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Khursheed Bibi, a Caritas beneficiary, with a bandage worn around her fractured arm Credits: Caritas

Khursheed Bibi, a Caritas beneficiary, with a bandage worn around her fractured arm
Credits: Caritas

De Shahzada Irfan

Khursheed Bibi estaba en pie entre las cajas de ayuda, con una venda cubriendo su brazo roto. Como tiene más de 60 años, su fractura tardará mucho tiempo en curarse. Además, ella sabe que el tratamiento será una carga pesada, teniendo en cuenta los recursos limitados que tiene a su disposición.

Khursheed recordaba bien el fatídico día, cuando de repente su vida cambió dramáticamente. “Empezó a llover mucho. Todos estábamos en casa, creyendo estar al seguro, pero no era así”, nos dice. Su vivienda de tres habitaciones, estaba construida sobre cimientos de abobe, en la localidad de Rehampur, Okara. Por eso no pudo resistir la avalancha de lluvias torrenciales y se derrumbó. La habitación en la que ella se encontraba con su marido fue la que registró mayores daños. El techo y las paredes se derrumbaros con un ruido sordo, dejando atrapados a sus ocupantes.

“No tuvimos tiempo de escapar. Los ladrillos me cayeron encima del brazo y se rompió. Pero la peor pérdida fue la muerte de mi nieta de 14 años, Shama, que sufrió una herida en la cabeza”, recuerda Khursheed. Corren lágrimas por sus arrugadas mejillas, mientras nos habla de su terrible experiencia traumática.

Ella dice que su familia se había mudado a otra vivienda, en la que vivía su hija casada con su marido y sus hijos. Khursheed fue corriendo al hospital de la aldea, administrado por la Iglesia local, en el que recibió tratamiento cualificado a un precio simbólico. Ahora está mejor, pero sufre cuando recuerda a Shama. “La examinaron si demora y la mandaron a otro hospital, pero no sobrevivió”, nos cuenta.

Estaba en el campamento de distribución de Caritas Pakistán para recibir ayuda. Perdió la mayor parte de sus utensilios de cocina en la catástrofe e informó de ello a un equipo de evaluación de Caritas, que pasó a comprobar los daños registrados.

En el paquete de ayuda hay aceite de cocina, harina, azúcar, legumbres, leche en polvo, té, chiles, sal, agua embotellada, jabón para la higiene personal y detergente para lavar la ropa y un gran cubo con tapadera.

“Nadie en nuestro barrio nos ayudó”, observa Khursheed, añadiendo que la gente de Caritas compartió con ella su dolor. Los artículos de la ayuda bastarán para al menos unos 15 días o más. En ese tiempo, los aldeanos podrán gastar sus ahorros o ganancias en reparar sus viviendas.