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Aneesa was hit, kicked, burnt with an iron, scalded and left naked in the cold. Credits: Caritas Lebanon

Aneesa was hit, kicked, burnt with an iron, scalded and left naked in the cold.
Credits: Caritas Lebanon

Aneesa* llegó a Líbano durante la guerra con Israel de 2006. Dejó su hogar en Filipinas, para trabajar como empleada de hogar en una familia libanesa. Mientras se registraban enfrentamientos por las calles de Beirut, Aneesa estaba muy asustada y quería volver a casa, tan sólo dos semanas después de llegar.

Era demasiado difícil regresar y, por eso, Aneesa tuvo que quedarse con la familia que la agencia le asignó. Muy pronto, sus preocupaciones por la guerra exterior se atenuaron, en comparación con los problemas personales que la vieron objeto de violencia y malos tratos por parte la familia para la que trabajaba.

“El señor me abofeteó e incluso me tocó. Quería saber si era virgen y soltera. Yo le rogué que no me tocara, pero él era muy fuerte y yo tenía miedo”, cuenta Aneesa.

Pasaba el tiempo y la lista de malos tratos que sufría Aneesa iba aumentando: palizas, patadas e incluso la quemaron con la plancha y luego la dejaron desnuda fuera de casa, pasando frío.

A ese punto la familia decidió “devolverla” a la agencia. Hicieron que Aneesa bebiera vino durante el camino, para que cuando llegara a la agencia vieran que estaba borracha. La agencia le dio algo de comer y la dejaron descansar, pero se negaron a aceptar la “devolución” y la mandaron de nuevo con la misma familia.

“Esa noche me apuñalaron con un tenedor de plástico y me golpearon los pies con un rodillo de cocina. El señor incluso intentó estrangularme”, recuerda Aneesa.

Afortunadamente para Aneesa, la agencia informó al Centro de Migrantes de Caritas Líbano sobre los malos tratos. Por su parte, el Centro informo al Fiscal General que empezó a investigar a la familia.

Llevaron a Aneesa al hospital, donde le diagnosticaron quemaduras de segundo y tercer grado. Caritas la llevó a una casa segura y la liberaron de su contrato con la agencia. Luego la ayudaron a poner una denuncia contra la familia para la que trabajaba, por graves malos tratos y exigiendo el saldo de los salarios no pagados.

Caritas facilitó a Aneesa comida, ropa, asistencia médica, asesoramiento, ayuda y apoyo en general, para poder superar el trauma. Caritas todavía sigue la denuncia contra la familia, pero Aneesa ha regresado a las Filipinas. Caritas le dio una subvención para que pudiera poner un pequeño negocio que generara ingresos.

Según datos del Gobierno libanés, en 2007 había al menos 88.000 inmigrantes trabajando como empleadas de hogar en el país.

El Gobierno ha creado dos comités directivos de defensa de los derechos de los inmigrantes, para sensibilizar tanto a los inmigrantes, como a las agencias y las familias, con el fin de que no se registren malos tratos.

El Centro de Migrantes de Caritas Líbano también realiza campañas de sensibilización y anima a los inmigrantes explotados a buscar ayuda. Exhorta a la gente que conozca situaciones de explotación para que llamen a uno de sus teléfonos de urgencias, en servicio 24 horas al día.

La Directora del Centro, Najla Chahda, afirma que se han comprobado cambios positivos en el comportamiento de la gente, tras las campañas, y ahora reciben muchos más casos de inmigrantes con problemas.

El Centro quiere mejorar las condiciones laborales y la vida de los inmigrantes, reducir la explotación y marginación, defender a los inmigrantes y potenciar la sensibilización entre inmigrantes y refugiados y la misma población libanesa.

Además de una serie de servicios, como los antes mencionados para ayuda a Aneesa, el Centro realiza numerosos proyectos. Entre ellos podemos mencionar: apoyo a los refugiados iraquíes en el Líbano, asistencia a los refugiados ancianos palestinos y organización de campamentos de verano y escolarización para hijos de inmigrantes. También es activo en el ámbito de la construcción de paz, intentando combatir situaciones de injusticia.

El Centro trabaja activamente en garantizar que casos como el de Aneesa sean cada vez menos frecuentes y que los inmigrantes y refugiados se sientan seguros y puedan prosperar, sin miedo, ni intimidaciones, en la tierra que ellos han elegido para vivir y trabajar, el Líbano.

“Creemos que todavía queda mucho por hacer, en lo que respecta a ofrecer servicios competentes de protección para los trabajadores inmigrantes del Líbano, pero es necesario destacar también todas las iniciativas realizadas por el mismo Gobierno libanés, para afrontar este problema de una manera justa”, dice la Sra. Chahda.

* El nombre ha sido cambiado para proteger su identidad.