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The Carteret Islands are a ring of six atolls 50 miles off the coast of Papua New Guinea. The islands will soon be underwater as rising sea levels will leave them submerged within five years. 3000 inhabitants must leave. Credits: Nicholson/Caritas

The Carteret Islands are a ring of six atolls 50 miles off the coast of Papua New Guinea. The islands will soon be underwater as rising sea levels will leave them submerged within five years. 3000 inhabitants must leave.
Credits: Nicholson/Caritas

“Espero morir antes de que las aguas cubran totalmente las islas”, dice John Sailik, de 80 años, que nació en las Islas Carteret, un anillo de seis atolones, a unos 80 km. de la costa de Papúa Nueva Guinea.

Cuando yo era pequeño, la vida aquí era como un paraíso, nos dice él, pescando y nadando todo el día. Ahora esos días se han terminado. Pronto las islas terminarán bajo las aguas, porque en cinco años, seguirá subiendo el nivel del mar hasta dejarlas completamente sumergidas. Sus 3000 habitantes deben abandonar sus hogares si quieren seguir viviendo.

Las islas más bajas, rodeadas de arena blanca y azules aguas cristalinas, podrían figurar en el folleto de una agencia de viajes como un exclusivo lugar de vacaciones. No hay tiendas, ni coches, ni teléfonos. Hay sólo un par de casas con generadores, pero la mayoría de la gente vive sin corriente eléctrica.

Seline Netoi vive en una de las islas más pequeñas, denominada Huene. Ella nos cuenta que su isla paradisíaca se está hundiendo bajo las aguas. Lo que originariamente era una isla, tras la subida de las agua, son ahora tres. Al bajar la marea, hay tocones, ramas de cocoteros y escombros esparcidos flotando en las aguas. “Con la subida del mar, hemos perdido unos 150m. de tierra”, nos dice.

Ella vive en la isla con su marido y un hijo discapacitado, además de otra familia. “Vivimos de leche de coco y pescado. Comemos una vez al día. Cuando hay marejadas y no podemos pescar o el viento es demasiado fuerte para subir a los árboles, nos tenemos nada que comer”, señala Seline.

Su hijo sufre un extraño tipo de dermatitis y 99 por ciento de su cuerpo está cubierto de llagas. Él se encuentra bien en la isla y puede estar tumbado en la suave y blanca arena: “Aquí está nuestra casa, será muy difícil dejar la isla, pero tenemos que hacerlo. Ya no estamos seguros. Cuando llegan las olas grandes, se inunda nuestra casa. Si hay un ciclón o un tsunami, nuestra casa será arrasada. Estamos esperando un reasentamiento en Bougainville. La ironía de la suerte es que yo dejé Bougainville, durante el conflicto de los años 1990. Entonces yo era refugiada de guerra y ahora seré refugiada del clima”, indica Seline.

Los isleños dicen que cada año el mar invade entre uno y dos metros de costa. Los grandes oleajes y, sobre todo, la alta marea, que sucede solo pocas veces al año, pueden ahora llegar a cubrir completamente las islas.

Los isleños han intentado construir malecones y rompeolas con conchas de moluscos y residuos, que hasta la fecha se han revelado poco eficaces. El agua del mar arrasa todo y además destruye los cultivos de comestibles, como banana y malanga. El hambre es un problema constante en las Islas Carteret.

“Los niños están demasiados hambrientos como para poder ir al colegio. La desnutrición es galopamte. Dos de nuestros seis maestros ha abandonado ya la isla porque no pudieron resistir a la carestía”, no dice un maestro de enseñanza primaria, Leonard Luhat.

El Gobierno intenta llevarles ayuda alimentaria cada tres meses, en barco, pero puede ser muy irregular. El transporte a la tierra firme en lancha resulta demasiado caro, para la mayoría de los isleños. Las únicas comunicaciones existentes son el teléfono vía satélite y la radio de onda corta. La mayor parte del tiempo están aislados del resto del mundo.

“En 2009, una marea gigante cubrió toda la isla. Era imposible ir a tierra firme o conseguir medios de transporte. Estuvimos dos semanas sin ayuda. No teníamos ningún otro sitio adonde ir”, recuerda Peter Marese, un líder de la comunidad.

Ahora, los habitantes de las Islas Carteret se están desplazando poco a poco cerca de la parroquia de Tinputz, en Bougainville. La Iglesia católica ha puesto a disposición terrenos diocesanos. Las familias reasentadas reciben una parcela para la casa nueva y pueden empezar a plantar cultivos. Hasta la fecha se han desplazado menos de 10 personas.

Charles Tsibi, su esposa y sus ocho hijos, abandonaron las islas y se reasentaron en una parcela: “Al principio fue muy duro. Los niños no se acostumbraron fácilmente a los extraños. Y nosotros no sabíamos labrar la tierra, porque en mi familia, que ha vivido siempre en la isla, nacimos pescadores. Fue muy difícil tener que dejar nuestro hogar, pero el futuro de mis hijos era lo más importante”, confiesa Tsibi.

El caso de los isleños de las Carteret es un signo de los tiempos futuros. Los expertos del clima predicen grandes desplazamientos de población, el próximo siglo, mientras millones de personas se ven obligadas a emigrar de las áreas costeras bajas y las islas. La deshielo de polos y glaciares podría alzar el nivel del océano paulatinamente hasta los 1,4 metros en 2100. Eso provocaría el hundimiento de algunos estados isleños como Tuvalu y amplias regiones de Bangladesh.

“Comprendemos que está subiendo el nivel del mar, como resultado de la contaminación, causada por los países ricos e industrializados. Quizás haya llegado el momento de que esos países ricos nos ayuden ahora a nosotros”, dice Seline Netoi.

Caritas ha exhortado a los gobiernos a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que han provocado el cambio climático. Caritas quiere que los países ricos financien a los pobres su adaptación a los nuevos fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, para los isleños de las Carteret ya es demasiado tarde.

“La única solución es abandonar las islas. Es difícil hacerlo, pero no nos queda otra, si queremos salvar la vida”, concluye Peter Marese.