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Climate change could exacerbate existing problems in the Middle East, and may in turn hold serious implications for regional security. Credits: Katie Orlinsky/Caritas

Climate change could exacerbate existing problems in the Middle East, and may in turn hold serious implications for regional security.
Credits: Katie Orlinsky/Caritas

Por el Dr. Stephen Humphreys, catedrático de derecho, London School of Economics

Hay algo que es claro: el cambio climático tendrá impacto en los derechos humanos. El derecho a los alimentos, al agua, a la vivienda, a la salud, al “disfrute pacífico de la propiedad” – todos estos se verán afectados, generalmente a gran escala. Miles, o más probablemente millones, de personas perderán sus hogares, su sustento e incluso su cultura. Desparecerán islas, potencialmente dejando a sus habitantes apátridas. Ciudades costeras se hundirán. Los cambiantes patrones meteorológicos acabarán con los estilos tradicionales de vida, como el de los criadores de renos en Sami, Noruega. Sequías, inundaciones y los tornados expondrán a miles a catástrofes. Trastornos masivos y migración. Guerra. Estas, cuando menos, son las predicciones de la autoridad mundial líder: el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) en su último informe de 2007. Y aunque, en principio, sería posible detener los efectos, es muy probable que sea imposible detener muchos de ellos.

Aunque los efectos del cambio climático son escalofriantes, no son un accidente. Han sido provocados por la gente. Esta es otra de las conclusiones del informe del IPCC: el cambio climático está ocurriendo, está empeorando y es provocado por el hombre. No es un secreto quién lo está provocando: las altas emisiones de carbono se pueden desglosar por país, por sector y por actividad. Ciertas industrias contribuyen fuertemente – la industria de combustibles fósiles, la industria automotriz, la industria maderera. Ciertos países consumen altos niveles de carbón: Canadá, Australia, los Estados Unidos y la mayor parte de Europa. Y ciertos estilos de vida contribuyen de forma desproporcionada. Básicamente, entre más rico uno es, más posibilidades tiene de contribuir (aunque hay excepciones). A final de cuentas, quizás, los responsables son los estados – puesto que son los estados los que deben regular el comportamiento nocivo de los individuos y las industrias en el marco de sus fronteras. Hasta ahora, sin embargo, los estados no han actuado con rapidez para regular los estilos de vida que dan lugar al cambio climático y, por consiguiente, los daños que provocan dichos estilos de vida.

Por lo tanto, el cambio climático está ocasionando daños que dan la impresión de ser abusos a los derechos humanos. Hay víctimas. Hay perpetradores. Por consiguiente, podríamos pensar que podemos recurrir a la legislación internacional sobre derechos humanos para evitar estos daños, particularmente dada la dificultad para llegar a un acuerdo para un tratado sobre el cambio climático. Los estados tienen obligaciones para con los derechos humanos, ¿no? Por eso, a pesar de que un acuerdo sobre el clima está fuera de alcance, podemos concluir que supuestamente existe un fundamento legal para ponerle un alto a este daño. Lamentablemente, la cosa no es tan sencilla. El marco del derecho internacional de derechos humanos no está bien equipado para este tipo de cosa porque, en la realidad, no traspasa fronteras. Incluso aún cuando los estados son responsables de lo que ocurre en el interior de sus fronteras, la gran mayoría de los cambios climáticos ocurren en países distintos a aquellos en donde tuvieron lugar las acciones que los provocaron.

Entonces ¿a quién se puede responsabilizar? La respuesta está lejos de ser clara. De conformidad con el derecho internacional sobre los derechos humanos, en su forma actual, es difícil responsabilizar a alguien por las violaciones a los derechos humanos que el cambio climático ocasionará alrededor del mundo. Lo cual nos deja tres opciones. O cambiamos el derecho. O encontramos medios de tomar medidas en base a una sensibilidad moral que supere al derecho. O aprendemos a vivir con el hecho de que los pobres deben morir para que

los ricos puedan vivir como les plazca. Que seguramente es la peor violación a los derechos humanos.