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Singing and dancing at Caritas Cuba. Credits: Worms/Caritas

Singing and dancing at Caritas Cuba. Credits: Worms/Caritas

En Cienfuegos, Cuba, un grupo de jóvenes afectados por el síndrome de Down se preparan para hacer una representación. Luego de la actividad de artes plásticas, ha llegado la profesora de música. Frente a los padres congregados y a invitados de la parroquia, los jóvenes están felices de que los escuchen cantar y los vean bailar los pasos que han estado ensayando las últimas semanas. El padre de uno de los participantes está muy emocionado al ver la coreografía de su única hija.

“Mi hija es mucho más alegre desde que está en el grupo de Caritas. Por la mañana, canta en casa. En la calle, ella ya no teme hablar con nuestros vecinos. Todos en el barrio me recalcan cuanto ha cambiado”.

Brindar asistencia a personas de grupos socialmente desfavorecidos es también parte de la misión de Caritas Cuba. Entre dichos grupos, las personas con necesidades educativas especiales y sus familias ocupan un lugar importante.

“Usted no se imagina lo que representa la ayuda de Caritas”, dice la madre de José, un joven en sus veintes que también padece de síndrome de Down. “Nosotros entramos al programa de asistencia para personas con síndrome de Down hace dos años. Los cambios en José son extraordinarios”.

En la sala parroquial, en el corazón de La Habana, José perfecciona el manejo de la rasuradora. Acompañado por un educador, muestra una enorme sonrisa en medio de la espuma que cubre su rostro. Esta es la segunda vez que se afeita solo.

Su madre continúa: “El programa de Caritas Cuba es único. Es el único programa que cree en el desarrollo de las personas con síndrome de Down. Aquí, nuestros hijos son dirigidos por profesionales que les ayudan a desarrollar mayor autonomía en las actividades de la vida diaria. Además, nuestros hijos reciben mucho afecto y se sienten plenamente integrados “.

Esta mañana en La Habana, se les proponen a los jóvenes del grupo varios talleres. Cocina, costura, planchado, peluquería, motivación mediante juegos educativos, bricolaje, diseño, maquillaje, todas las actividades persiguen el mismo objetivo: ganar autonomía.

“Esta es la primera prioridad de los padres”, explica Maritza Sánchez Abillyd, directora de Caritas Cuba. “La principal preocupación de los padres de un niño con dificultades de desarrollo es su capacidad para integrarse a la sociedad y vivir solo. ¿Qué será de mi hijo cuando yo ya no esté aquí? Es la pregunta que más se plantea en las discusiones con los padres”.

“Comprender mejor a nuestros hijos es cambiar la forma en que la sociedad ve a las personas discapacitadas”

Corazón es otro grupo de apoyo de Caritas en Alamar, en la región de La Habana. Los jóvenes reciben un curso de lectura y escritura. Aquí, los educadores no sólo se ocupan de ellos, también se ocupan de sus padres.

“Vamos a trabajar en nuestra respiración, practicando masajes en nuestros brazos, nuestras piernas y nuestra cabeza”. La psicóloga de Caritas Habana termina una sesión de trabajo con los padres en la cual se habla de la importancia de liberar el estrés utilizando técnicas de relajamiento. “Los padres de personas con síndrome de Down o con autismo están todo el tiempo al servicio de sus hijos. Es muy exigente, tanto física como psicológicamente. Ellos deben aprender a tratar con una gran serie de situaciones complejas y, para poder llevar ese ritmo, es importante que puedan tomarse un tiempo para ocuparse de sí mismos”.

Luego de la actividad, los padres toman un momento para dialogar sobre temas de actualidad o que son motivo de preocupación. Estas reuniones les permiten a los padres crear vínculos de amistad y solidaridad. Los recién llegados se pueden beneficiar de la experiencia de los más antiguos y también se dan cuenta de que no están solos en la lucha contra la diferencia y el prejuicio de la sociedad.

“Mi esposa y yo no teníamos ninguna información sobre el síndrome de Down”, dice Roberto. “Nuestra hija vivía en su mundo y apenas salía de la casa. Nosotros no sabíamos que ella se podía desarrollar, aprender y comunicarse. Además, nos preocupaban las reacciones de las personas en la calle, éramos demasiado protectores. Ahora todo ha cambiado, gracias a Dios, a Caritas y a otros padres que nos apoyan”.

Roberto ve cómo ha evolucionado su hija, que ahora ayuda en las tareas domésticas, tiene amigos y es capaz de expresarse cada vez mejor. Él y su esposa ya no están reacios a salir con su hija por temor a que la gente en la calle la pueda ofender.

“No es nuestra hija quien tiene problemas con otros”, dice. “Es la sociedad que no comprende que las personas afectadas por el síndrome de Down son como nosotros, a pesar de las limitaciones de su discapacidad. Comprender mejor a nuestros hijos es cambiar la forma en que la sociedad ve a las personas discapacitadas”.

Otra madre, Nita, explica la importancia de la solidaridad que une a los padres. “Todos hemos vivido el aislamiento, el encerrarse en uno mismo y en su familia. Con el grupo Corazón, como ha dicho Roberto, ya no estamos solos. Hemos aprendido a conocer a todos nuestros hijos y ahora podemos compartir tiempo juntos. Yo sé también que puedo dejar a mi hijo con alguna de las otras familias si tengo necesidad. Si hay un problema, puedo contar con los padres del grupo, aunque sea escuchando mis preocupaciones”.

El trabajo de Caritas Cuba revela el gran potencial de las personas con síndrome de Down o autismo. Rompe con el aislamiento de sus familias y moviliza a la sociedad para que estas personas tengan mejores oportunidades para la inserción social.

La acción de Caritas Cuba a favor de las personas con necesidades educativas especiales y sus familias es reconocida en el país. Sin lugar a duda, participa en la creación de una sociedad cubana más tolerante, más humana y más solidaria.