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A man on the Mexican side holds onto the border fence separating Mexico and the U.S. as people hold a peace flag and signs on the U.S. Side, in Ciudad Juarez January 29, 2011. About 200 people gathered on both sides of the border, wishing for peace and an end to violence. Credits: REUTERS/Gael Gonzalez courtesy of alertnet.org

A man on the Mexican side holds onto the border fence separating Mexico and the U.S. as people hold a peace flag and signs on the U.S. Side, in Ciudad Juarez January 29, 2011. About 200 people gathered on both sides of the border, wishing for peace and an end to violence.
Credits: REUTERS/Gael Gonzalez courtesy of alertnet.org

Por el P. Francisco Gallardo, director de la Casa del Emigrante de Matamoros, cerca de la frontera mexicana con EE.UU.

La gente deja su casa buscando el “sueño americano”, pero termina viniendo a pedirnos alojamiento, ropa y ayuda.

Muchos llegan completamente agotados. Hay gente que ha sido secuestrada y llega con mucho miedo. Algunos han sido torturados y maltratados y llegan en un estado lamentable.

La mayoría de la personas que nos pide ayuda son hombres. Hay pocas mujeres y niños. A veces llega gente con niños, pero no pueden probar que son sus padres. Creemos que esas personas llevan a los niños junto a sus padres, que ya están en EE.UU.

Llevo 24 años trabajando con migrantes en esta diócesis. Al principio, abríamos nuestras puertas a los migrantes que llegaban del centro y sur de México. Sin embargo, luego la situación se hizo más dramática y empezó a llegar gente también de Centroamérica y Sudamérica: El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Costa Rica, Brasil y otros países.

Con frecuencia, intentando emigrar de la pobreza del propio país, se termina con la deportación de EE.UU.US. Por lo general, los deportados están en malas condiciones, tanto física como mentalmente. Muchas veces, los deportados son hombres, cuyas familias están ya en EE.UU. junto a otros parientes. Los hombres esperan a lo largo de la frontera mexicana, hasta que llegan sus esposas e hijos. Para esos niños, el caos de la situación resulta muy difícil. A veces ni siquiera hablan español y no tienen ninguna experiencia de la cultura de sus padres. Algunos deportados intentan entrar de nuevo en EE.UU. Se dicen a ellos mismos: “Volveré a casa y luego retornaré de nuevo”.

Sólo en 2010, ayudamos a unos 13.000 migrantes deportados. Cuando llaman a nuestra puerta, además de necesitar comida, ropa, asistencia médica, psicológica y jurídica, nos piden usar el teléfono y dinero para el viaje.

Los migrantes nos cuentan historias terribles de chantajes y secuestros. Nos dicen cómo quedaron atrapados en las redes de grupos delincuentes, que luego les implicaron en delitos. Las bandas les enseñan en video cómo matan a la gente y el ‘trabajo’ que ellos deben hacer luego.

Sólo el año pasado, en nuestra diócesis de San Fernando, se encontraron 72 cadáveres de migrantes de Centroamérica. Sólo encontraron a un superviviente, de Ecuador, a quien recibimos en Caritas y le ofrecimos ayuda material y espiritual, tras superar una prueba tan dura.

Las fosas comunes forman parte de la realidad de la migración de América Latina a EE.UU. En los últimos años, los métodos de migración se han vuelto más sofisticados, sin embargo, siguen los malos tratos, secuestros, chantajes y desaparición de migrantes.

Es necesaria una mayor sensibilización sobre la emigración de América Latina a EE.UU. Los derechos humanos de los migrantes deben convertirse en una gran prioridad para la comunidad internacional y los países que aceptan a los inmigrantes deben promover activamente reformas en las leyes sobre la migración.

Los Obispos de América del Norte y del Sur afirman que los gobiernos fracasan al no conseguir proteger a los migrantes

La detención y repatriación desde México de menores no acompañados de Centroamérica – Informe de Catholic Relief Services (miembro de Caritas en EE.UU.)

Declaración de Obispos de Centroamérica, Norteamérica y el Caribe en relación a la migración