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In January 2013, violence in Darfur caused many people to flee their homes. Some have settled in barren areas outside the town of Zalingei. Credits: NCA staff

In January 2013, violence in Darfur caused many people to flee their homes. Some have settled in barren areas outside the town of Zalingei.
Credits: NCA staff

Embarazada de ocho meses y con un niño a cuestas, Miriam Ibrahim anima a sus otros dos hijos a seguir adelante: “Caminen rápido”. Durante tres días, la familia ha estado andando por el cálido y polvoriento occidente de Sudán, sin comida y topándose con serpientes y zorros. Durmieron bajo los árboles. El suelo ardía y había espinas, Miriam no tenía zapatos. Tampoco sabía exactamente a dónde ir: “No había camino”.

Unos nómadas que iban de paso vieron a la familia, cansada, sucia y desaliñada, y les dieron un pequeño contenedor con agua. La siguiente semana también encontraron qué comer.

Sin embargo, pasaron otros diez días andando antes de llegar a un campamento para otras personas que huyeron de los tiroteos y la violencia. Allí, encontraron a algunos de sus parientes y uno de ellos le dio a Miriam unas chancletas. Una de las primeras cosas que Miriam hizo después de llegar fue untarse los pies, los cuales tenía a carne viva, con lodo.

Darfur ha estado en los titulares durante una década, pero hasta ahora no ha habido final feliz para familias como la de Miriam. La historia simplemente no acaba. El ataque a su casa no ocurrió en 2003, sino en enero de 2013.

Con el correr de los años, miles de los llamados “recién llegados” se desperdigan en los campamentos. La mayoría son agricultores: Miriam y su familia cultivaban quimbombó, cebolla, guayaba y sorgo. Puesto que no pueden salir de los campamentos, a menos que estén dispuestos a enfrentarse a los mismos peligros de los que salieron huyendo, la gente no tiene formas de ganar dinero u obtener ayuda, como atención médica.

Con el apoyo de la Alianza ACT y Caritas, Ayuda de la Iglesia Noruega (NCA por sus siglas en inglés) está ayudando a los habitantes de los campamentos, sin importar sin han estado allí por 10 años o acaban de llegar. NCA ha construido sistemas de agua que abastecen a más de 300.000 necesitados. Las mujeres como Miriam no tienen que dejar la seguridad del campamento para obtener agua.

ACT y Caritas también financian clínicas de atención primaria en los campamentos, cerciorándose de que mujeres embarazadas como Miriam reciban la fundamental atención prenatal. Miriam también llevó a su hija más pequeña, Sawakin, a una clínica gratuita de NCA después del arduo viaje: “No teníamos dinero. Así que fuimos a la clínica de Hamedia”, dice. “El doctor me dijo qué hacer con la tos de mi hija”.

NCA capacita a mujeres en el campamento para que puedan ayudar a otras mujeres a dar a luz sin peligro, ya sea en la clínica o en sus casas, y suministra “kits de parto limpios” si las mujeres deciden dar a luz en su casa. “Cuando llegue el momento del parto, llamaré a la partera local”, dice Miriam.

Los programas salvadores de vidas de NCA aseguran que Miriam y sus hijos cuenten con lo básico para sobrevivir. Sin embargo, más allá de esto, su futuro – al igual que el de muchos darfuríes – es lúgubre. Atrapados en el limbo, tanto los recién llegados como aquellos que han habitado en el campamento por mucho tiempo, esperan un cambio sobre el cual no tienen ningún control. “No sé qué sucederá”, dice Miriam. “¿Qué puedo hacer? No puedo hacer nada”.