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Today across much of Ethiopia, as many as 11 million people are in need of food aid. Credits: Caritas

Today across much of Ethiopia, as many as 11 million people are in need of food aid.
Credits: Caritas

de David Snyder

Con su poco pelo teñido color naranja, según la tradicional local, Aden Esse Kan está de pie en medio de un remolino de polvo, en la zona oriental de Etiopía, ansioso por hablar de la sequía que aflige como una plaga esta región. Es uno de los ancianos de la aldea de Togo Wuchale, que se encuentra a media hora de automóvil de la ciudad de Jijiga. Kan resume de la manera siguiente los problemas de su comunidad: “La sequía nos perjudica de dos formas: a la población y al ganado. No ha llovido nada y por eso no tenemos nada para comer”, dice Kan.

Hoy en día, en la mayor parte de Etiopía, cuando 11 millones de personas necesitan ayuda alimentaria, ese un lamento muy frecuente. Los pastores tradicionales, como los de la región de Jijiga, a tan sólo 60 km de la frontera con Somalia, han visto cómo la sequía arrasaba los pastos locales, obligando a muchos pastores de la aldea de Togo Wuchale a llevar a sus escasos rebaños cada vez más lejos, a la búsqueda de pastizales.

“Ahora tenemos que desplazarnos con el ganado mucho más lejos que antes, para que coman los animales – al menos de unos 400 kilómetros. Los animales más jóvenes y los más grandes se han muerto”, nos cuenta Kan.

Para ayudar a interrumpir el ciclo de la sequía y la pobreza, están interviniendo los miembros de Caritas Internationalis. Con el Proyecto del Estanque para Togo Wuchale, implementado por la organización asociada Hararghe Catholic Secretariat (HCS), los miembros de CI están ayudando a escavar un estaque de 75.000 m3 de agua que servirá para el abastecimiento de agua durante todo un año a dicha aldea y otras dos cercanas.

Como parte del proyecto, los miembros del personal de HCS adiestrarán a los aldeanos a cultivar árboles de fruta, facilitándoles plantas de semillero y capacitando a los beneficiarios en el uso de áreas pequeñas, únicamente diseñadas para la captación de agua, denominadas micro cuencas, de manera que cada planta de semillero pueda maximizar la captación hídrica y prevenir la erosión de la tierra.

Pudiendo tener acceso al agua durante todo el año, algo fuera de lo común en una región tan árida del país, la población de Togo Wuchale estará en un situación privilegiada, tanto para ganar dinero de las cosechas, como papaya y verduras, y mantener al propio ganado todo el año, algo que no sería posible sin el estanque.

“Nuestro principal problema es el agua, por eso esperamos que esta diga nos solucione el problema”, dice Kan.

Para los que se quedaron en la aldea, cuando los jóvenes se fueron – principalmente mujeres, niños y ancianos, como Aden Kan – la supervivencia es cuestión de recurrir a antiguas estrategias para tirar adelante. Muchos aldeanos cortan árboles o arbustos para vender leña para el fuego o vallados, una costumbre que degrada el medio ambiente local, provocando una ulterior erosión y reducción de la calidad de la tierra, y asegurando con ello virtualmente futuras sequías.

“Hacemos carbón y cortamos árboles para hacer leña y vallados, aunque hay mucha gente que no puede hacer este tipo de trabajo, como son las mujeres y los niños. Además esa labor no es buena para el medio ambiente”, observa Kan.

En el marco de las iniciativas de CI para ayudar a la región, el personal de HCS está realizando

también sesiones de capacitación en la comunidad, sobre la rehabilitación de los bosques y el medio ambiente, con el fin de de educar a los aldeanos sobre la necesidad de que crezcan plantas en los alrededores de los pozos existentes, con el fin de mantener la tierra y crear oportunidades para plantar más árboles que, además, servirán tanto para defensa del medio ambiente, como de fuente de ingresos de la comunidad, con proyectos hídricos, como el del estaque en Togo Wuchale.

Contribuyendo con la propia mano de obra y tierras al proyecto del estanque, algunos aldeanos como Kan están impacientes por ver los cambios que originará el nuevo proyecto. Tres años de sequía, dice Kan, son una prueba cada vez más difícil de soportar: “Yo tengo 60 años y nunca he visto una sequía como ésta. La vida nos está resultando demasiado dura ahora”, concluye Kan.