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According to the authorities in Niger, more than 30,000 Malians from the Ménaka area and an estimated 8,000 Niger nationals living in Mali have found refuge in Niger since the beginning of the year, fleeing the fighting between government forces and armed groups. In a refugee camp in Mangaize, Caritas Niger (CADEV) provides food and other aid to the refugees. They are more than 3,000 in the camp Mangaize. Credits: Worms/Caritas

According to the authorities in Niger, more than 30,000 Malians from the Ménaka area and an estimated 8,000 Niger nationals living in Mali have found refuge in Niger since the beginning of the year, fleeing the fighting between government forces and armed groups. In a refugee camp in Mangaize, Caritas Niger (CADEV) provides food and other aid to the refugees. They are more than 3,000 in the camp Mangaize.
Credits: Worms/Caritas

“Nosotros huimos de nuestra aldea porque estábamos hambrientos”, dice una anciana refugiada malí que se encuentra en el campamento de Mangaizé, al norte de Níger. Otra mujer nos cuenta: “Yo huí de mi aldea porque los rebeldes nos atacaron. Yo salí tarde porque buscaba a mis 4 hijos. Estoy aquí con los dos más pequeños y no tengo noticias de los otros dos”.

Estas mujeres y sus familias llegaron ayer a este campamento en donde más de 3.000 refugiados malíes se han asentado, algunos desde hace más de 4 meses. Ellas huyeron de la violencia en el norte de Malí, pero también del hambre. La crisis alimentaria es cada vez más generalizada en las zonas ocupadas por los grupos rebeldes.

“Los primeros refugiados que llegaron a Mangaizé han tenido la solidaridad de los campesinos nigerinos”, dice Boureima Mamoudou, encargada del campamento para Caritas. “Aunque ellos también se encontraban en una situación alimentaria muy difícil, han acogido a sus hermanos y hermanas malíes, y han compartido los escasos recursos disponibles”.

Después de la llegada de los primeros refugiados, Caritas relevó a los aldeanos. Registro de los recién llegados, distribución de lonas para construir albergues, artículos de primera necesidad, ropa y, por supuesto, alimentos.

Sin embargo, Raymond Yoro, secretario general nacional de Caritas Níger, está preocupado. A pesar de la ayuda de Caritas ¿durante cuánto tiempo la presencia de los refugiados será compatible con el sufrimiento y las dificultades alimentarias de las poblaciones locales y cuánto tiempo pasará antes de que se ponga a prueba la solidaridad?

“Al principio pensábamos que los refugiados llegarían por un tiempo limitado, que la crisis en Malí se solucionaría en dos o tres meses. Pero la magnitud de la situación nos ha sorprendido a todos. El verdadero problema es que estos refugiados se han asentado en las zonas más desaventajadas de Níger. En Mangaizé, por ejemplo, las aldeas han tenido un déficit de más del 90% en la producción agrícola”.

Esto significa que las poblaciones locales agotaron sus recursos alimentarios desde hace ya bastante tiempo y también dependen de la ayuda de Caritas para sobrevivir a la crisis y poder asegurar la buena gestión de la próxima temporada agrícola.

“La gran mayoría de los refugiados malíes son agropastores. Algunos llegaron con sus animales. Pero ahora que el pasto está escaso en la región de Níger, se corre el riesgo de que la competencia ente los refugiados malíes y los pastores nigerinos por alimentar a sus animales se convierta en conflicto”.

Hasta ahora no ha habido muchos conflictos. Sin embargo, el flujo constante de refugiados de Malí a Níger no puede continuar sin el apoyo de los organismos internacionales para cubrir sus necesidades y a las de las poblaciones locales.

“Lo que más queremos es volver a nuestras aldeas”, dijo Hamidou Maiga, una joven enfermera malí que ha sido testigo de lo que son capaces los grupos rebeldes. “Han saqueado nuestras aldeas, aterrorizado a las poblaciones civiles y han violado a las jóvenes. Yo estoy muy agradecida por la acogida que nos han dado nuestros hermanos nigerinos. Yo trato de poner mis conocimientos de enfermería al servicio de los enfermos, tanto en el campamento como en las poblaciones locales. Nosotros estamos refugiados aquí porque no teníamos otra opción”.

Actualmente hay más de 150.000 desplazados internos en Malí, de los cuales 100.000 en el norte no tienen acceso a ayuda internacional debido a la inseguridad. El número de refugiados malíes en los países vecinos ha sobrepasado los 200.000, de los cuales más de 40.000 se encuentran en Níger.

En Malí, Burkina Faso, Mauritania y Níger, Caritas está ayudando a los refugiados y espera que la construcción de una paz estable les permitirá volver pronto a sus hogares. Sin embargo, es necesario estar preparados por si la situación se prolonga por mucho tiempo para que los refugiados y las poblaciones locales que los han acogido puedan seguir viviendo en solidaridad.

“Hay que ser solidario”, dice Boureima. “Porque quizás lo que hoy viven los malíes, lo vivan mañana los nigerinos”.