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A child living in a troubled area of northern Kenya where conflict often breaks out between rival tribes. Caritas runs peacebuilding programmes to ease tensions among the area’s ethnic groups. Credits: Laura Sheahen/Caritas

A child living in a troubled area of northern Kenya where conflict often breaks out between rival tribes. Caritas runs peacebuilding programmes to ease tensions among the area’s ethnic groups.
Credits: Laura Sheahen/Caritas

de Laura Sheahen

“Algunos pastores llegaron hasta aquí buscando pastos, pero nosotros nos les dejamos pastar”, dice Mwinzi Munyoki Tutu, un joven agricultor del sur de Kenia.

Cuando la sequía secó los cultivos en África oriental, Mwinzi y otros pacíficos agricultores no pudieron ganar lo suficiente trabajando sus tierras. Por eso, Mwinzi tuvo que desplazarse para buscar trabajo, mientras su esposa pedía ayuda a los vecinos. Sin embargo, algunos de los agricultores tenían ganado y todavía quedaba algo de hierba para pastar — por lo menos más de la que había que en las regiones del nordeste del país, ya devastadas por la sequía. Y entonces, algunos pastores nómadas se desplazaron a pie, centenares de kilómetros, para llegar hasta la aldea de Mwinzi.

“Dichos pastores estaban armados. Los agricultores llevaban arcos con flechas envenenadas. Mezclábamos la savia de las plantas para hacer veneno”, recuerda Mwinzi. Ambos grupos, hambrientos, cansados y enojados, lucharon entre ellos. Sin embargo, como los pastores estaban armados, pero los aldeanos no, al final algunos aldeanos resultaron muertos y otros fueron capturados. Las mujeres fueron violadas y las casas quemadas.

“Yo salí corriendo y seguí corriendo hasta 10 kilómetros con mis hijos, para escapar”, nos dice Grace Mutei, madre de seis niños. Las casas de tres vecinos suyos fueron incendiadas; la vivienda de su padre fue saqueada y quemada. “Dormimos en el monte y allí hay serpientes y muchos otros animales, como hienas”, que llegaba en busca de las delgadas y moribundas cabras.

“No estamos seguros de cuándo podremos retornar”, sigue diciendo ella. Por ahora, ella está alquilando un terreno en otro lugar.

Las catástrofes naturales, como las sequías, pueden enfrentar a vecinos y campesinos unos contra otros, con nefastas consecuencias. Cuando intervino Caritas, no sólo salvó a la población del hambre, sino también de la violencia.

Mientras la situación se hacía cada vez más seria, a causa de la sequía, durante el verano del 2011, Caritas distribuyó ayuda alimentaria de emergencia en numerosas regiones de Kenia, Etiopía y países vecinos. Caritas desarrolló también proyectos hídricos, con los que consiguió acercar a algunas tribus que antes estaban en guerra. En un área del norte de Kenia, denominada Marsabit, dos grupos étnicos que tradicionalmente estaban siempre enfrentados, a causa de la escasez de recursos, trabajaron en una cuenca de agua que podrían usar ambas tribus. Caritas les pagó por su trabajo y, cuanto estuvo lista, ambos grupos lo celebraron juntos.

En la aldea de Mwinzi, Caritas pagaba a la gente para que cavara zanjas de riego, con el fin de poder acumular la poca lluvia que se registraba. Cuando por fin volvieron las lluvias, en octubre de 2011, los agricultores plantaron las semillas de Caritas y, con gran satisfacción, las vieron crecer.

En norte, hay familias que viven del ganado y no del campo, Caritas distribuyó a los pastores heno y los ayudó a rehacer sus rebaños, tras la pérdida de los animales que murieron de hambre. Menos desesperados, los pastores no tuvieron que desplazarse a terrenos agrícolas, buscando pastos para sus cabras o vacas.

Ayudando a los agricultores y pastores a ayudarse ellos mismos, unos a otros, Caritas espera construir comunidades que sean más pacificas: “Cuando Caritas supo la gravedad de nuestra situación, enseguida vino a ayudarnos. No teníamos nada para comer, ¡nada de nada! Caritas llegó a tiempo, en el momento justo”.