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Archbishop Óscar Romero with Caritas staff in 1978 Credits: Caritas archive

Archbishop Óscar Romero with Caritas staff in 1978 Credits: Caritas archive

de Lesley-Anne Knight, Secretaria General de Caritas Internationalis

Para mí, la muerte del Arzobispo Óscar Romero es uno de los momentos más tristes de mi vida. Porque el pagó con su vida, su valiente defensa de los pobres y oprimidos.

Las palabras de Mons. Romero estaban llenas de coraje y esperanza – dos cosas que eran muy necesarias en El Salvador de entonces, cuando reinaba el miedo. Él no estaba dispuesto a sólo hablar del amor al prójimo y la necesidad de paz. Sin miedo, él denunció las injusticias que eran las causas raíces del conflicto en América Central, durante los últimos años 70 y los 80. La fe le daba fuerzas para hacerlo.

“Yo no creo en la muerte, sin la resurrección. Si me matan, yo resucitaré en el pueblo salvadoreño”, decía él.

Mons. Romero comprendió que el verdadero cambio para los pobres y oprimidos de El Salvador sólo podía realizarse haciendo frente a las causas raíces de la injusticia y la pobreza. De esa manera, él ha sido una gran fuente de inspiración para nuestro trabajo en Caritas.

Él sabía que no podía haber desarrollo sin paz, así como tampoco podía haber paz sin justicia. Y ambos factores eran igual de importantes.

Ése es el mensaje que nos legó Mons. Romero y, treinta años depués de su muerte, sus palabras y su imagen tienen todavía un gran poder, porque nos dan fuerza y consuelo.

Concretamente a mí, Mons. Romero me enseñó la necesidad de dar un paso atrás, de vez en cuando, para tener un perspectiva mejor. No podemos hacerlo todo y, cuando nos damos cuenta, sentimos una cierta liberación. Pero hacemos lo que podemos y lo hacemos muy bien. Doy las gracias a Mons. Romero, por esas palabras de sabiduría.

Los cristianos lo consideran santo y mártir y muchos todavía rezamos para que la Iglesia lo reconozca oficialmente. Para los salvadoreños cuyas vidas fueron tocadas por él, Óscar Romero es esa roca que les ha ayudado siempre a capear muchas tormentas. Él es el hombre que les amó y protegió y que recordó al mundo que no había que escapar ante el sufrimiento.