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Caritas on the march for climate justice in Copenhagen. Credits: Caritas Denmark

Caritas on the march for climate justice in Copenhagen.
Credits: Caritas Denmark

La Cumbre de Copenhague sobre el Cambio Climático reunió a 115 jefes de estado y de gobierno. Más de 40.000 personas solicitaron la inscripción a la misma. Fue una iniciativa magnífica que fracasó, porque no alcanzó un acuerdo significativo, ni legalmente vinculante.

El Obispo Theotonius Gomes, Presidente de Caritas Bangladesh, dijo que las naciones poderosas se sienten moralmente obligadas a prestar atención al problema, pero fueron humilladas ante el reto y el fracaso por no encontrar una solución.

El resultado fue el “Acuerdo de Copenhague’. No es un acuerdo vinculante, redactado por EE.UU., Brasil, China, India y Sudáfrica. El organismo directivo oficial de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC ) sólo acordó ‘tomar nota’ de él. Algunas naciones se niegan a reconocerlo en conjunto. Bolivia, Venezuela, Sudán, Tuvalu y otros países registraron su oposición.

Algunos consideran que, en el Acuerdo de Copenhague, por primera vez las naciones desarrolladas pusieron por escrito sus compromisos, mientras otros afirman que es sólo una declaración de voluntad política. De una u otra manera, carece de lo necesario para salvar el planeta y que es lo que exigían millares de personas.

Aunque el Acuerdo de Copenhague reconoció los medios científicos para mantener el incremento de las temperaturas por debajo de los 2°C, o incluso 1,5°C en el futuro, no se comprometió a reducir las emisiones para alcanzar ese objetivo.

Tampoco las promessa que han hecho los países hasta la fecha han sido suficientes, para mantener ese índice de incremento por debajo del límite de los 2°C. Algunas de ellas son incluso más débiles, respeto a las que se hicieron antes de Copenhague. Si estos objetivos no se refuerzan, las temperaturas mundiales aumentarán de más de 3°C. Y superar ese umbral del cambio climático es muy peligroso.

La financiación era la prioridad de los países pobres. La naciones ricas hicieron promesas de financiación a corto plazo, pero sin un mecansimo que organice o distribuya esos fondos a los más necesitados. El problema de la ayuda a la financiación a largo plazo, para que las naciones en vías e desarrollo se adapten al cambio climático y planifiquen un crecimiento sostenible, sigue estando sin resolver.

El riesgo es que el Acuerdo desvíe el proceso de la ONU y el Protocolo de Kyoto, el único tratado que compromete a los países en vías de desarrollo a reducciones vinculantes en las emisiones. Eso ignoraría el mismo principio de responsabilidad histórica de aquellos países que han contribuido mayormente a originar el problema.

La mayoría de los países en vías de desarrollo afirman que el Protocolo de Kyoto debe seguir en vigor. El líder de la CMNUCC, Yvo de Boer, indica: “No se tiran unos zapatos viejos, hasta que no se tienen unos nuevos”.

Los negociadores del clima tienen que reanudar las negociaciones de la ONU. Hasta la fecha, todavía no se ha acordado una agenda. Algunos países desarrollados vacilan al dirigir de nuevo la atención a las grandes diferencias que siguen dividiendo a los países.

El Secretariado de la CMNUCC anunció una sesión extra de negociaciones en Bonn, del 9-11 de abril de 2010, con el fin de acordar una agenda de negociaciones hasta la próxima reunión, denominada Conferencia de las Partes (COP), en México en November de 2010.

Este foro diseñará el calendario anual de negociaciones. Mientras tanto, los países en vías de desarrollo siguen sufriendo los efectos del cambio climático y el apoyo que necesitan continua a ser esquivado.