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CRS staffer Howard Bacayana walks through flood water as he assesses the damage caused by Typhoon Bopha in the city of Cagayan de Oro. Credits: Salacion Pacatang/CRS

CRS staffer Howard Bacayana walks through flood water as he assesses the damage caused by Typhoon Bopha in the city of Cagayan de Oro.
Credits: Salacion Pacatang/CRS

El tifón Bopha (localmente denominado “Pablo”) azotó las Filipinas, el pasado martes día 3 de diciembre, obligando a la evacuación a más de 160.000 personas y dejando un balance provisional de centenares de muertos

El tifón, de categoría 5, fue violentísimo y barrió la costa sureste de Mindanao, con vientos de 256 km/h, causando inundaciones y daños en viviendas, negocios y granjas.

Caritas Filipinas (NASSA) y Catholic Relief Services (CRS, uno de los miembros de CI de EE.UU.) han enviado equipos conjuntos a las áreas damnificadas.

El P. Edwin Gariguez, Director de Caritas Filipinas, está con uno de los equipos en Suriago del Sur, donde los daños han sido importantes. “La mayor parte del área costera ha sufrido daños. En la ciudad de Nigig, de 50 casas familiares, solo tres han quedado en pie”, nos informa el Director.

“Caritas asegura que las áreas de Compostela y Davao Oriental son las más necesitadas de ayuda. Las prioridades son colchonetas para dormir, mantas, agua y artículos para la higiene personal, así como lonas para refugios de emergencia.

“Caritas ha podido canalizar su ayuda a través de las parroquias. Mucha gente buscó refugio en ellas, así como en escuelas y gimnasios, tras recibir la alarma”, dice el P.Gariguez.

“Hemos empezado a distribuir arroz y artículos básicos de ayuda no alimentaria, sin embargo necesitaremos más tiempo y esfuerzos para poder ayudar a los numerosos damnificados”.

Los equipos de evaluación de daños informan que será necesario facilitar refugio a más a largo plazo, sobre todo en la provincia de Compostela y en Davao oriental.

“Nos sorprende que la situación sea menos grave de lo que temíamos, sin embargo lamentamos las fuertes repercusiones del tifón, en daños materiales y la agricultura, que se sentirán en muchos años venideros”, asegura el P. Gariguez.

“La mayoría de las viviendas aguantaron el tifón, pero algunas registraron daños en los tejados, aunque ofrecieron refugio apropiado para muchas personas”, añade.

Por ejemplo, las viviendas construidas por Caritas y su socio, DSAC, en Iligan resistieron bien al tifón. “El bajo índice de muertos es el resultado de las lecciones aprendidas de otras catástrofes. Ha funcionado la evacuación preventiva y el sistema de alarma temprana. Las autoridades informaron a los alcaldes, que a su vez avisaron a todas sus comunidades. En algunos casos, la gente no quería abandonar sus hogares y la policía tuvo que obligarles a irse a los refugios. Por eso, la implementación de las fases preparatorias ha sido un éxito”, concluye Gariguez.

La gente está volviendo a sus casas y se espera que para finales de semana vuelva el suministro de corriente eléctrica.