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Credit: Caritas

Credit: Caritas

Los centros de Caritas están ubicados en las zonas más pobres de Bagdad. Un día cualquiera en la vida de un empleado de Caritas comienza con atascos de tráfico, controles, calles cortadas y, en algunas ocasiones, el estallido de bombas. Algunos empleados tardan hasta dos horas en llegar a los centros, pese a que viven a menos de 10 km de los mismos. Necesitan madrugar para llegar a la reunión de personal que se celebra todos los días a las 8 de la mañana.

“Tenemos que planificar el día, hablar sobre los proyectos actuales y posibles mejoras. Durante el día no hay tiempo para hacerlo,” dice Aasera*, una empleada.

Poco después, empiezan a llegar las personas. Madres que vienen con niños pequeños que necesitan ver a un médico. También vienen para aprender cómo llevar una vida sana. Las personas mayores quieren una comida caliente y compañía. Los niños quieren jugar y aprender. Hay personas huérfanas y discapacitadas, viudas o víctimas de la violencia.

“Este lugar siempre está muy concurrido. Lo llamamos “la colmena”. Siempre hay buen ambiente. A los niños les encanta venir aquí. Nos dicen que quieren celebrar aquí su cumpleaños, o que se han puesto sus mejores ropas para venir a vernos. Realmente aprecian el centro. Los más mayores nos enseñan orgullosos las buenas notas obtenidas gracias a nuestras clases,” dice Aasera*.

Todos los meses, 122 empleados de Caritas prestan apoyo a unos 5.000 niños, 1.000 mujeres embarazadas, 2.000 personas desplazadas de sus hogares y cientos de familias, algunas con necesidades especiales.

Cada centro tiene entre cinco y ocho médicos, trabajadores sociales, personal docente y demás profesionales. La mayor iniciativa e s el programa de seguimiento a recién nacidos sanos, que presta atención a niños malnutridos, mujeres embarazadas y madres lactantes. Los niños son medidos y pesados periódicamente, y reciben alimentos nutritivos adecuados a sus necesidades concretas. Las madres pueden recibir atención médica o vacunas, y asesoramiento sobre cómo criar a sus hijos pese a la escasez reinante.

“Mi marido nunca me deja salir de casa. Este es el único lugar al que se me permite acudir y siempre tengo muchas ganas de venir,” afirma Amira*.

El centro no sólo ofrece paquetes alimentarios y atención médica, sino también una amplia gama de actividades sociales y celebraciones tradicionales.

“Me encanta venir aquí, sentarme en el jardín del centro y reírme, divertirme. Mi casa es pequeña. Aquí, los niños pueden jugar al aire libre y estar seguros. Como si la vida fuera normal otra vez,” dice Farrah*, otra de las personas que visitan el centro de Caritas.

Algunos acuden para descansar, otros quieren un futuro. Los jóvenes tienen la oportunidad de volver a la escuela. Esperan poder tener una vida mejor y un trabajo una vez acabe el conflicto.

Su futuro sigue siendo incierto. Hace poco hubo una enorme explosión en la capital, cerca de la sede central de Caritas Irak. El impacto rompió cristales y provocó daños. Por suerte, nadie resultó herido. En febrero murieron en Irak 352 personas, en su mayoría civiles. La violencia en el país ha aumentado en las últimas semanas por las elecciones generales que se celebrarán el domingo.

“La violencia y la inestabilidad política son difíciles de afrontar. Estamos muy preocupados por ello. Pero el impacto positivo que tiene nuestro trabajo sobre las personas nos hace muy felices y orgullosos. Y eso nos ayuda a seguir cada día,” dice Aasera* de Caritas Irak.

Las personas que acuden al centro reflejan la div ersidad cultural, religiosa y étnica de la población iraquí. Caritas les aporta una oportunidad poco frecuente de convivir, de conocerse y de entenderse unos a otros.

Los empleados de Caritas se conocen como “mensajeros de la paz”. Sus esfuerzos se consideran en caminados tanto a la integración y la resolución pacífica de los conflictos, como a la ayuda humanitaria.

Es algo que beneficia también a los cristianos que hay en el país y que se encuentran perseguidos. L a comunidad cristiana iraquí es una de las más antiguas del mundo. Pero desde la invasión de 2003 sus iglesias han sufrido ataques con bombas, y la comunidad secuestros y asesinatos. Los ataques contra cristianos se han multiplicado en las últimas semanas, con la intención de que se abstengan de votar a favor de candidatos cristianos en las elecciones generales.

“Las leyes tribales siguen impe rando en muchas familias. No favorecen la construcción de paz y la franqueza. Hace falta mucha paciencia y voluntad para cambiar esta situación,” dice Aasera*.

El trabajo se realiza fundamentalmente por las mañanas, hasta cerca de las dos de la tarde en la mayoría de los centros. Por las tardes se suele atender a la labor administrativa. Caritas también realiza visitas a domicilio a aquellas personas que no pueden acudir a los centros. Un trabajo del que se encargan las 300 personas voluntarias con que cuenta la agencia.

Gracias a Caritas, unas 10.000 personas de Bagdad y del norte y sur del país, en su mayoría mujeres y niños, reciben la ayuda que tanto necesitan para conseguir un poco de normalidad a sus vidas.

Los centros se han hecho tan populares que en ocasiones las personas se desplazan hasta 100 km para acudir a ellos. Saben que pueden confiar en Caritas. En palabras de Sabeen*, una madre iraquí, “A los empleados de Caritas la salud de mi hijo les im porta tanto como a mi.”

Trabajar para Caritas en Irak es muy difícil y conlleva un gran riesgo, pero el personal de Caritas está de acuerdo en que merece la pena. Es una labor que la población iraquí agradece enormemente.

*Se han cambiado todos los nombres
Photo credits: Caritas Iraq