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Water can be your best friend or worst foe - as last year's devastating floods in Pakistan showed. Credits: Trocaire

Water can be your best friend or worst foe – as last year’s devastating floods in Pakistan showed.
Credits: Trocaire

En los últimos ochenta años, Pakistán no había visto inundaciones como las registradas el verano de 2010, cuando intensas lluvias monzónicas azotaron gran parte del país. El número de damnificados por la crecida se elevó a 18 millones de personas y una quinta parte del país quedó bajo las aguas. Numerosas personas perdieron sus casas, pertenencias, medios de sustento y, en algunos casos, la vida.

Hace un año, Caritas ayudó en la reconstrucción de viviendas y comunidades, distribuyendo alimentos, agua, materiales de refugio, asistencia médica, así como asesoramiento y reponiendo numerosos otros artículos que se perdieron con la crecida. El centro de atención principal fue la reconstrucción de vidas, mientras en los primeros meses Caritas se dedicó principalmente a responder a la emergencia inmediata.

Caritas Pakistán envió rápidamente equipos de evaluación a las zonas devastadas. La catástrofe azotó con mayor intensidad las provincias de Khyber Pakhtunkhwa, Sindh, Punjab y Balochistán. Los Obispos de dichas diócesis siguieron a esos equipos de evaluación de daños, con el fin de poder llevar también a los damnificados un poco de esperanza e utilizar la red de la Iglesia para la distribución de ayuda inmediata. Caritas Austria, Catholic Relief Services (miembro de CI de EE.UU.), Cordaid (Caritas Holanda), Caritas Alemania, Caritas Suiza y Trócaire (Caritas Irlanda), trabajaron junto con Caritas Pakistán, para lanzar programas de ayuda de emergencia en diferentes regiones, y enviaron a miembros de su personal al terreno, llevando ayuda de sus respectivos países.

Caritas Internationalis ayudó a coordinar las iniciativas, enviando a expertos en emergencias, con el fin de facilitar la asistencia y lanzar una llamada a la Confederación pidiendo ayuda ante el desastre, por valor de 5,5 millones de USD (4,3 millones de euros). Una vez comprobada la magnitud de la catástrofe, se duplicó esa cifra. Caritas gastó más de 10,6 millones de USD (7,5 millones de euros) sólo en los primeros cinco meses de ayuda.

La meta inicial era ayudar cuando antes a los necesitados, los primeros días después de la catástrofe. A causa de la crecida, el acceso hasta los damnificados no era posible con coches, ni camiones, por ese motivo, en ocasiones, el personal de Caritas tuvo que utilizar burros para transportar la ayuda e incluso vadear entre las aguas y el barro.

Se perdieron más de 2 millones de hectáreas de cultivos y los mercados quedaron inundados. Ante las dificultades del transporte, las damnificados tuvieron que hacer frente al reto diario de encontrar comida suficiente para su supervivencia. Caritas empezó a distribuir paquetes de alimentos que contenían arroz, harina, legumbres, leche en polvo, manteca, especias, azúcar y té.

El agua estaba por toda parte, pero no era potable, a causa de su contaminación con las aguas residuales. La crecida arrastró los tubos hídricos y los pozos quedaron inservibles. Tras las inundaciones, Caritas distribuyó garrafas y bidones depuradores, con el fin de que la población pudiera disponer de agua potable para beber y cocinar. También se instalaron servicios higiénicos, como letrinas, con el fin de evitar crisis de salud pública.

Al ver sus viviendas destruidas, muchas personas buscaron refugio en edificios públicos, o en casa de amigos o parientes. Caritas distribuyó tiendas de campaña y construyó refugios para aliviar el hacinamiento.

Caritas organizó también unos 400 dispensarios ambulantes, que ofrecieron tratamiento a más de 70.000 personas, los primeros cinco meses después de la catástrofe. Personal médico adiestrado ofreció tratamiento a la población, con problemas vinculados a las inundaciones, como dolencias de estómago, al pecho y sarpullidos. Se aseguraron de que la gente siguiera el tratamiento por enfermedades de larga duración, como la diabetes, ofrecieron la inmunización, con vacunas, y ayudaron a contener la desnutrición, que se manifiesta de manera contemporánea a las catástrofes, cuando es limitada la disponibilidad de alimentos nutritivos.

Se ayudó también a la gente que había perdido sus pertenencias, con la distribución de ropa de vestir y de cama, utensilios de cocina y artículos para la higiene personal.

Caritas ayudó en la reconstrucción de sistemas hídricos y el desarrollo de proyectos agrícolas, con el fin de que los granjeros pudieran volver a la cría del ganado y cultivo de alimentos. Se fomentaron proyectos de dinero-por-trabajo en las comunidades, para la reconstrucción de infraestructuras, con el fin de facilitar de manera eficaz el acceso y el trabajo en los mercados.

Así mismo, se ofrecieron servicios de asesoramiento, para ayudar a la población a superar el trauma de la catástrofe. En particular se dedicó mayor atención a la protección de las mujeres, de manera que tuvieran lugares de alojamiento seguros, así como el acceso a la ayuda en un periodo de gran vulnerabilidad.

Caritas se está concentrando ahora en ayudar a los pakistaníes a reparar los daños provocados por las inundaciones en sus propias vidas. Eso significa acompañarlos en la reconstrucción de sus comunidades, la reactivación de la agricultura y otras actividades laborales. Se invierte en el futuro de la población, ayudando a la gente con la capacitación y proyectos de reforestación, que ayudarán a prevenir los corrimientos de tierra y la devastación en futuras crecidas.