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Students of the Lupaka Primary School eating a lunchtime meal of porridge supported by Caritas through partner agency CADEC. Credits: Snyder/Caritas

Students of the Lupaka Primary School eating a lunchtime meal of porridge supported by Caritas through partner agency CADEC.
Credits: Snyder/Caritas

La hambruna generalizada, en las áreas rurales de Zimbabue, significa que Kembo Ndlovu, Director del Colegio de Enseñanza Primaria de Lupaka, no se tiene que preocupar sólo de nutrir la mente de sus escolares, sino también sus cuerpos.

Los niños que no comen bien en casa, no tienen la energía suficiente para ir al colegio y, si la tienen, es mucho más dificil para ellos aprender, por el fastidio de los retortijones de barriga que provoca el hambre. Los niños corren mayor riesgo de dolencias y enfermedades y eso les hace más vunerables para toda la vida.

“El hambre es contraproductiva. Podemos comprobar que el año pasado el índice de niños aprobados fue superior al de este año”, dice Ndlovu.

Habiendo sufrido una crisis catástrófica, en los útlimos años, la mayor parte de los 11 millones de personas que forman la población zimbabuense luchan por la sobrevivencia. En las zonas rurales, son todavía más evidentes las repercusiones de la crisis, como en las zonas de los alrededores de Lupaka, donde sus residentes encuentran serias dificultades, para poder alimentar a sus familias y la idea de mandar a los críos al colegios es muy lontana.

Tras comprobar las necesidades existentes, Caritas decidió ayudar a los escolares de Lupaka. Empezó ofreciéndoles comidas cotidianas altamente nutritivas, a base de gachas de cereales, a unos 535 estudiantes. Para muchos de ellos, esa era la única comida de todo el día.

Los efectos de las comidas, preparadas cada día en el lugar de distribución, por un grupo de voluntarios de la comunidad local que se turnaban, provocó un efecto asombroso en la asistencia a clase y la concentración de los alumnos.

“Muchos chicos no querían ir al colegio, a causa de la escasez de alimentos. Desde que se introdujo la distribución de comida, empezamos a ver a muchas madres que llevaban a sus hijos al colegio y la asistencia al colegio se incrementó así, a gran escala”, nos cuenta Ndlovu.

Antes de empezar a distribuir comida a los niños, recuerda uno de los maetros del colegio, muchos profesores compartían sus limitados almuerzos con los chicos, para tenerles así lo suficientemente despiertos, como para que pudieran aprender y participar en las clases. La nutrición era muy frecuente entre los alumnos.

“Ahora están mucho más motivados. Mientras tengan comida suficiente, podrán seguir sus estudios con más energía y salud”, indica Ndlovu.

Caritas está ayudando a más de 88.000 escolares de todo Zimbabue, distribuyendo comidas en los colegios, con el fin de facilitar nutrición esencial a los niños, además de fomentar su escolarización.

Además de las iniciativas ya en marcha, distribuyendo comida en los colegios, Caritas facilita también raciones mensuales de alimentos a más de 164.000 personas. Entre esas personas, hay también maestros, como los de Lupaka. La mayoría de ellos reciben sueldos escasos y tiene dificultades para poder comer . Según Ndlovu, ése es un problema serio que debe afrontar el sistema educativo nacional, ahora cada unos de los 14 profesores de Lupaka recibe raciones mensuales de alubias, maíz y aceite.

Y mientras la ayuda alimentaria de Caritas ha significado una gran ayuda, para los escolares de Lupaka, todavía hay que afrontar muchos retos en la Zimbabue de hoy en día. Incluso las necesidades didácticas más esenciales, no están cubiertas. Ahora “resulta normal” que en el colegio haya sólo cuatro o cinco libros de texto en cada aula, donde siguen las clases hasta 30 ó 40 escolares.

Aunque hay 14 maestros en el colegio, sólo existen 10 aulas, por ello algunos maestros dan sus clases fuera del edificio escolar. En la temporada de lluvias, nos cuenta Ndlovu, las aulas están abarrotadas y eso trastorna ulteriormente el proceso de aprendizaje.

“Ahora que tenemos comida, estamos un poco más tranquilos, sin embargo, también necesitamos muebles y luego libros de texto, para todos los niños. Sin todo eso, será dificil superar este problema nuestro. Y sin la distribuición de ayuda alimentaria ahora , habría habido más problemas serios ”, dice Ndlovu.