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At a Peace Camp in northern Kenya, children from rival tribes play teambuilding games.  Credits: Diocese of Marsabit

At a Peace Camp in northern Kenya, children from rival tribes play teambuilding games.
Credits: Diocese of Marsabit

de Laura Sheahen

“Hace tres años, esto era un campo de batalla”, dice Godfrey Godana, que trabaja en programas de construcción de paz para Caritas. Él se refiere a un pozo nuevo que ha sido construido en el norte de Kenia. La población de esa región –de tribus de boranas, rendilles y gabras—necesitaban agua desesperadamente tras una larga sequía que, a mediados de 2011, abrasó sus tierras. Estaban tan desesperados que se mostraron dispuestos a trabajar junto a sus enemigos ancestrales.

“Les dijimos a las comunidades beligerantes que podían excavar un pozo común, para compartir el agua”, nos dice Gabriel Gambare, otro miembro del personal de Caritas. “Hablamos con las tribus de boranas, rendilles y turkanas, para decirles que podían construir un dique y que su trabajo sería remunerado”.

Fue un gran reto. Pero como el ganado se estaba muriendo y los cultivos se habían secado, los aldeanos comprendieron que las diferencias existentes entre ellos no podían representar un obstáculo para conseguir agua.

“En el pasado no hubo ocasiones para relacionarse. Los diferentes grupos étnicos se robaban el ganado o luchaban entre ellos, por los pastos de un parque natural cercano. Era una lucha por la supremacía”, dice Gambare. “En 2005, se produjo una matanza y unas 80 fueron asesinadas. Son frecuentes las casas incendiadas. Las casas tradicionales de la zona tienen el techo de paja y, por eso, arden rápidamente con una simple cerilla”, sigue diciendo Gambare.

También suceden con frecuencia los asesinatos en la carretera, porque el que dispara lo hace desde una colina por encima de la carretera principal. “A menudo, las víctimas son personas inocentes, que no tiene nada que ver con el conflicto. Una madre va al bosque a por leña, que luego vende para poder pagar la matrícula escolar de sus hijos. Pero camino de casa alguien dispara y ella muere. Asesinan a la gente para hacer sufrir a la comunidad”, nos cuenta Godana.

En un ambiente que es todavía más tenso a causa de la sequía, el personal de Caritas de la diócesis de Marsabit va y viene de una comunidad a otra, planeando el proyecto del pozo. “Intentamos dar mayor fuerza al proyecto, incluyendo partidos de futbol y reuniones de ancianos, con el fin de que las comunidades se acostumbren a relacionarse”, dice Godana.

Pronto empezó el trabajo. “Cincuenta boranas y cincuenta rendilles trabajaron juntos dos semanas en el pozo, limpiando el cieno”, dice Godana. Y me sorprendió ver lo que pasó después: “Cuando terminaron, lo celebraron juntos”, sonríe Godana al recordarlo.

Cuidado con las armas

En todo el mundo, Caritas dirige proyectos conjuntos semejantes, que ayudan a mejorar las relaciones entre grupos adversarios y a reducir la violencia. Sin embargo, en el norte de Kenia, el personal de Justicia y Paz de la diócesis sabía que era necesario hacer algo más.

Una parte importante del problema eran las armas. Como es difícil ofrecer protección a los pastores nómadas que viajan largas distancias con sus rebaños, el Gobierno keniata distribuye armas a algunos hombres, denominados Reserva de la Policía de Kenia (Kenyan Police Reserve, KPR), que se suponen deben viajar con los rebaños y evitar el robo de ganado. “Buscan a jóvenes que sean ‘responsables’ y los ancianos los vigilan para asegurarse de que saben usar bien las armas”, dice Godana. Sin embargo, el fenómeno del ‘arma de alquiler’ es una preocupación. “Los hombre de la KPR no son pagados. Y uno que tiene un arma, no va a querer irse a dormir con hambre”, sigue contando Godana. “La KPR debería está formada por personas bien adiestradas y motivadas, pero es así”. La investigación balística indica que muchos asesinatos de la región de Marsabit se hacen con las armas del KPR.

La diócesis ha decidido celebrar una reunión mensual con los hombre de la KPR y mantiene una lista con las personas que llevan armas. Cuando llegaron esos hombres con sus armas, a una reunión en una sala del centro pastoral, “se sentía mucha tensión”, sonríe Godfrey: “¡Porque esos hombres están acostumbrados a matarse entre ellos!”.

El personal de Caritas trabaja con los jóvenes, animándoles a usar sus armas sólo para defender a la gente para la que trabajan y no por otros motivos. “Ejercemos presiones ante el Gobierno para que page a los agentes de la KPR”, dice Godana, con el fin de que tengan una fuente legítima de ingresos. “Además les compramos teléfonos móviles, para que puedan estar en contacto entre ellos”.

