Esta página está a su disposición también en: Inglés, Francés

Mary Namuroi scoops water from a sand dam. "We are forced to share our water supply with animals," she says. Credits: Laura Donkin/CAFOD

Mary Namuroi scoops water from a sand dam. “We are forced to share our water supply with animals,” she says.
Credits: Laura Donkin/CAFOD

Las onduladas montañas que se ven a  lo lejos son conocidas por los lugareños como las Louwa Le Ukinchu, o sea  ‘las montañas del ganado’.  Durante generaciones, la gente viajaba hasta aquí buscando agua y pasto, para sus animales.  Sin embargo, hoy esos arroyos que bajaban por la ‘montañas del ganado’ están secos.

La mayoría de las familias de Isiolo, 300 kilómetro al norte de la capital de Kenia, Nairobi, son  pastores, viven del ganado. Tienen las cabras, ovejas, burros y camellos, para ganarse la vida. Esos animales no son sólo una fuente de alimento y leche – son como bancos vivientes, recursos primarios de la población. Si mueren esos animales, como está sucediendo ahora con demasiada frecuencia, los pastores no cuentan  con otros medios de sustento, para mantener a sus familias.

La devastadora sequía que está azotando extensas regiones norteñas de Kenia ha obligado a los pastores que viven cerca de las montañas del ganado a desplazarse todavía más lejos de lo que hicieron nunca,  a la búsqueda de agua y pastos para mantener con vida a sus animales. Sus efectos son visibles, ante el vasto escenario de matorrales secos: granjas abandonadas, alojamientos improvisados y escuelas vacías.

Antony Akadeli, un maestro de la escuela primaria de Ndonyo Lengala, nos cuenta: “De los 108 alumnos que tenía nuestra escuela antes, ahora hemos reanudado las clases con sólo 35. Algunos padres han prometido que enviarán a sus hijos al colegio sólo si allí les dan de comer. Eso demuestra la situación desesperada que viven las familias. Me han dicho que muchos alumnos han emigrado a lugares lejanos y los hijos mayores acompañan a los hombres a las montañas con el ganado”.

Kipsing: las familias se separan, no hay agua limpia

En Kipsing, un pequeño centro comercial cerca de las montaña del ganado, se han alojado varias comunidades que abandonaron sus aldeas a causa de la sequía.

Con frecuencia, las mujeres, los niños y los ancianos se quedan, mientras los hombres se desplazan con el ganado que les queda, a la búsqueda de agua y pastos.  Tapio Lekalaile, de 80 años, nos cuenta: “A mí me han dejado aquí, cuidando de 10 de mis nietos. A mi edad, eso es una gran responsabilidad y yo no sé ni siquiera cuando volverán sus padres de las montañas”.
En medio de la aldea, Mary Namuroi está sacando agua de una diga de arena. Hay cuatro burros que están esperando su turno para beber en el mismo sitio. Mary nos explica que esa diga de arena es el único recurso hídrico que hay para los refugiados de Kipsing: “Hace poco murieron algunas personas a causa de un brote de cólera. Nos vemos obligados a compartir el agua con los animales, por pura supervivencia nuestra y de ellos. Esperamos recibir ayuda para poder tener agua limpia”.

Christina Lina, que es propietaria de una carnicería de Kipsing, nos dice: “Tuve que cerrar mi tienda, la semana pasada porque ya no quedaban cabras en Kipsing para el matadero. Los hombres se han llevado todas las cabras a la montaña, buscando pastos. No sabemos cuándo volverán. La vida es ahora muy difícil para todos, por la sequía. Lo poco que nos queda lo compartimos”.


La peor sequía que se recuerda

La población de las montañas del ganado es resistente: ha sabido hacer frente durante generaciones a la inclemencia de un tiempo variable y la búsqueda de pastos forma parte de su vida. Sin embargo esta sequía, poco después de la otra grande de 2009, es peor que ninguna que puedan recordar.

Le Patina Lentokoko, otro abuelo que está cuidando de sus nietos pequeños, nos señala: “La ayuda alimentaria nos ha asegurado la supervivencia. Sin embargo, la comida está racionada y nuestra prioridad  es dar de comer a los niños. La sequia continuará, pero si no llueve en septiembre, hay gente que morirá”.

Los miembros de Caritas trabajan distribuyendo ayuda alimentaria a los más vulnerables, mejorando el suministro hídrico y asegurando asistencia médica básica, así como ayudando a la población a estar preparada de manera eficaz a futuras catástrofes.

África oriental (galería)