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Imagine globalisation based on solidarity: One world

Imagine globalisation based on solidarity: One world

Tomado del discurso pronunciado por el Cardenal Óscar Rodríguez en una reunión de alto nivel sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, celebrada en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, el 25 de septiembre de 2008 

“Es evidente que la mayoría de nosotros no necesita los ODM para saber lo que significa la pobreza. En Honduras, de donde yo vengo, sufrimos cotidianamente sus limitaciones. Sin embargo, necesitamos los ODM para impulsar a los Gobiernos a la acción urgente, para que cumplan sus pasadas promesas respecto al desarrollo. Muchos de nosotros creemos que la “M” de las siglas ODM debería significar “Mínimos”. Queremos ver a nuestros Gobiernos llegar más allá, sobre todo respecto a medidas sostenibles para el medio ambiente.

En octubre se cumplirán diez años del huracán Mitch, que devastó Centroamérica destruyendo 50 años de progresos, sólo en Honduras. Mitch fue considerada entonces la cuarta tormenta más fuerte que se había registrado en el Atlántico. Pero ese temporal que parecía poner fin a todos los demás era sólo el principio. En pocos años, Mitch ha bajado el séptimo puesto.

Aunque el cambio climático es un problema mundial que nos afecta a todos, los pobres lo sufren de manera desproporcionada, mucho más que los ricos. La paradoja es que ellos son los menos responsables de esa contaminación que provoca el calentamiento mundial.

Los daños que hemos provocado a nuestro planeta y que ahora estamos sufriendo nosotros mismos deberían servirnos como señal de alarma, porque no se puede jugar con la avaricia sin pagar las consecuencias; no sólo porque es injusto, sino también porque es insostenible.

Somos testigos de la construcción de un mundo en el que la avaricia de pocos está dejando a la mayoría al margen de la historia. Yo he visto la avaricia muy de cerca en mi propio país cuando algunas compañías mineras internacionales llegaron a nuestras minas para extraer sus riquezas, dejando luego la tierra envenenada y la población local en condiciones mucho peores que antes.

Si fracasamos porque no alcanzamos los Objetivos de Desarrollo del Milenio, no es sólo por la falta de recursos o porque no mejoramos la manera de emplear la ayuda, ni tampoco por no reducir ulteriormente la deuda exterior, o porque carezcamos de un sistema comercial que sea más justo. Sufrimos de una grave pobreza de imaginación. Es necesario que nos veamos a nosotros mismo no en un ‘Tercer Mundo’ y en un ‘Primer Mundo’, sino en un mundo en el que nuestra obligación para con los pobres sea compartida”.