Nuestra intervención ha servido de ayuda. “En comparación con el pasado, la situación es ahora mucho más tranquila, desde que hemos empezado a trabajar con la KPR”, señala Godana.

Caritas organiza también reuniones de paz entre comunidades rivales. “En los encuentros, los miembros de cada grupo cuentan sus historias y, por ejemplo, dicen a los del otro grupo: vosotros nos habéis atacado y habéis matado a nuestra gente. Y entonces nosotros les decimos, de acuerdo, pero ahora, ¿cómo podemos seguir adelante?”.

‘Matarás a los padres de mi amigo’

Una manera de seguir adelante es centrarse en los jóvenes. “Los niños crecen viendo a la otra comunidad como enemiga. Los crían con esa mentalidad”, dice Godana.

En el área de Marsabit, Caritas organiza campamentos de construcción de paz para niños de entre 10-13 años—tres días de juegos, cantos y ejercicios en equipos. Entre carreras de sacos y juegos con globos, los niños comparten experiencias y aprender a apreciar las culturas de otros grupos étnicos. “En el campamento, los niños rendilles dicen que los niños boranas son muy simpáticos”, indica Gambare.

“Nosotros le decimos a los niños que ellos son los líderes del futuro y les pedimos que digan a su padres cosas como: ‘si robas ese ganado, mis amigos se quedarán sin leche’ o ‘tú no puedes matar al padre de mi amigo’.

Cuando se terminan los campamentos, los líderes de Caritas pueden comprobar los cambios conseguidos: “Al final, los niños se escriben cartas unos a otros y van a visitar a sus amigos a sus casas”, recuerda Godana. Una madre gabra le dijo: “ Mi hija incluso canta ahora canciones rendilles”.

“Ahora podemos oír a los niños anfitriones que llevan a sus nuevos amigos a casa y dicen a sus madres, ‘mamá, ¿podemos merendar ahora?’ Y cuando un niño dice eso, su mamá no puede resistirse, concluye Gambare.

Enseñar la paz con el ejemplo

Caritas trabaja también en los colegios, para reforzar la comprensión entre grupos rivales. Un programa denominado “Embajadores de paz” lleva a un joven profesor de una tribu a dar clases en colegios públicos con alumnos que pertenecen a otra tribu diferente: “El Gobierno de Kenia no cuenta con suficientes maestros y por eso tanto los colegios como los padres agradecen este tipo de intercambio”, dice Gambare. “Y así, por ejemplo, llevamos a voluntarios boranas a un colegio de rendilles”.

Samuel Wario, de 18 años, es uno de los maestro de una escuela primaria de Hula Hula. “Los niños se sorprendieron cuando me vieron llegar. Y decían: ¿cómo puede venir un borana a darnos clase?”.

Wario y su familia han sufrido mucho con los conflictos tribales. “El años pasado uno de mis hermanos resultó muerto, en un incidente por el robo del ganado”, nos cuenta él mismo. “La comunidad rendille es la que mató a mi hermano”.

Pero Wario está interrumpiendo el ciclo de la venganza, que es una de las plagas de la región: “Hay traumas en ambas comunidades, yo quiero la paz para mi comunidad”, afirma Wario.

Y de ese modo, Wario empezó a dar clases en una escuela rural: “Al principo estaba un poco asustado, pero con el tiempo llegué a entablar relaciones con ellos”. Ahora es muy popular con sus alumnos, que le rodean mientras no habla del programa ‘Embajadores de la paz’. “A mí me gusta Samuel”, nos dice Herkin, de siete años. Y un niño más grande concluye: “Él es un buen profesor. Fui feliz cuando llegó, porque es una persona educada”.

El programa reduce el conflicto, mientras ofrece una educación a los niños de localidades remotas. “Ahora hay muchas comunidades que piden más embajadores de paz”, comenta Gambare.

Financiado por miembros de Caritas, como CAFOD (uno de los miembros de CI de Reino Unido), Cordaid (Caritas Holanda), y otras organizaciones, los campamentos de construcción de paz, los proyectos para el suministro de agua, así como otros programas, están salvando vidas en áreas destrozadas por la violencia: “Abrimos las comunidades y las ayudamos para que se abracen unas a otras”, dice Gambare.

Si los niños hacen amistades entre viejos enemigos, la próxima generación podría no tener que sufrir el dolor que tuvieron que padecer sus padres. “Caritas nos ha dado esta posibilidad”, evidencia Wario: “¡Y queremos que sea una paz larga!”.

Laura Sheahen es Encargada de Prensa de Caritas Internationalis.