

Las buenas políticas de prevención, tratamiento y asistencia, han conseguido una asombrosa transformación y el índice de nuevos contagios está bajando, aunque no se han eliminado completamente.

Camboya es un país objeto de una iniciativa de la ONU, en la que los medicamentos son gratis, pagados por el Fondo Global de lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. El acceso a las medicamentos para quienes los necesiten se ha incrementado de una fracción a más de la mitad hoy en día.

“El impacto ha sido drástico”, dice Bernadette Glisse, Coordinadora para el VIH de Caritas en Siem Reap,  “Caritas trabaja con personas que viven con el VIH, mediante la provisión de alimentos, ayuda en dinero, asesoramiento y asegurando el acceso a los medicamentos necesarios, en los hospitales estatales. Antes sólo nos dedicábamos a tratamientos paliativos”, nos cuenta Bernadette, “pero ahora muchas personas están recibiendo medicamentos para combatir el SIDA, consiguen levantarse de sus camas y volver a trabajar”.

El país ha demostrado lo que es posible, pero el éxito final dependerá del mundo exterior, que es el que paga la cuenta. Los medicamentos para tratar el SIDA pueden incrementar en décadas la esperanza de vida, por ello, ¡el tratamiento debería ser financiado también por décadas!