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In northern Kenya, Caritas trucked in bales of hay for animals. Credits: David Snyder/Caritas

In northern Kenya, Caritas trucked in bales of hay for animals.
Credits: David Snyder/Caritas

“Cuando se tiene hambre, si hay semillas, se hace un guiso con ellas”. Kotola Susana sonríe con pesar, mientras describe la situación que viven muchos de sus compatriotas granjeros en Kenia. Tras años de precipitaciones escasas, que culminaron en una devastadora sequía en África oriental, los granjeros ya no tienen alternativas. En la zona sur de Kenia, donde se siembra maíz, sorgo y otros cereales, los campos están ahora secos y dorados. En el norte, donde viven muchas familias con sus rebaños, la gente ve que sus cabras y vacas adelgazan hasta morirse de hambre.

La sequía de 2011 ha destruido los medios de sustento, tanto agrícolas como del ganado, de millones de personas en África oriental. “La gente se ha comido las semillas. El sistema de almacenamiento de las semillas de ha desmoronado”, dice Shadrack Musyoka, que trabaja para Caritas en una zona agrícola del sur, denominada Kitui. “Además, muchas semillas se perdieron también cuando sembramos, porque luego no llegaron las lluvias. Gente que tradicionalmente estaba bien, de un momento al otro, se vieron con serios problemas”.

En una región del norte de Kenia, denominada Marsabit, más del 95 por ciento de la población depende de sus rebaños para mantenerse con sus productos alimentarios: leche y carne. Los que tienen hijos venden sus animales para pagar la matrícula del colegio; los novios ofrecen sus animales a sus prometidas como dote. Mientras en la región occidental, la gente cuenta lo poco que tiene, calculando en términos de dinero. Aquí tenemos a los animales” dice el P. Isaac Racho, de la diócesis de Marsabit. “Es toda la riqueza que tienen”. Tener 100 vacas no es solo un motivo de orgullo, sino también un seguro ante futuros problemas.

De repente, desapareció el huevo del nido, mientras millares de animales de granja empezaron a morirse de hambre. “Durante la sequía se podía ver al ganado tiritando. Los animales estaban tan delgados que sentían frío”, dice el Padre Isaiah Ekalo, también de Marsabit.

“Yo he perdido 90 cabras”, nos dice Zeinabu Eisimfecha, una viuda que está criando a siete hijos en Marsabit. “Cuando mis animales se murieron, fue muy doloroso”. La población occidental del país, que ha visto mermar los fondos de su jubilación en el mercado puede identificarse plenamente con ellos. Los animales son el trabajo de una persona, así como la educación de sus hijos, su pensión, el fondo para la boda de sus hijos, todo eso en un mismo recurso.

“Los animales siguen muriéndose o están tan delgados que los granjeros no consiguen venderlos”, sigue contando Zeinabu. Para el otoño del 2011, habrá huesos de ganado, de cabras, de búfalos e incluso de elefantes, que ensuciarán las secas praderas de toda África oriental.

Caritas ha distribuido raciones de ayuda alimentaria de emergencia, así como agua potable. Por otra parte, se está concentrando en conservar el potencial de las granjas y los rebaños, antes de que sea demasiado tarde. En el norte de Kenia, Caritas llevó camiones cargados de pacas de heno para dar de comer a los animales. En Etiopía, se compraron animales a un precio justo para ofrecer carne a familias hambrientas y repoblar los rebaños con animales sanos, una vez que se pudo tener a disposición más piensos y agua. En el sur de Kenia, Caritas distribuyó semillas que crecen rápidamente, con el fin de poder conseguir una cosecha ya a finales del otoño de 2011 e incluso con escasas precipitaciones. En toda África oriental, los proyectos hídricos de Caritas facilitaron por separado proyectos para la creación de áreas de agua potable para los animales y canales de riego para los campos.

“Caritas nos ha capacitado para poder seguir trabajando en las granjas, que son nuestra única fuente de ingresos”, dice un joven padre de nombre Mwinzi Munyoki Tutu. El proyecto de Caritas en su aldea agrícola le ha enseñado todo sobre el terreno y técnicas para la conservación del agua. También ha movilizado a Ios vecinos para arar, desbrozar y cavar juntos con la azada los campos de todos. “Hemos aprendido con los proyectos de Caritas que tenemos que ser generosos unos con otros”, dice Mwinzi.

En muchas comunidades, Caritas paga a los aldeanos para que construyan bancales, para retener el agua. “El grupo construyó bancales en mi granja. Yo sola no habría podido hacerlo”, nos cuenta Nancy Wanjagi, una madre con dos hijos.

“Solíamos tener algunos canales de riego, pero pocos y no por todas partes” dice Mwinzi Munovei, un abuelo con siete nietos. “Cuando llegó Caritas, nos enseñó la importancia de tener canales por todas partes”, su esposa se siente particularmente agradecida por las semillas que Caritas le dio: “Las semillas de Caritas son especiales porque aguantan la sequía”, dices Nyaga Ngata, que está criando a cinco de sus nietos, porque sus padres murieron de sida. Cuando por fin llegaron las lluvia, en octubre de 2011, Nyaga sembró unas semillas que crecen rápidamente y un mes después ya estábamos comiendo hojas de frijoles”, nos dice ella.

El heno pudo salvar la vida a los rebaños del norte y con eso los medios de sustento de la población, mientras las semillas ayudaron a los agricultores del sur a recuperarse más fácilmente de la sequía. Zeinabu salvó algunas de sus cabras y dice con alegría: “Por favor, exprese nuestra gratitud a las personas que nos ayudaron”.

Lois, una de las mujeres de un grupo que esta labrando la tierra de un vecino, reitera: “Agradecemos mucho que otras personas se sacrifiquen por nosotros. Por favor, dígale esa gente de otros países que, cuando cosechemos, pueden venir a compartir nuestra mesa”, concluye con una generosa sonrisa.