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Children drawing in one the 3 Caritas child-friendly spaces in Pétionville Club, where over 1200 children have joined the programme. Credits: CARITAS/MathildeMagnier

Children drawing in one the 3 Caritas child-friendly spaces in Pétionville Club, where over 1200 children have joined the programme.
Credits: CARITAS/MathildeMagnier

de Mathilde Magnier, Responsable de Comunicaciones de Caritas en Haití

Más de dos meses después del seísmo, sigue siendo prioritaria la protección de los niños damnificados por la catástrofe. En un país en el que cuatro de cada diez personas son menores de 14 años, la catástrofe ha debilitado mucho a la población, que ya vivía en una situación de extrema vulnerabilidad, antes del pasado 12 de enero. En los campamentos, se han instalado estructuras de animación psicosocial, con el fin de animar a los más jóvenes, ofreciéndoles un contexto de normalidad a su existencia.
«Tras un suceso tan traumático como un terremoto, es esencial ofrecer apoyo  psicológico a los niños», explica el asesor de Caritas Joseph Vilton.

Él ya trabajaba como psicólogo en Puerto Príncipe, antes del terremoto. Ahora trabaja en los centros para la infancia instalados por Caritas, en diferentes campamentos de damnificados de la capital. Con cinco centros especializados en el apoyo psicosocial para la infancia, en los campamentos de  Bureau des Mines, Solino y el Club Pétionville, los equipos de protección de la infancia de Caritas ofrecen asistencia a más de 2000 niños.

Los síntomas vinculados a la conmoción, debida al seísmo, son numerosos en los más jóvenes como, por ejemplo, el estrés, los trastornos en el comportamiento, las pesadillas o la incapacidad de concentración.  Para los especialistass, es urgente restaurar cuanto antes las condiciones necesarias para el equilibrio mental de los niños. Hasta la fecha, la UNICEF estima en casi 1,5 millones el número de  niños damnificados directamente por el seísmo.

« Casi siempre resulta dificil inducir a los jóvenes a hablar directamente de lo que han vivido. Cuando los recuperamos, se muestran tímidos, silenciosos y, con frecuencia, quedan distanciados», destaca Joseph Vilton. Él está mirando un dibujo que la pequeña Sabrienta está terminando. Muy concentrada, ella está dibujando el perfil de su casa, un pequeño edificio improvisado c uyo techo color naranja recuerda las lonas ditribuidas por Caritas en los campamentos. Delante de la puerta de entrada hay dos siluetas: una pequeñas, como de un niño y otra más grande, imponente. «Mi tío y yo», explica Sabrienta, sin añadir una palabra sobre sus padres, ni su historia y sin apartar la vista de su dibujo.

«Con estas actividades, a veces lúdicas y  terapeúticas  – juegos pedagógicos, práctica de diferentes deportes, yoga o kárate, ejercicios de respiración, canto, poesía, dibujo, trabajos en arcilla…- ayudamos a los niños a expresar lo que no podrían decirnos de otra manera», explica Suzanne Thalek, encargada  del programa Caritas para la protección de la infancia. «Además, estas actividades nos consienten también estimularles psíquica e intelectualmente », añade la joven. Y es fácil creerlo, mirando la aplicación y seriedad con la que un grupo de niños sigue esta tarde la clase de kárate, dando patadas por todas partes. «¡Yo prefiero los gritos! Sobre todo cuando son muy altos» bromea la pequeña Meralda, con ojos brillantes. Ya lleva algunas semanas en el programa.  Al primcipio ella no participaba siempre a las sesiones, pero ahora  no se pierde una, «para hacer músculos ». Claro que podría haber conquistado su participación la distribución diaria de pequeños snacks durante las sesiones…

No importa el motivo, es evidente que los programas tienen mucho éxito entre los niños. «Yo me paso aquí todo el día.  ¡Es mucho más divertido que estar en casa, porque allí tengo que limpiar! , dice la pequeña  Simona, de cinco años.