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Elella stands at an empty animal pen at her home near Lokitaung, northern Kenya. Credits: Eoghan Rice / Trocaire

Elella stands at an empty animal pen at her home near Lokitaung, northern Kenya.
Credits: Eoghan Rice / Trocaire

La tierra es estéril, los animales están muertos, la gente se está muriendo de hambre. Ésta es una de las caras del norte de Kenia, en julio de 2011.

“La carestía empezó el año pasado. No llovió en todo el año, ni tampoco ha llovido éste. Hemos tenido dos años seguidos de sequía. Si no hay gente de buen corazón que pueda ayudarnos, moriremos”, nos dice Ellela, de la aldea de Lokitaung.

En un reciente viaje a Kenia, Eoghan Rice, de Trócaire (Caritas Irlanda) indicaba que había visto a niños malnutridos, que esperaban en los dispensarios para recibir tratamiento urgente, adultos que eran todo piel y huesos y esqueletos de ganado que ensuciaban terrenos abrasados y yermos.

“Llevo siete días sin comer en condiciones. No comí nada ayer, sólo bebí té. El día antes me comí un poco de coco. Se pasa mucha hambre aquí. Si la situación sigue igual, la mayoría de la gente que vive aquí morirá”, afirma Locheramoe Kuwom.

Se dice que la sequía que sufre la zona oriental de África es la peor de los últimos 60 años. Como resultado de ella, más de 10 millones de personas de Kenia, Somalia, Etiopía y Djibouti necesitan ayuda.

Eoghan visitó el río Kerio. Se secó en 2010 y ahora es sólo un largo trecho de arena. Él dice que había gente que estaba escavando pozos a lo largo del lecho del río, buscando las últimas gotas de agua. Otros caminaban unos 15 km. para ir a la fuente más cercana que, con frecuencia, tenía color sucio y no era adecuada al consumo humano.

“Yo tenía antes 150 cabras, pero la sequía terminó con ellas. Ahora sólo me quedan cinco, pero también morirán pronto, porque están muy débiles. El futuro es sombrío, si no viene alguien a ayudarnos. Hemos tenido otras sequías antes, pero ninguna era como ésta”, dice Andrew Lodio, de Lokitaung.

Con los animales y los cultivos muertos o muriéndose, la gente recurre a las soluciones más desesperadas para llenarse el estómago, a veces tomando pequeños trozos de corteza de árbol o frutos silvestres.

Algunas personas intentan sobrevivir haciendo carbón de los árboles que se están secando y que luego venden al mercado local. Sin embargo, la demanda es muy escasa y así pueden ganar muy poco.

Y si embargo, en el norte de Kenia hay algo más que sequía y lucha por la supervivencia. En un viaje a Nakwalekwi, Eoghan visitó un proyecto de Caritas Irlanda que consiste en un sistema de regadío que funciona con un molino de viento. La tierra arenosa luce una exuberante vegetación. Produce frutos como maíz, soghum, legumbres, caña de azúcar, bananas y naranjas, todo el año.

El proyecto demuestra que la cara de África oriental no tiene que ser siempre una cara que implica dependencia, sequía y desesperación. Con los proyectos adecuados, las comunidades pueden producir sus propios alimentos y llevar una vida menos precaria.