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Women of Hadj al-Dérib lined up side by side and hit the sandy soil in the same rhythm with their little shovels. Credits: Lisa Krebs/Caritas Switzerland

Women of Hadj al-Dérib lined up side by side and hit the sandy soil in the same rhythm with their little shovels.
Credits: Lisa Krebs/Caritas Switzerland

Por Lisa Krebs 

Son las siete de la mañana en Hadj al-Dérib, una aldea en la región del Sahel de Chad. En las afueras de la aldea, 26 mujeres cultivan juntas un campo de cacahuetes o maní. Cada una lleva al hombro una pala liviana. Un caballo tira de una carreta que transporta una lata de agua, equipo para preparar té y herramientas agrícolas. Las mujeres están de muy buen humor, conversan y se ríen camino al campo. Después de tres años difíciles, esperan que finalmente tendrán una buena cosecha. Hoy limpiarán la mala hierba.

Rumbo al campo, Hadjara Dongong habla acerca de las dificultades de los últimos años: “Hace tres años, en 2009, la cosecha fue destruida por una bandada de pájaros. Después de este terrible evento, en 2010, la inundaciones devastaron los campos. El año pasado, las langostas infestaron las cosechas y, por si esto no fuera suficiente, durante 2011 casi no llovió. Durante meses, los habitantes de Hadj al-Dérib se alimentaron de plantas salvajes. En tiempos de necesidad, hubo que comerse hasta las semillas para la siguiente siembra”.

Sin embargo, a Hadjara no le gusta pensar en el pasado. Está feliz porque la cosecha de este año se ve prometedora. “Este año – si Dios quiere – tendremos una buena cosecha. No sólo estamos cultivando cacahuete, sino también maíz, mijo, guisante pinto y ajonjolí”, dijo. Las tan necesitadas semillas para cultivo las suministra la organización africana Acord, una contraparte de Caritas Suiza, gracias al apoyo económico de la red internacional Caritas.

Resulta natural que las mujeres trabajen juntas el campo en Hadj al-Dérib. Todas las 120 mujeres de la aldea son miembros de un comité que se hace cargo del cultivo de varias cosechas, así como del granero y el molino. Cada comité tiene una presidenta, una vicepresidenta y una secretaria.

En junio, el comité para el cultivo de cacahuete preparó un campo grande. Luego, las mujeres esperaron que lloviera abundantemente para poder sembrar las semillas. Ahora esperan cosechar a mediados de octubre.

“Parte de la cosecha se guardará como semillas y se almacenará en un granero colectivo. La mayor parte se venderá en el mercado”, dijo Hadjara. Con los ingresos de la venta de la cosecha, el comité de mujeres comprará los granos que luego se distribuirán equitativamente entre los hogares de la aldea. Este grano es una complemento importante a lo que cada familia produce en sus parcelas. Las semillas del granero colectivo garantizan la siembra para el próximo año – lo que representa seguridad para los agricultores y sus familias.

Mientras tanto, las mujeres han llegado a los campos. Las mujeres descargan la carreta y empiezan su labor. Se alinean una junto a la otra y cavan con sus palas el suelo arenoso al mismo ritmo. El ritmo acelera rápidamente. Una de las mujeres más mayores emite un alarido y todas empiezan a cantar una canción. Con el prospecto de una buena cosecha y un ingreso estable, hasta la labor más ardua bajo el tórrido sol del Sahel puede propagar felicidad.