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At Caritas bases, children's play rooms like this one provide gathering places for the local community, places for relaxed conversation. Credits: Caritas Japan

At Caritas bases, children’s play rooms like this one provide gathering places for the local community, places for relaxed conversation.
Credits: Caritas Japan

Ya han pasado dos años del fuerte terremoto y tsunami que azotaron Japón, provocando la muerte de más de 15.800 personas. A pesar de la impresionante operación gubernamental de escombro y reconstrucción, la catástrofe ha dejado en muchas comunidades sombras oscuras, que todavía representan una amenaza para las personas.

“Lamentablemente, muchos de los damnificados por la catástrofe no han podido encontrar todavía un poco de paz, ni esperanza. En vez de eso, se ven preocupados porque la cruda realidad es que, con el paso del tiempo, sus sufrimientos se van olvidando, tanto en Japón como en todas partes”, dice S. E. Mons. Tarcisio Kikuchi, Obispo de Niigata y Presidente de Caritas Japón.

Unas 150.000 personas de las provincias de Iwate y Miyagi todavía no habrían regresado a sus casas, a finales de diciembre de 2012. Para Caritas Japón, esta precariedad en la vida cotidiana ha causado mucho daño a las comunidades.

Un informe de Caritas Japón, en ocasión del segundo aniversario de la catástrofe, asegura: “La vida como evacuado destruye la misma comunidad. Inmediatamente después de la catástrofe, cada uno de los damnificados fue asignado a un centro de evacuación y sucesivamente fueron trasladados, de manera aleatoria, a viviendas provisionales, obligados a vivir en nueva áreas, con gente que no conocían. Por ejemplo, la población costera se vio obligada a vivir tierra adentro”.

Las comunidades dejaron de ser esa cola que une a la gente, por barrios y trabajo. Muchos jóvenes han abandonado las zonas azotadas por el desastre. Esa situación ha provocado ulterior ansiedad entre la tercera edad, que teme que no quedará nadie para seguir con sus tradiciones y negocios familiares, además nadie tendrá la fuerza para reconstruir las comunidades desde cero.

Por si fuera poco, la incidencia de problemas sociales que ya existían antes del terremoto, como el alcoholismo, la violencia de género y el divorcio, se ha incrementado ante la inestabilidad del contexto.

Caritas Japón ha empleado la inmensa energía de sus voluntarios en ayudar a rehabilitar las comunidades, tras los daños causados por la catástrofe.

El Centro de Ayuda de la Diócesis de Sendai fue instalado cinco días después del terremoto. Desde entonces, Caritas Japón ha cooperado con estructuras y bases de voluntarios, que operan en las áreas interesadas.

Las bases de Caritas ofrecen un ambiente cómodo para encuentros sociales de la población local, conciertos, círculos de manualidades o simplemente para charlar. El personal de Caritas está a disposición para escuchar a las personas, bien en los centros o incluso visitando los hogares.

La vida no es fácil en invierno, en una vivienda prefabricada, que es donde viven las personas que perdieron sus hogares. Caritas Japón ha trabajado con determinación, junto con las autoridades locales y otras organizaciones, con el fin de conseguir la distribución a gran escala de calefactores. Se distribuyeron unos 15.000 calefactores en las provincias de Iwate, Miyagi y Fukushima.

Mientras, los medios de sustento de muchos pescadores registraron serias repercusiones, al perderse en el desastre barcas y redes. Las piscifactorías de ostras y vieiras fueron destruidas, así como las instalaciones de procesado y almacenaje.

Los voluntarios de Caritas se han organizado para trabajar en la reparación de redes y ayudando con la piscifactorías de ostras. También ayudan escombrando los campos agrícolas. Viendo su ejemplo, la población local se ha visto inspirada a no perder la esperanza y a trabajar en la rehabilitación de sus comunidades.