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Delphine escaped with her four children from Mushaki to a relief camp in Goma as renewed violences sweeps though eastern Congo. Credits: Taylor Kakala/Caritas Goma

Delphine escaped with her four children from Mushaki to a relief camp in Goma as renewed violences sweeps though eastern Congo.
Credits: Taylor Kakala/Caritas Goma

El conflicto de larga duración de la zona oriental del Congo ha dividido aldeas y causado numerosas víctimas, así como daños sicológicos devastadores en las comunidades. Unas de las causas principales del conflicto es la explotación de minerales, que pertenecen al pueblo congoleño. El Presidente de la Conferencia Episcopal congoleña, S. E. Mons. Nicholas Djomo, Obispo de la diócesis de Tshumbe, visitó recientemente al delegado permanente de CI ante la ONU en Nueva York, Joseph Donnelly, para poder denunciar la situación apremiante que vive su país. A continuación, él responde a algunas preguntas y nos explica sus razones.

¿Por qué fue usted a la ONU?
¡Es una larga historia! Durante más de 15 años de guerra y conflicto, hemos estado trabajando en las comunidades de base, en la educación, para construir la paz, así como en la enseñanza de los derechos civiles nacionales, entre otras cosas. Yo fui a la ONU para hablar a los estados miembros del Consejo de Seguridad y agradecerles sus esfuerzos en la RDC, así como para recordarles urgentemente las numerosas consecuencias de todos estos años de violencia, que implican inestabilidad para todos. Sin embargo, necesitamos todavía más ayuda y un compromiso serio por parte de todos los sectores de la comunidad internacional.

En todos estos años, hemos perdido a unos seis millones de personas y estamos muy preocupados por nuestro país. No queremos seguir contando a nuestros millones de muertos. Ahora queremos actuar juntos y de manera responsable. Es necesario adoptar medias en ámbito local, nacional y regional. Todos deben rendir cuentas.

¿De qué manera ayuda la ONU a la RDC? 
Los Obispos queremos dar las gracias a la ONU por la “Brigada de intervención”, que fue creada el mes pasado, como iniciativa críticamente importante para ayudar a derrotar a los grupos armados, en la región de Kivu. Es una acción imprescindible, pero que se verá complicada por muchos factores y ante la realidad del terreno. La brigada tiene un mandato inicial por un periodo de un año. Los Obispos creen que la brigada será más fuerte y está mejor equipada que los grupos armados, que usan táctica de guerrilla, en una región muy montañosa.

¿Qué importancia tiene la Iglesia en la resolución de este conflicto?
Vivimos en y con nuestras comunidades y, como Iglesia, podemos facilitar hechos desde el terreno. Estamos preparados para desarrollar un diálogo mejor con el Gobierno y todas las demás partes, para poner fin a esta grave situación de inestabilidad. Las profundas y horribles repercusiones de los minerales ‘conflictivos’ han sido particularmente devastadoras para las mujeres. Y no puede continuar así. Hay parar. Es necesario reconsiderar el Proceso de Kimberly.

La Iglesia católica de la RDC está muy implicada en ayudar a las comunidades locales de todo el país. El 40% de las escuelas y el 45% de la asistencia médica de nuestro país está financiada por la Iglesia católica.

¿Cuál es la mayor preocupación de la Iglesia? 
Estamos extremadamente preocupados por los más de dos millones de desplazados internos. Ellos necesitar retornar a sus aldeas y necesitan ayuda económica, para su desarrollo. Es necesario que veamos crecer la economía, pero hay que conseguir la paz para poder llevar a cabo estos cambios importantes en nuestra calidad de vida.

¿Cuáles son esos cambios para la Iglesia? 
Los mayores retos para la Iglesia católica de la RDC son: la evangelización y la consecución de la paz, que llevamos buscando desde hace mucho tiempo. La gente está muy cansada ya de estar desplazada. Más de 15 años de un viaje largo y difícil. Estos ciclos de violencia e inestabilidad simplemente se siguen sucediendo continuamente.

¿Qué papel desempeña la comunidad internacional en la resolución de la crisis en la región oriental del Congo?
La comunidad internacional tiene que abordar una de las causas principales de la inestabilidad y la violencia en la región de Kivu: la explotación ilícita de recursos naturales, que pertenecen al pueblo congoleño. EE.UU. ha adoptado medidas eficaces, con la ley Dodd-Frank, sección 1502. Otros países (como Canadá y Gran Bretaña) podrían hacer lo mismo. Con leyes internacionales que regulen la explotación de estos recursos, se podría poner fin a la violencia. La CENCO (Conferencia Episcopal de la RDC, que reúne a 45 obispos) exhorta a EE..UU. para que convoque una conferencia internacional sobre este tema, con el fin de evidenciar el perfil de este asunto y empujar la adopción de más medidas.

Mientras tanto, si vuelve la paz, gracias la Brigada de la ONU, la comunidad internacional tendrá que financiar los esfuerzos del Congo para ayudar a los 2 millones de desplazados internos a retornar a casa, asegurando ayuda humanitaria y económica.

¿Cuál ha sido el papel que ha desempeñado Caritas en el conflicto de su país?  
Caritas ha sido de gran ayuda, acompañando en todos los niveles, con valor y compasión. Así como con su capacidad para marcar la diferencia, en la vida de las personas y las comunidades. Numerosas organizaciones miembros de Caritas, y sus socios de todo el mundo, nos ayudan a ayudar a nuestras hermanas y hermanos, tanto a jóvenes, como a ancianos. A través de Caritas, la Iglesia cumple su misión evangélica. Vivimos, trabajamos y rezamos, cada día dando gracias a todas las personas que trabajan en Caritas, porque nos acompañan, en comunión y solidaridad, a ayudar a las comunidades, que han quedado destrozadas por la violencia y la incertidumbre.