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Martha Julia Lopez holds a picture of her dead husband, Seriseo Munoz, close to her heart. Seriseo (50), was shot dead last year when gunmen, hired by a rich landowner, opened fire on a group of farmers as they worked in a land dispute. Credits: David Stephenson/Trócaire

Martha Julia Lopez holds a picture of her dead husband, Seriseo Munoz, close to her heart. Seriseo (50), was shot dead last year when gunmen, hired by a rich landowner, opened fire on a group of farmers as they worked in a land dispute.
Credits: David Stephenson/Trócaire

Las alarmas se encienden en América Central, y muy especialmente en Honduras.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha publicado su primer Estudio Global sobre el Homicidio en octubre de 2011.

El estudio ha arrojado datos de cómo la inseguridad se ha vuelto especialmente preocupante en la región de América Central. Cuatro de los países del istmo centroamericano tienen algunas de las tasas más altas de homicidios en el mundo: Guatemala, Belice, El Salvador y, principalmente, Honduras.

Honduras actualmente es el país en donde ocurren más homicidios anualmente a nivel mundial, en proporción a su población, con un total de 82.1 por cada 100 000 habitantes (por encima de países en guerra y casi 8 veces por encima del promedio mundial, que es de 10.37).

Cuáles las causas de una situación tan crítica?

El Padre German Cálix, Secretario General de Caritas Honduras, afirma que entre las causas de estos elevados índices de criminalidad, están “la pobreza –la cual, hace enfrentar condiciones muy adversas a la población, y hace que muchas personas se vinculen con el narcotráfico”.

Este dato coincide con los resultados arrojados por el estudio UNODC. La pobreza incide en una menor calidad de vida de los hondureños, lo cual a su vez repercute en un creciente número de asaltos y crímenes por encargo.

El narcotráfico, si bien no se trata de los principales productores de droga en la región, sí se ha convertido en la escala más importante que hace la droga que viaja en avionetas desde Sudamérica hacia Estados Unidos, prácticamente a vista y paciencia de la policía, sobretodo en las zonas costeras.

Otro factor importante que nos menciona Cálix es “la necesidad de crear institucionalidad en el país, para que cada ciudadano se sienta parte de un sistema. En un estado que no refleja suficiente fortaleza, las personas empiezan a resolver las cosas por sus propias manos.

Es necesario crear un marco de institucionalidad, combatir la corrupción y la impunidad. De frente a una imagen de un estado débil, es difícil continuar con la base de construcción de ciudadanía”.

En el caso hondureño, la mayor parte de las muertes se concentra en los departamentos de Cortés, Atlántida y Colón, en donde se registran más de 100 homicidios por cada 100 000 habitantes.

Según el estudio, la tasa de homicidios se ha duplicado entre 2005 y 2010, y las autoridades de esta nación han encontrado muchas dificultades para controlar este problema, sobretodo ante la aparición de las “maras”, que son pandillas de jóvenes que tienen sus propios códigos de conducta en la que matar a los miembros de las maras rivales se ha convertido en requisito de pertenencia a estos grupos, y a las que la policía en diversas ocasiones ha preferido no tener que enfrentar.

Estos grupos adquieren con relativa facilidad las armas de fuego en forma ilegal, generalmente de los narcotraficantes, lo cual posibilita su accionar y ha llevado a Honduras al tristemente célebre primer lugar en el mundo en materia de homicidios por habitante.

Esta fácil disponibilidad de armas de fuego en el país, la hacen el principal instrumento de muerte por homicidio a nivel nacional con 3044 muertes, el 84.9% de los homicidios ocurridos. Las leyes hondureñas permiten a cada ciudadano el registro de 5 armas de fuego.

Las autoridades gubernamentales hondureñas se han visto sorprendidas con el aumento en la criminalidad.

Han asegurado estar realizando esfuerzos para controlarla, sin embargo su política criminal ha sido seriamente cuestionada, sobretodo a raíz de la separación de su cargo en septiembre de 2011 del Ministro de Seguridad Óscar Álvarez y a todos sus viceministros, quien había declarado abiertamente su intención de depurar la policía de agentes corruptos, presentando incluso un proyecto de ‘Ley Especial de Depuración de la Policía Nacional’.

Por todo lo anterior, la Iglesia Católica de Honduras, conmovida por la situación que enfrenta el país, ha decidido reimpulsar una campaña ciudadana para una cultura de paz y respeto por la vida.

La Iglesia manda mensajes esperanzadores, convencida de que sí es posible romper el círculo de la violencia si se trabaja por la dignidad humana desde nuestros espacios cotidianos.

Padre Cálix afirma que “Caritas Honduras lleva 5 años trabajando en este tema. Su primera campaña, en el 2007, se proponía desde ya promover la cultura de la vida.

Su lema, ‘No matarás’ se originó con la idea de rescatar el valor de la vida, campaña que recibió gran aceptación entre la población. A la vez, se ha venido promocionando un proceso de reconciliación en muchas comunidades, constituyendo así foros abiertos para la comunidad”.

Entre los objetivos actuales de la campaña, se busca sensibilizar la ciudadanía sobre la urgencia de emprender acciones para el desarme general, la depuración de la policía nacional y del ejercito y la instauración de una política contra la impunidad.

Se dará especial atención a las diócesis y parroquias en los territorios donde se observa una mayor incidencia de la violencia: San Pedro Sula, Distrito Central, Bonito Oriental y otras poblaciones de Colón, La Ceiba, El Negrito y Olancho. Dentro de los destinatarios, se dará mayor énfasis al segmento de los jóvenes.

Respecto al apoyo que estos programas han recibido, el padre nos comenta que han recibido gran ayuda por parte de Caritas Noruega, “esto ha fortalecido la relevante campaña de sensibilización en aras de prevenir la violencia generalizada”.