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Sr. Josette Drouinaud with students of the Mère Delia Institute for primary and secondary school girls. Credits: Worms/Caritas

Sr. Josette Drouinaud with students of the Mère Delia Institute for primary and secondary school girls.
Credits: Worms/Caritas

“Cuando el colegio se vino abajo, lo fundamental era encontrar a las niñas. El resto era material”, dice la Hna. Josette Drouinaud del Instituto de primaria y secundara para niñas Mère Delia, en el concurrido barrio de Delmas en Puerto Príncipe.

El colegio se derrumbó cuando el terremoto del 12 de enero golpeó a Haití. Gracias a Dios, ese día las alumnas ya habían terminado las clases y nadie estaba en el edificio. Un mar de padres llegó al colegio derrumbado para asegurarse de que las hermanas habían sobrevivido. “También estaban preocupados por nosotras”, dijo.

Dos años después, Desarrollo y Paz (Caritas Canadá) está ayudando a la congregación de la Hna Drouinaud a construir un nuevo colegio para darle un mejor futuro a las niñas.

La primaria pudo abrir en marzo compartiendo espacio con la secundaria, improvisando clases bajo los árboles en el patio del colegio y, eventualmente, instalando grandes tiendas de campaña con capacidad para albergar hasta 70 alumnas.

Las niñas se han sentido reconfortadas al poder retornar a este entorno, y se burlan y se ríen con alegría por todo el patio durante el almuerzo. Sin embargo, las hermanas también sabían que las alumnas no iban a recibir una educación adecuada hasta que estuvieran de vuelta en aulas apropiadas.

Es por eso que Desarrollo y Paz destinó $360.000 dólares canadienses para la construcción del colegio, con dos pisos y 20 aulas. Concluida la obra, la nueva escuela fue inaugurada en noviembre de 2011.

El colegio fue construido en el terreno de la casa de la madre superiora, que también se derrumbó con el terremoto. La Hna. Drouinaud dice que era más importante utilizar el espacio para el nuevo colegio.

“En este barrio hay niñas de todas las clases sociales. Los padres quieren darles a sus hijas una educación de calidad y quieren tener la oportunidad de enviarlas aquí. Queríamos que el colegio fuera más grande para asegurar que tuvieran esa oportunidad”, dijo.

“Lo que me llamó la atención cuando visité el colegio fue la sensación de calma, e incluso de júbilo, que impregnaba la atmósfera”, dijo Kelly Di Domenico de Desarrollo y Paz. “Las niñas tenían un respiro en medio del trauma que vivieron a diario, concentrándose en aprender y contemplar un mejor futuro, para sí mismas y para su amado Haití”.