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The aftermath of bombing in Al Maghazi Credits: Caritas Jerusalem

The aftermath of bombing in Al Maghazi
Credits: Caritas Jerusalem

La Sra. Asmahan padece un constante dolor abdominal y su hijo de 18 años ha empezado a mojar la cama. Aunque los bombardeos de Israel en Gaza fueron hace ya tres meses, el miedo y sus consecuencias están todavía bien presentes en la vida de la población.

“Yo he perdido mi casa y todas mis pertenencias. Y en estas circunstancias, es difícil poder dar gracias a Dios, porque mis hijos y yo estamos vivos”, dice la Sra. Asmahan.

El equipo del centro médico ambulante de Caritas se desplaza por toda Gaza, ofreciendo apoyo psicológico y médico. Ayuda a la gente a tratar el estrés y el dolor común, entre los supervivientes del conflicto. “Durante mi trabajo, he visto casos de trastorno alimentario, insomnio, miedo crónico, de mojar la cama, disorientación y trauma”, nos cuenta Maha Al Omari, una consejera de Caritas que ha estado ayudando a los niños y a sus padres a seguir adelante, tras la violencia.

Muchos de los casos que ella trata son niños, porque ellos son particularmente vulnerables durante y después de una situación de conflicto.

“He estado mojando mi cama desde que cayó un misil en mi casa, mientras estaba durmiendo”, dice Khoulod Murad, que tiene 12 años.

Si no son tratados, estos síntomas físicos pueden provocar problemas de salud mental, como la depresión, problemas emocionales, desintegración de la familia y violencia doméstica.

El equipo médico ambulante de Caritas está formado por profesionales médicos que tienen experiencia en facilitar asistencia, después de un conflicto.

Las estructuras médicas de Gaza ya eran frágiles incluso antes de los bombardeos de enero. Se estima que el 40 por ciento de los dispensarios médicos registraron daños durante los bombardeos y muchos de ellos están actualmente escasos de personal.

Como los hospitales restantes han empezado a dar de alta a un gran número de pacientes, los dispensarios ambulantes de Caritas son esenciales para facilitar asistencia regularmente, a centenares de palestinos que sufren de dolencias físicas y mentales.

La población de Gaza sentirá los efectos de la pérdida de la casa y un miembro de la familia durante mucho tiempo . Mientras tanto, la gente intenta tirar adelante en un alojamiento provisional y llevando una vida provisional, pero todo ello sólo consigue empeorar su angustia.

“Visité un colegio en el que de vivían 1500 personas. La mayoría de los casos que vi eran semejantes: madres que sufrían crisis nerviosas, porque habían perdido a un hijo, una hija, un marido y todo lo que tenían, por lo que habían trabajado toda una vida”, dice la Sra. Al Omari.