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Built by Caritas Kenya as part of the Katangi Food Security Project in 2008, the Kwa Kivanga dam has been a huge success. Credits: David Snyder/Caritas

Built by Caritas Kenya as part of the Katangi Food Security Project in 2008, the Kwa Kivanga dam has been a huge success.
Credits: David Snyder/Caritas

de David Snyder

Como si la tierra resquebrajada de la diga de Kwa Kivanga no fuera un recordatorio lo suficientemente válido de la sequía que asola Kenia, la larga espera para conseguir agua, que recuerda la abundancia del año anterior, hace todo sea mucho más doloroso. El año pasado, este estanque de la provincia oriental de Kenia, asolada hoy por la sequía, ayudó a llenar un pozo cercano con abundante agua limpia, tan abundante que los residentes podían llevarse toda la que podían acarrear – un recuerdo que hace sonreír ahora el residente local Daniel Motiso, que nos dice: “Teníamos una bomba, pero no salía mucha agua. Sólo podíamos llevarnos un bidón cada uno, por la escasez de agua. Tras la construcción de la diga, ya podíamos llevarnos hasta cuatro bidones”, recuerda Motiso.

Construida por Caritas Kenia, en el marco del Proyecto Seguridad Alimentaria para Katangi, en 2008, la diga de Kwa Kivanga ha resultado un gran éxito. Aquí, en la aldea de Kalele, en el sur de Kenia, un lugar al que la población local está acostumbra a desplazarse a pie, caminando por horas, para ir a por agua, a fuentes lejanas, la diga escavada a mano ha ayudado a retener hasta 21.000 m3 de agua pluvial, accesible a un distancia que es un cómodo paseo para las aldea de los alrededores. Al alcance de unos 6.400 beneficiarios del proyecto – que también contribuyeron a su construcción con la mano de obra – el lago incrementó también la presión de otro pozo cercano, reduciendo así drásticamente el tiempo empleado para conseguir agua.

Sin embargo, la diga es sólo uno de los elementos del éxito del proyecto. Con el objetivo de fomentar la seguridad alimentaria, el proyecto Katangi ofrecía también oportunidades a las familias de beneficiarios, para que se ganaran la vida. Ofreció una cría de cabras de una raza mejor a 350 beneficiarios, en el marco de un proyecto que exigía que cada unos de ello donara la primera cría a otro beneficiario, mientras la leche de las cabras servía tanto para el consumo familiar, como para la venta: “Yo tenía antes una cabra que me daba sólo 200 ml de leche al día. Mi nueva cabra es todavía muy joven, pero pronto me podrá dar hasta cuatro litros diarios. Entonces podré vender un poco de leche en el mercado”, dice Motiso.

Con el fracaso de las primeras lluvias de 2011, la sequía en Kenia ha puesto enseguida a prueba el Proyecto de Seguridad Alimentaria de Katangist. La sequía ha sido tan grave que el número de directos damnificados asciende a 3,6 millones en Kenia y la diga de Kwa Kivanga se ha secado. Los residente indican que deben esperar hasta nueve horas, para poder llenar un bidón de 20 litros en el pozo cercano, que sigue teniendo agua, en gran parte gracias a la gran cantidad de agua acumulada en el acuífero subterráneo de la misma diga. No estando dispuestos a corren riesgos, el comité de la aldea ha racionado ahora el agua a un bidón al día por familia: “Solíamos usar el agua para nuestros hogares y huertos. Pero ahora no tenemos agua suficiente para todo. Sólo hay para nosotros y el ganado”, señala Motiso.

Y aunque la diga de Kwa Kivanga ahora esté seca, hasta las próximas lluvias, ha demostrado su valor a los residentes locales. Y mientras, en Mwsini Ikombe, una aldea cercana, un grupo de 30 aldeanos se reúne cada lunes para construir su propia diga – quitando paletadas de tierra, con la guía de Caritas, con el fin de construir una micro diga que esperan pueda facilitar el tipo de beneficios a su aldea que la Kwa Kivanga ofreció a Kalele. Y cada día, dicen los aldeanos, llegan más personas para ayudar.

Sin embargo, equipados como están ahora para hacer frente a los tiempos difíciles, Daniel Motiso y los aldeanos de Kalele tendrán que aguantar esta sedienta temporada, antes de la esperanza de las próximas lluvias, en septiembre. Son tiempos de desesperación, observa Motiso, mientras el ganado adelgaza y los precios de los alimentos aumentan, reduciendo ulteriormente los escasos recursos de las familias. Por su parte, Caritas Kenia refuerza su ayuda de emergencia para los más necesitados, y algunas estrategias para resolver problemas inminentes, como cortar leña, amenazan con ocasionar ulteriores daños a un paisaje ya bastante deteriorado. Y eso es un precio que los aldeanos de Kalele tendrán simplemente que pagar más adelante, puntualiza Motiso: “La gente corta los árboles por el carbón y la leña. Eso es malo (para el medio ambiente), pero hay que dar de comer a las familias”, concluye Motiso.