Esta página está a su disposición también en: Inglés, Francés

A village meeting in Balama. Credits: Lisa Krebs/Caritas Switzerland

A village meeting in Balama.
Credits: Lisa Krebs/Caritas Switzerland

Por Lisa Krebs

Balama era una aldea que originalmente se encontraba a la orilla del Lago Chad, al este del país. Desde la década de los 1960, el lago se ha reducido considerablemente. El clima cambiante y el uso incontrolado del agua para la agricultura de riego combinados con la presión demográfica han resultado en la reducción del 10% de la superficie original del lago. En la actualidad, Balama yace a la orilla del Lago Chad únicamente durante la temporada de lluvia. Estos nuevos factores ambientales naturales han tenido un fuerte impacto en el sustento de los habitantes de la región.

Ahora, en la época de lluvia las redes de pesca y las trampas siguen tiradas fuera de las casas. A los aldeanos, que han sido pescadores desde siempre, les preocupa que la reducción del nivel del agua. “Cada vez dependemos más de la agricultura”, explica Zara Muhammad, presidenta del grupo local de mujeres. “Los campos que estamos creando están donde anteriormente estaba el lago y al principio eran muy productivos. Sin embargo, después de algunos años la producción baja”, dice.

Durante varios años, los habitantes de Balama no han podido cubrir sus propias necesidades. El año pasado fue un año especialmente difícil. Debido a la escasa lluvia y la destrucción provocada por las manadas de elefantes y los insectos, los agricultores apenas lograron una pequeña cosecha. Desafortunadamente, los pocos productos agrícolas que se cosecharon se consumieron en pocos meses. Este fenómeno no afecta sólo a Balama, sino que afectó a toda la región alrededor del lago, en donde únicamente se puede producir suficiente para cubrir el 15% de la necesidad alimentaria de toda la población.

Durante este difícil período, entre finales de 2011 y principios de 2012, Secadev, una organización Caritas local, fue testigo de la situación y sus efectos para los habitantes de Balama. Gracias al apoyo de Caritas Suiza y la red internacional de Caritas, y como parte de un proyecto de emergencia, Secadev pudo distribuir entre los habitantes víveres y semillas para la siguiente temporada de siembra. Dos grupos importantes, tanto de hombres como de mujeres, también se pudieron beneficiar de este apoyo. Mientras tanto, las mujeres cultivaban juntas los campos y los hombres almacenaban conjuntamente las cosechas.

“Queremos unir fuerzas, esta es la idea de trabajar juntos”, dijo Zara. “Actualmente, nuestro grupo cuenta con 37 mujeres. Yo divido a las mujeres en diferentes subgrupos, cada uno se hace cargo de un campo. Ahorita estamos sembrando maíz y quingombó. A partir de octubre empezaremos a sembrar pimientos, cebollas y otros vegetales”.

Aunque a menudo los vegetales se usan para consumo personal, o se venden en un mercado de la región, las mujeres planifican vender parte de la cosecha de maíz. Con los ingresos comprarán cabras y ovejas, así como productos de Nigeria, el país con el que tienen relaciones comerciales.

“Gracias a las semillas de Secadev hemos obtenido nuevas fuentes de ingresos. Esto nos da seguridad”, dice Zara, y está profundamente orgullosa de lo que ella y otras mujeres de Balama han logrado con la ayuda de unas cuantas semillas. Las mujeres de Balama son tan sólo un ejemplo de cómo los afectados pueden aprovechar nuevas oportunidades y son capaces de adaptarse a circunstancias poco usuales.