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The effects of climate change may threaten food security and trigger new violence in Congo. Credits: Risholm/Caritas Norway

The effects of climate change may threaten food security and trigger new violence in Congo.
Credits: Risholm/Caritas Norway

La mayoría de las personas puede pensar que el cambio climático no es un problema prioritario en la República Democrática del Congo, un país devastado por años de guerra. Albert Mashika, Coordinador del Desarrollo en Caritas Congo, explica por qué ese tema debe ser abordado con urgencia. Los efectos del cambio del clima pueden amenazar la seguridad alimentaria y provocar ulterior violencia.

Pregunta: Sr. Mashika, ¿cree usted que los países en vías de desarrollo deberían preocuparse más por asuntos relacionados con el cambio climático. ¿Cuál es la puesta en juego para el Congo?

Albert Mashika: El cambio climático es un problema fundamental para los países en vías de desarrollo, porque son las primeras víctimas de sus efectos. En Congo, podemos sufrir directamente las consecuencias, sobre todo en lo que respecta a la seguridad alimentaria y la seguridad en general.

En algunas regiones, el índice de precipitaciones es ahora muy inferior respecto al pasado, algo terrible para la agricultura. El calentamiento del agua en el lago Tanganika está reduciendo la presencia de algas y por eso se reducirán los bancos de peces.

En algunas partes del país ya están sufriendo la carestía. La malnutrición podría afectar no sólo a los niños, sino también a adultos y mujeres embarazadas y lactantes. En algunas diócesis, las poblaciones indígenas, que logran sobrevivir comiendo plantas silvestres, ahora se quejan por la reciente escasez de setas y otros comestibles del campo. Su estilo de vida se está viendo seriamente amenazado

El cambio climático puede desencadenar también la violencia. El cauce del río Semliki, frontera natural entre Uganda y el Congo, se está desplazando porque la cima helada de la cercana montaña Rwenzori se esta derritiendo. Eso implica un desplazamiento de frontera estos países. Al parecer, hay petróleo en el subsuelo y ambos países intentarán sacar beneficio del cambio en las fronteras. Esa situación podría originar un conflicto.

Pregunta: ¿Qué es lo piensan hacer ustedes?

Albert Mashika: Hemos lanzado una encuesta para conseguir información de las diócesis y luego organizaremos un foro sobre este tema. Aparte de eso, ya estamos realizando proyectos en algunas diócesis. Facilitamos simientes resistentes a la sequía en comunidades vulnerables, con el fin de que se puedan adaptar al cambio del clima.

Otra prioridad para nosotros es conseguir incluir el tema del clima, en el próximo documento estratégico para el crecimiento y la reducción de la pobreza. Dicho documento es una herramienta de incidencia y un plan de acción para nuestro país, elaborado por un grupo de expertos compuesto por funcionarios gubernamentales, representantes de organizaciones de la sociedad civil y para e desarrollo, como el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo y la Unión Europea.

Pregunta: Congo ha sido escenario de tensiones y guerra. ¿Es realmente el cambio climático un tema que preocupa a la población?

Albert Masía: Realmente debería serlo. Si no tenemos en cuenta los efectos del cambio climático, entonces nos estamos dirigiendo realmente hacia una especie de tsunami silencioso. Cuando se manifestarán sus consecuencias con la guerra, la carestía y la malnutrición, seremos testigos de una verdadera catástrofe. Es en nuestro propio interés hacer frente a la cuestión, no sólo en Congo, sino en toda África. Tendríamos que comenzar a realizar proyectos en zonas seguras del Congo y el conflicto no nos debería impedir empezar a adoptar las medidas pertinentes.

Pregunta: ¿Qué tipo de energía renovable se debería promover en el Congo?

Albert Mashika: Podríamos promover la utilización de paneles solares. Congo está en la línea ecuatorial y el tiempo es soleado durante todo el año.

En las áreas rurales, las estufas ‘ecológicas’ también tienen un gran potencial, porque consuman poca leña para cocinar. Esa técnica ha demostrado su eficacia en el norte y sur de Kivu. Las estufas no contaminan la cocina, porque desprenden poco humo y son muy económicas.

Es necesario promover también la sensibilización sobre asuntos del clima en los colegios. Hay que implicar a los niños en los proyectos de reforestación.

Las grandes empresas que explotan los recursos deben responsabilizarse de su impacto social y mediombiental. El micro dique hidroeléctrico es otra opción interesante para muchos ríos del Congo.

Con el fin de implementar este cambio, necesitamos más ayuda de los países desarrollados. Los resultados de la cumbre de Copenhague fueron decepcionantes en este sentido, aunque los países occidentales demostraron una cierta voluntad de hacer frente a asuntos relacionados con el cambio climático, en los países pobres.

Se supone que los países desarrollados gastan un 0,7% de su PIB en ayuda al desarrollo, pero en realidad pocos de ellos lo hacen. Es una pena, porque aquí esa inversión podría destinarse, por ejemplo, a energías renovables, al servicio del clima y el fomento del desarrollo a largo plazo.