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All 120 women of the Hadj al-Dérib, a village in the Sahel region of Chad, are members of a committee which takes care of the cultivation of various crops as well as the granary and the mill. Credits: Lisa Krebs/Caritas Switzerland

All 120 women of the Hadj al-Dérib, a village in the Sahel region of Chad, are members of a committee which takes care of the cultivation of various crops as well as the granary and the mill.
Credits: Lisa Krebs/Caritas Switzerland

Caritas aprovecha el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, para celebrar el trabajo que realizan las agricultoras en todo el mundo.

Hoy en día, más que nunca, la mujer está en la vanguardia de esa agricultura que sustenta a la familia, sin embargo, a ella se le niegan los mismos recursos que al hombre. Eso lleva a la carestía y, por ello, la mujer queda atrapada en el ciclo de la pobreza. En lo que respecta a la agricultura, Caritas quiere igualar el terreno de juego entre el hombre y la mujer.

En los países pobres, cuatro de cada diez agricultores son mujeres, que proveen a sus familias de alimentos y apoyan la economía local. Sin embargo, cuando llega el momento de conseguir una justa parcela de tierra, animales de granja, simientes, fertilizantes, aperos y crédito, las mujeres son discriminadas. El resultado es que las cosechas resultan escasas y todos sufren.

La tierra es un recurso fundamental, sin embargo hay gran disparidad entre el hombre y la mujer en lo que se refiere a su propiedad y renta. En algunas zonas de África y Asia, las mujeres representan menos del cinco por ciento entre los titulares de derechos sobre la tierra. Por ejemplo en Malawi, las leyes, las costumbre y los roles sociales no dan a las mujeres las mismas oportunidades que a los hombres.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura)  estima que, a causa de la discriminación de la mujer en el acceso a los recursos, entre 100-150 millones de personas pasan hambre en vano.

Y un estudio de 2000, sobre los países en vías de desarrollo, realizado por el  International Food Policy Research Institute  demostraba que hasta un 55 por ciento del índice registrado en la reducción del hambre, entre 1970 y 1995, podía atribuirse a las mejoras conseguidas en el estatus de la mujer en la sociedad.

Caritas afirma que no es solo una cuestión de productividad, sino de justicia. Conceder a la mujer los mismos derechos que al hombre, para acceder a los recursos en la agricultura, no es solo justo, sino que le permitiría desempeñar un rol más destacado a la hora de tomar decisiones que afectan a las comunidades y las familias.

Un paso muy importante sería permitir a las mujeres disfrutar del derecho a la propiedad de la tierra, en zonas rurales. Es algo que Caritas quiere promover y apoyar.

Algunas cooperativas de mujeres, como Coope Tarrazù RL, en Costa Rica, financiada por Caritas resulta ser una historia de éxito. Allí hay pequeños productores de café que realizan actividades conjuntas. Y al menos 500 de esos productores son mujeres. La cooperativa las protege económicamente y también las ayuda a desarrollar y utilizar métodos de producción ecológicos y sostenibles.

Renuka Chiran es otro ejemplo. Ella es una agricultora que se ha hecho cargo de su vida y dirige su comunidad. Forma parte de los ‘garos’, una tribu indígena que vive en un bosque frondoso de las colinas de Mymensingh, en Bangladesh. Con la ayuda de Caritas Bangladesh, ella enseña a otros agricultores a utilizar semillas específicas que potencian la calidad y cantidad de la cosecha. Utilizan simientes que se adaptan mejor al medio ambiente local y son idóneas a la agricultura orgánica.

Ella también capacita a los agricultores en la utilización de fertilizantes orgánicos, que se consiguen con recursos disponibles en ámbito local, como restos de pescado, manteca, leche de coco, papayas y bananas.

Renuka dirige uno de los “bancos de simientes” de la comunidad, en el que se pueden obtener simientes de alta calidad, conservadas en vasijas de barro, paja de arroz y hojas de banano. Los aldeanos toman las simientes prestadas y, tras obtener una buena cosecha, vuelven a llevar al banco el doble de la cantidad que utilizaron en su siembra, para que puedan ser utilizadas por otros agricultores.

Coope Tarrazù RL, en Costa Rica, y Renuka Chiran, en Bangladesh, son solo dos ejemplos que demuestran lo que pueden hacer las mujeres cuando se eliminan esos obstáculos que les impiden realizar su pleno potencial.

La mujer carga con gran parte de la responsabilidad de mantener a la familia y a la comunidad. Este año, en el Día Internacional de la Mujer, Caritas exhorta a todos y cada uno a desterrar la discriminación y los estereotipos que atrapan a la mujer en la pobreza y a darle la posibilidad de ser plenamente una compañera en el desarrollo mundial.