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La Iglesia católica es uno de los mayores proveedores de asistencia a portadores del HIV y contagiados con el SIDA, en todo el mundo.

Como el SIDA afecta todos los aspectos de la vida de las personas, la Iglesia adopta un enfoque holístico ante la enfermedad, concentrándose en las necesidades físicas, intelectuales y espirituales de las personas.

Hasta 33 millones de personas vivieron con el VIH en 2007. La enfermedad, particularmente prevalente en el África subsahariana, donde los países son más pobres y los servicios no siempre disponibles. La Iglesia tiene un acceso sin precedentes a los portadores del VIH y contagiados de SIDA, en todo el mundo. Tiene una red global de colegios, iglesias, orfanatos , hospicios para enfermos terminales, organizaciones como Caritas y una armada de fieles que ofrecen sus servicios.

Además de la asistencia, ofrece asesoramiento a la gente afectada por la enfermedad, como guía espiritual para ayudarles a afrontar lo que posiblemente será uno de los más duros retos de sus vidas. También facilita los alimentos nutritivos que son esenciales, para el buen funcionamiento de la terapia con antirretrovirales.

Otras áreas en las que opera la Iglesia son la formación sobre el SIDA y su prevención. La Iglesia concentra también su esfuerzos en paliar el estigma y la discriminación, con frecuencia, vinculados al VIH/SIDA. Y la incidencia es una parte relevante de esta labor de la Iglesia. Por ejemplo, Caritas Internationalis está actualmente exhortando a los gobiernos y empresas farmacéuticas para que produzcan medicinas infantiles contra el VIH /SIDA y que mejoren los análisis, porque muchos niños hoy en día mueren a causa de la falta de medicinas.

Con todo, la Iglesia trabaja duro para ayudar a la gente con el VIH/SIDA a vivir con esperanza y, cuando llegue el momento, muera con dignidad.