Esta página está a su disposición también en: Inglés, Francés

Fifty percent of Brazil's emissions derive from deforestation and forest and savannah fires. No other country is losing forest on the same scale as Brazil, which accounts for one in every two trees felled in the world. Credits: Carlos García Paret/La Amazonia Brasileña.

Fifty percent of Brazil’s emissions derive from deforestation and forest and savannah fires. No other country is losing forest on the same scale as Brazil, which accounts for one in every two trees felled in the world.
Credits: Carlos García Paret/La Amazonia Brasileña.

Por Carlos García Paret, activista climático de la Amazonia brasileña

La situación de Brasil en lo que respecta al cambio climático es muy diferente de la de las naciones industrializadas con alto nivel de emisiones como China, los Estados Unidos y la Unión Europea. Como cuarto país emisor de gases de invernadero, 50% de las emisiones de Brasil son producto de la deforestación y de incendios forestales y de las sabanas. Ningún otro país está perdiendo selvas en la misma escala que Brasil, que representa uno de cada dos árboles cortados en el mundo. Esto ha resultado en la destrucción de 700.000 Km2 de selvas lluviosas en los últimos 30 años, y 120.000 Km2 de sabana en los últimos 7 años.

La principal explicación de este fenómeno se encuentra en el papel de Brasil en la globalización, como exportador de materias primas agrícolas. Los bosques y selvas se talan para obtener madera y para ampliar los límites de tierras utilizadas para el pastoreo y la agricultura (soya, caña de azúcar, algodón, etc.). Este proceso es el resultado de decisiones políticas que han costado miles de millones de dólares de inversión pública, privada y multilateral en décadas recientes.

En este proceso, los perdedores son los pueblos indígenas, los habitantes de las riberas, los trabajadores de las plantaciones de caucho y los pequeños agricultores que viven de la selva (recolección, pesca, agricultura tradicional, caza, etc.), y cuyos medios de sustento se ha visto amenazados o incluso han desaparecido.

La conexión entre la región amazónica y el clima opera en dos niveles: la tala y la quema de la selva amazónica son la principal contribución de la región al calentamiento del planeta. A su vez, el calentamiento del planeta resultará en un proceso acelerado de reemplazo de selva primaria por sabana.

Actualmente, la ciencia y la política internacional han colocado la conexión entre la selva amazónica – incluyendo sus usos y sus habitantes tradicionales – y el clima al centro del debate. Se considera una oportunidad, en tanto que por primera vez se ha reconocido que dichos usos tradicionales ayudan a conservar la selva lluviosa y sus funciones medioambientales y climáticas.

Más que nunca, en el Brasil de hoy, el conflicto entre este incipiente proceso esperanzador y la apatía del pasado surge constantemente en el congreso federal y en las propuestas de diferentes modelos de desarrollo. Ya ha sido aprobado un plan que incluye objetivos para reducir las emisiones de Brasil en 38,9% para 2020, el cual se publicitó ampliamente a nivel internacional en Copenhague. Dicho plan enfatiza particularmente la reducción de la deforestación en las regiones amazónicas y de la sabana (hasta un 80%).

Por otra parte, el Código Forestal de Brasil ha sido revisado, los derechos legales de propiedad se han reducido y se les ha otorgado amnistía a los destructores tradicionales de la selva, todo esto con el propósito de ampliar la agricultura y la ganadería.

Muchas organizaciones y comunidades en las regiones del Amazonas y la sabana están llevando a cabo experimentos para integrar la selva a los medios de desarrollo. Esto podría ayudar a mitigar y compensar las emisiones, y a hacer que estos grupos sean más resilientes. Los empresarios rurales están empezando a darse cuenta de que la selva no es enemiga del ganado y la soya, y están empezando a tratar de rehabilitar áreas degradadas para mejorar los precios de sus productos.

En años recientes, el gobierno ha empezado a hablar de precios mínimos para productos con alto valor socio-ambiental. El mejoramiento de la selva es un proceso irreversible, pero requiere de un acuerdo climático mundial, mercados menos miopes y políticas públicas más firmes.