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Trains are the main means of transport used by migrants from Central America to cross Mexico and reach the border with the United States. But climbing onto their roofs or perching between two rail cars is a dangerous undertaking. Credits: Worms/Caritas

Trains are the main means of transport used by migrants from Central America to cross Mexico and reach the border with the United States. But climbing onto their roofs or perching between two rail cars is a dangerous undertaking. Credits: Worms/Caritas

«Era el 20 de diciembre de 2009, en la provincia de Chiapas. Mientras me tiraba del tren, mi pierna derecha se quedó atrapada bajo las ruedas. Pero tengo suerte, porque todavía estoy vivo».

Para Edwin, migrante de Honduras, aquel no era su primer viaje a través de México. La primera vez que cruzó el país, era el 2000. Consiguió pasar la frontera cuatro veces y cuatro veces fue deportado por los servicios de inmigración de Estados Unidos. Él ha vuelto hoy a la Casa del Migrante de Cáritas, en Saltillo (México). Tras 5 meses de viaje desde Honduras, ha llegado a su destino: «Ya no quiero ir a Estados Unidos. He venido aquí para intentar conseguir una prótesis. Con la ayuda de Dios, cuento con el apoyo de Cáritas y la gente extraordinaria que trabaja en esta casa, para poder obtenerla». Con su nueva pierna artificial, Edwin se entregará al servicio de inmigración para su repatriación. Entonces él podrá poner punto y final a su pasado de migrante, disfrutar de su familia y explotar su tierra en Honduras. «Yo soy campesino, yo he trabajado siempre la tierra y criado animales. E incluso cuando no sea fácil vivir de la agricultura y la ganadería en Honduras, ahora quiero luchar para poder hacerlo. Pero sobreviviré, junto con mi familia, y podré hacerlo en mi país».

El tren es el principal medio de transporte utilizado por los migrantes de Centroamérica para cruzar México y alcanzar la frontera con Estados Unidos. Sin embargo, trepar hasta el techo o colgarse entre los vagones es una hazaña peligrosa.

It's not the first time that Edwin has crossed Mexico. His first journey across the country dates back to 2000. Credit: Worms/Caritas

It’s not the first time that Edwin has crossed Mexico. His first journey across the country dates back to 2000.
Credit: Worms/Caritas

«Hoy en día, los migrantes que cruzan México deben hacer frente a las peores atrocidades», explica Monseñor Vera, Obispo de Saltillo. En el país, sólo viajan trenes de mercancías, muy vigilados por compañías de seguridad privadas. Los agentes de esas compañías han sido los primeros en chantajear a los migrantes, empujándoles fuera del tren, si no se sometían a su voluntad. Nosotros somos testigos de esa violencia. Tenemos que ocuparnos de los que pierden una pierna, un brazo o la vida, cuando los tiran a las vías. Tres migrantes han sido asesinados por esos agentes en Saltillo. El objetivo de esas acciones es sembrar el terror entre los migrantes».

Hoy en día, los trenes se han convertido también en escenarios de operaciones de grupos criminales, que abordan a los migrantes. Edwin ha sido testigo estos últimos años de la degradación de las condiciones de seguridad para los migrantes: «La primera vez que crucé México y la frontera, no había problemas. Mientras hoy viajar en los trenes se ha convertido en una lucha constante contra la muerte. Claro, eso sin olvidar también el cansancio, el hambre y el frío. Es grande el riesgo de dormirse y caerse del tren. Pero las bandas de criminales que roban, violan y secuestran a quienes encuentran en los trenes, son peor que todo lo demás. Yo también fui víctima de robo y me dieron una paliza. Sin embargo, para las mujeres la situación es peor, es terrible. Ellas siempre se ven sometidas a las peores violencias. Por ese motivo, nunca dejé que mis hermanas emprendieran ese viaje. Yo fui testigo de violencias terribles y no quiero que ellas corran el riesgo de sufrir igual suerte».

Monseñor Vera habla de tragedia humanitaria. Tras pasar 12 años en la región, está convencido de que la violencia que sufren los migrantes no es una fatalidad, sino que se utiliza para reprimir la migración hacia Estados Unidos.

«La violencia y la crueldad han alcanzado niveles sin precedentes en el país. Las cifras son incluso peores: entre 18.000 y 20.000 migrantes han sido víctimas de secuestro al año, así como de torturas, violaciones y muerte. ¡Y todo ello sucede impunemente! Por ese motivo, decimos que solo puede tratarse de una estrategia coordinada entre las autoridades para impedir a los migrantes llegar a Estados Unidos. De otra manera no se podría explicar que las bandas criminales de Centroamérica puedan circular libremente en el país y sin papeles. ¿Cómo se puede explicar que camiones cargados de decenas de rehenes puedan pasar los puestos de control militares, de la policía federal y de la inmigración, sin tener que detenerse? »

It's not the first time that Edwin has crossed Mexico. His first journey across the country dates back to 2000. Credit: Worms/Caritas

It’s not the first time that Edwin has crossed Mexico. His first journey across the country dates back to 2000.
Credit: Worms/Caritas

Edwin y Mons. Vera denuncian a la vez el endurecimiento de las políticas de inmigración adoptadas en Estados Unidos. «La persecución de los migrantes latinoamericanos, por parte de agentes de inmigración norteamericanos, es cada vez más dura, dice Edwin. Los controles son permanentes y las expulsiones se hacen sin miramientos. Cuando he sido capturado esta última vez, me han tratado como si fuera realmente un delincuente».

Para Monseñor Vera, es necesario tener en cuenta el problema en todo su contexto: « Los gobiernos deben reconocer su responsabilidad sobre los motivos que originan la emigración forzosa. Por ejemplo, Estados Unidos y sus políticas económicas son en parte responsables de la pobreza extrema que sufren algunos países de América central. La represión de los migrantes no es una solución. Al contrario, la prioridad de los gobiernos debería ser proteger a las personas que deciden emigrar y asegurar que sean respetado sus derechos humanos. Por último, hay que conseguir que los países trabajen juntos, con el fin de garantizar a todos los pueblos dignas condiciones de vida. De esa manera, y solamente así, nosotros no tendremos ver a tantos jóvenes, hombres y mujeres, que arriesgan sus vidas en esos trenes del terror».