Por + Mons. Oscar V. Ojea, Presidente  Cáritas Argentina

El amor de Dios se derrama y lo renueva todo. En Dios hemos sido testigos de dos enormes sorpresas del Amor de Dios.

La primera, la renuncia de Papa Benedicto XVI, valiente y humilde, reconociendo su fragilidad y renunciando a todo poder en un mundo donde nadie renuncia a nada. Se tejieron toda clase de conjeturas, pero la contundencia de su gesto dejo clara su intención de hombre honesto que asume con coraje su servicio a la Verdad.

La segunda sorpresa ha sido la elección de Francisco. Ha tomado el nombre de un santo que convulsionó la historia por su entrega radical al Evangelio de Jesús, en la pobreza total, transformándose de caballero en predicador mendicante. Las palabras que le dice a Francisco el crucifijo de San Damián son claras y profundas: “Francisco, repara mi Iglesia”

Se abre un tiempo de esperanza con la elección de un nuevo Papa que ha buscado reflejar a través de la simple elección del nombre, que ya es todo un gesto, la frescura y la transparencia de un Evangelio que busca transformar el corazón de los hombres por la caridad.

Fue mi Obispo varios años cuando yo era párroco y luego colaboré como Obispo Auxiliar en la Arquidiócesis de Buenos Aires. Doy fe de su cercanía y sencillez, es amigo del encuentro personal, en este terreno se siente como pez en el agua. Tiene las características del Buen Pastor: sabe escuchar, acompañar y conducir con respeto, suavidad y firmeza. A esto une una inteligencia nada común, que con la gracia de Dios, pondrá al servicio de un diálogo más fecundo entre la Iglesia y la cultura que vivimos para que la nueva Evangelización se vaya haciendo realidad.

Es un Pastor misionero que anima a la Iglesia a salir de los templos para acercarse en las calles y en todos los ambientes a la realidad de cada hombre y cada mujer.

Es un Pastor que nos hablará con sus gestos y con su palabra clara y sin eufemismos. El rostro de la caridad de la Iglesia se verá urgido a hacerse más claro y cercano a todos los hermanos, preferentemente a los pobres.

Invito a todos los agentes de la Pastoral caritativa, a las Comisiones nacionales y al equipo nacional a orar a la Virgen de Luján, de la cual Francisco es profundamente devoto, para que lo cuide y lo proteja como Madre, en esta misión de conducir la nave de la Iglesia en tiempos turbulentos pero providenciales, iluminada siempre por el Espíritu Santo que nos ha sorprendido una vez mas.

Dios es amor y eso siempre es novedad.

Que Dios los bendiga a todos.