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Caritas Spes of the Roman Catholic Church opened a centre in Kiev to provide psychological support to people living with HIV. Credits: Kronner

Caritas Spes of the Roman Catholic Church opened a centre in Kiev to provide psychological support to people living with HIV.
Credits: Kronner

Cuando Natalya, una joven ucraniana de 28-años, supo que el resultado de la prueba del VIH era positivo, dice que su padre la echó de casa. “Me dijo que me fuera a vivir con mi novio drogadicto y en mi parroquia me dijeron que yo no era una buena persona. Fue terrible, porque no sabía donde ir”.

Ella solo tenía 21 años entonces, y estaba embarazada, por primera vez, de un bebé que nació sin el virus. Su compañero sentimental era un “yonqui” que había muerto de SIDA.

El asesoramiento es un factor crucial de la respuesta al VIH. Sin este servicio, la gente no sabría lo que hacer, ni cómo comportarse para protegerse, ellos mismos, y evitar contagiar a los demás. También podrían desesperarse, si no encuentran una salida para afrontar el impacto emocional de tener que vivir con el virus.

En el 2006, Caritas Spes (de la Iglesia católica romana) abrió un centro para ofrecer su apoyo psicológico a las personas que viven con el VIH. Un pequeño grupo de psicólogos adiestrados y asistentes sociales ofrecían gratuitamente terapia individual y de grupo, así como ayuda legal, asistencia social y asesoramiento, a los miembros de la familia que no tenían el virus. El equipo ofrece también asistencia paliativa a las personas que se están muriendo de SIDA.  “Ayudamos a la gente a entender cómo se puede vivir con el VIH y a saber cuales son sus opciones. Nosotros trabajamos para conseguir cambiar el comportamiento de las personas, asesorarlas antes y después de la prueba del VIH”, dice Miroslav Stanishevskij, uno de los psicólogos del centro.

Natalya, por ejemplo, está muy agradecida por el trabajo que se realiza en el centro. “La ultima vez que estuve enferma, ingresada en el hospital, me dijeron que me iba a morir. Pasé por una terrible depresión. Agentes de Caritas venían todos los días a hablar conmigo y me dijeron que tenía que ser fuerte. Yo estaba rodeada de gente que se drogaba constantemente y necesitaba salir de ese ambiente. Los agentes de Caritas lo entendieron, me escucharon y me dieron buenos consejos médicos”, añade. Su salud se estabilizó y ahora trabaja a tiempo parcial en el centro de Caritas, porque así puede ayudar a otras personas. “Yo quiero ayudar a mujeres con maridos drogadictos, porque quiero que sepan que existen alternativas”.

“En mi opinión, la más despreciable y pecadora forma de discriminación que exista es cuando los religiosos denuncian a las personas contagiadas con el VIH y el SIDA”,  dice Mons. Robert J. Vitillo, experto de Caritas en el ámbito del VIH y el SIDA.

“Tanto la doctrina como la tradición de la Iglesia se han consolidado sobre las enseñanzas de Jesús. Su sacrificio en la cruz, su muerte y resurrección, son experiencias salvíficas, que deben guiarnos a una generosa aceptación de la familia humana, sin juzgarla, sobre todo, de los más vulnerables y marginados de la sociedad. Como decía la Beata Madre Teresa de Calcuta: ‘Una persona con el VIH/SIDA es como si fuera Jesús entre nosotros. ¿Cómo podemos decirle “no” a Él?”, concluye Vitillo.