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A picture drawn during a Caritas art class for children in Tibilisi. Credits: Caritas

A picture drawn during a Caritas art class for children in Tibilisi.
Credits: Caritas

El 7 de agosto de 2008 estalló una guerra de cinco días entre Rusia y Georgia, provocada por la separación de la provincia de Osetia del Sur. Un año después,  los cientos de miles de personas que se vieron atrapadas en el conflicto siguen luchando por volver a la normalidad.

El conflicto ha terminado, el duro invierno le ha cedido el paso al verano y, para muchos de nosotros, pareciera que ha pasado muchísimo tiempo desde la guerra de cinco días que estalló en Osetia del Sur hace un año.

Sin embargo, los habitantes de Osetia del Sur siguen pagando un precio enorme por la breve guerra entre Rusia y Georgia. Para empezar, más de 170.000 personas en Georgia y en Osetia del Norte y del Sur huyeron de sus hogares para escapar del peligro de los bombardeos.

“La gente no estaba preparada para la invasión de los Rusos. Simplemente huyó. No sabía a dónde se dirigía. No sabía en dónde se iba a refugiar”, dijo el Vicepresidente de Caritas Internationalis, P. Erny Gillen, luego de una visita a la región tras la guerra el año pasado.

Al huir de sus hogares, la gente dejó atrás sus pertenencias, sus empleos, sus amigos y todo aquello que tanto trabajo le había costado construir, y no tenía ninguna garantía de encontrar nada de esto a su retorno después de la guerra.

Cuando cesó la guerra, Caritas empezó a suministrar alimentos,  kits de higiene, y a ofrecer acceso a atención médica y a orientación psicológica para ayudar a las personas a tratar con el trauma de lo que habían sufrido. Esto continuó durante los meses de invierno, hasta mayo de 2009.

Caritas también proporcionó colchones,  bolsas de dormir, mantas, calzado de invierno, leña, estufas de gas y cacerolas.

Además, Caritas organizó actividades educativas y recreativas, como clases de inglés, deportes, clases de danza y actividades artísticas, para cientos de niños. Las actividades mantuvieron ocupados a los niños y les ofrecieron tanto un escape físico como un alivio psicológico, luego de la angustia que padecieron con la guerra.

Uno de los beneficios del proyecto fue que integró a niños con discapacidades físicas, que previamente no habían podido tomar parte en tales clases, a los grupos de actividad.

Caritas también impartió capacitación en habilidades de trabajo para jóvenes. Muchos de quienes perdieron sus hogares en la guerra eran gente de la localidad que nunca se había presentado a concursos de empleo en la ciudad.  Caritas ayudó a enseñarles cómo redactar un currículum vitae para que tuvieran mejores posibilidades de obtener empleo.

Michael Beruashvili, 16, tuvo que dejar su hogar en Tsjinvali a causa de la guerra y desde entonces ha estado viviendo en un centro para refugiados de la guerra en Tiblisi. Ha estado asistiendo a las clases de inglés, cerámica y danza. También asistido a las clases de fomento de capacidades laborales.
“He aprendido algunas técnicas que espero me ayuden a encontrar trabajo.

Quiero ganar dinero y ayudar a mis padres”, dice Michael. “Además de estos talleres, también he asistido a varias consultas con el psicólogo de Caritas, lo que me ha ayudado a superar el miedo constante que tenía después de la guerra”.

Sin embargo, Ilona Adamova, una de las encargadas de programmas de emergenzias  de Caritas Georgia, dice que un año después de la guerra la gente se sigue enfrentando a enormes desafíos, tales como la falta de una vivienda permanente y el desempleo.

“Caritas ha estado ayudando a reconstruir casas, a renovar las guarderías dañadas y a crear centros de reunión, en donde la gente se puede relajar y socializar. Esperamos que éstas, y otras de nuestras actividades, prepararán los cimientos para que la gente pueda reanudar su vida. Sin embargo, muchos se siguen enfrentando a una lucha larga y dura para lograr que sus vidas vuelvan a ser como antes”.