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Caritas beneficiary Junor Hesgazons sits in on classes at the St. Laurent School in Les Cayes. His family lost their crops and their home was badly damaged during the 2008 hurricane season in Haiti. Caritas is providing school fees for three months to help Junor and 300 other students return to class. Credits: Snyder/Caritas

Caritas beneficiary Junor Hesgazons sits in on classes at the St. Laurent School in Les Cayes. His family lost their crops and their home was badly damaged during the 2008 hurricane season in Haiti. Caritas is providing school fees for three months to help Junor and 300 other students return to class.
Credits: Snyder/Caritas

De voz callada y algo tímido, Junor Hesgazons se afana sobre su trabajo. Los ojos miran continuamente hacia la pizarra a medida que se va desarrollando la clase de hoy. Con su camisa de cuello blanco bien planchada pese a la constante humedad de esta zona del sur de Haití, Hesgazons tiene todo el aspecto del ingeniero que espera llegar a ser.

“Quiero estudiar ingeniería. Me gustan las matemáticas y la física,” dice Hesgazons. “Me gustaría construir carreteras y puentes como ingeniero civil.”

Pero el camino para llegar hasta donde está ahora no ha sido nada fácil. Viene de una familia pobre cerca de la ciudad de Les Cayes, y por ello fue difícil para Hesgazons poder seguir en la escuela. Para él y para su familia, como les sucede a otras muchas familias en Haití, los 70 dólares anuales de tasas escolares son un enorme escollo.

“Antes, un amigo de la familia me ayudaba [a pagar las tasas], pero ahora ya no puede ayudarme,” dice Hesgazons.

Cuando llegó el huracán Ike en septiembre de 2008, todas estas dificultades se sumaron. En Haití se vieron afectadas más de 850.000 personas; más de 70.000 se quedaron sin hogar, y sus medios de vida quedaron destrozados. El huracán Ike, sumado a los huracanes Hanna y Gustav, arraigaron aún más la pobreza de muchos en este Estado insular ya de por sí empobrecido.

“Las inundaciones destruyeron mi casa por completo. [Ahora] vivimos en el barrio, en casa de un amigo. Es muy difícil.”

Desplazados por las inundaciones, que llegaron al comienzo de un nuevo semestre escolar en Haití, Hesgazons y su familia no pudieron reunir el dinero necesario para pagar las tasas escolares, pues los cultivos de los que dependían su alimentación y sus ingresos se habían perdido por las inundaciones. Y entonces Hesgazons se enteró que Caritas Haití estaba prestando ayuda.

“Mis padres conocían a Caritas a través de la iglesia,” dice Hesgazons. “El cura nos puso en contacto con Caritas cuando supo que ofrecían becas para las personas afectadas por las tormentas.”

Esas ayudas formaban parte de las actividades que emprendió Caritas a raíz de la temporada de huracanes de 2008. Con oficinas en cada uno de los 10 departamentos administrativos de Haití, Caritas pudo responder con rapidez a las necesidades de emergencia de las personas afectadas por las tormentas, las peores en la historia de Haití, aportando alimentos, refugio y artículos de primera necesidad. Una vez cubiertas esas necesidades apremiantes, Caritas Haití pasó a ocuparse de otras, con proyectos de dinero por trabajo para retirar el barro de los edificios públicos y carreteras, y proyectos de rehabilitación de la agricultura para proporcionar animales a aquellos que los habían perdido en las inundaciones.

“En septiembre los padres debían enviar a sus hijos a la escuela y eso les resultaba muy difícil,” dice el Padre Wilner Tilus, antes director de Caritas Haití y ahora cura de la parroquia de Ducis en la diócesis de Les Cayes. “En este campo, y en la agricultura, es donde pensamos que podíamos aportar mayor ayuda.”

A través del proyecto de educación, Caritas Haití facilita becas a 300 estudiantes como Hesgazons para cubrir las tasas escolares de tres meses. Los estudiantes se eligen de entre las familias más afectadas por los huracanes. Las becas tienen por finalidad ofrecer una oportunidad a las familias más afectadas para que empiecen a recuperar los medios de vida y poder así pagar de nuevo las tasas escolares de sus hijos. Para estudiantes como Hesgazons, incluso el poder comprar el uniforme y otros artículos necesarios puede resultar difícil sin ayuda – pero la ayuda siempre les ha llegado cuando la necesitaban.

“Mis padres trabajan la tierra, son agricultores. No tienen dinero para comprarme el uniforme. Eso lo pagó otra agencia, y Caritas aportó dinero para los honorarios.”

Es un estudiante aplicado, y Hesgazons espera algún día poder ayudar a mantener a sus padres y a sus tres hermanas, pues todos ellos siguen desplazados a causa del huracán Ike. Pese a que hay una elevada tasa de desempleo en Haití, el país más pobre del mundo occidental, Hesgazons sabe que sus oportunidades serán mayores ahora que ha podido volver a la escuela. Tras haber visto cómo su casa quedaba prácticamente destruida, y su familia desplazada por las intensas tormentas de 2008, Hesgazons se sabe muy afortunado por la oportunidad que ha recibido.

“[Sin ayuda] hubiera perdido el curso. No hubiera podido volver a la escuela,” dice Hesgazons. “Pero estoy aquí.”