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Ya ha pasado un año del ciclón Nargis, que causó la muerte de más de 140.000 personas y dejó a más de dos millones sin techo, y la red Caritas sigue promoviendo la dignidad de los damnificados.

Caritas ha facilitado ayuda humanitaria de primera necesidad a más de 100.000 personas, así como mantas y mosquiteros a unas 40.000 personas, y utensilios de cocina y artículos para la higiene personal a otras millares de familias.

El Arzobispo de Yangon, S. E. Mons Charles Bo, dirigiendo la respuesta local, afirma que el logro más importante de la Iglesia ha sido su capacidad de ofrecer apoyo a las personas más vulnerables de entre los damnificados por el ciclón: “Nuestra intervención tenía como objetivo las aldeas y lugares desatendidos por los demás. Nuestras flexibilidad se convirtió en nuestra fuerza”.

El Arzobispo Bo, dio las gracias a todo el mundo por su ayuda y, en especial, a la comunidad católica internacional, porque ayudaron con gran generosidad a la población de Myanmar (Burma), en momentos de gran necesidad. Sin embargo, puso en evidencia la necesidad de no olvidar a los damnificados en los próximos años, que serán necesarios para reconstruir todo lo que se ha perdido.

“Nos hemos recuperado de la tristeza, la confusión y la impotencia, pasando al gozo, la caridad y la esperanza, gracias a la presencia de Caritas Internationalis. Todavía queda mucho por hacer, para que vuelva la vida a la zona arrasada por el ciclón. Mientras, la Iglesia seguirá realizando su labor, salvando vidas, tanto tiempo como sea necesario, animada por el apoyo de la familia de Caritas Internationalis”, dice el Prelado.

Caritas Australia es la organización facilitadora de las operaciones de la confederación Caritas. Rosemary Pikko, Coordinadora de Emergencias de la Oficina nacional de Karuna (la Caritas local), indica que mientras ya se está respondiendo a las necesidades inmediatas, decenas de millares de personas necesitan asistencia continua: “Algunas personas todavía están viviendo en alojamientos construidos con toldos y muchos todavía luchan por reconstruirse un medio de sustento”.

Sin embargo, aunque se ha hecho mucho, las operaciones de rehabilitación a largo plazo están sólo iniciando. Junto a la magnitud de la catástrofe y las constantes dificultades de acceso a las áreas afectadas, hay que destacar el problema de la escasez de alimentos, a causa de las perdidas registradas en la producción de arroz en el delta, y que afecta a más de 5 millones de personas, en todo el país.

Más del 50 por ciento de las familias agrícolas damnificadas, en el delta, no tienen ahora los recursos que tenían antes del ciclón, como el ganado, las reservas de simientes, los huertos y el acceso a tierra arable. Por otra parte, hasta un 75 por ciento de los pescadores no ha podido todavía conseguir nuevas barcas, ni redes. Numerosas familias siguen viviendo en refugios construidos con toldos y ahora, de nuevo, se verán expuestas a la inclemencia del tiempo, el viento y la lluvia, pues está llegando la temporada de lluvias.

La fase actualmente en marcha, en la respuesta de la Confederación Caritas al Nargis, se centra en el incremento de la producción agrícola a pequeña escala, el desarrollo de pequeños negocios y microempresas, mediante la promoción de préstamos renovables automáticamente, bancos de simientes de arroz y ganado, mejorando el mercado y el acceso al mismo, y desarrollando cooperativas.

Caritas se está concentrando también en apoyar la prevención de las catástrofes. realizando programas de preparación a las mismas, en la aldeas, así como capacitando una red local que este lista para funcionar ante posibles catástrofes.

Con su trabajo, Caritas fomenta la esperanza y la dignidad de aquellos que todavía sufren las consecuencias del ciclón. “Ahora cuando veo a personas damnificadas por el ciclón muchas de ellas pueden ya arreglárselas sin ayuda. Los aldeanos nos han dicho que ahora sienten un mayor espíritu comunitario que antes, ya no piensan sólo a su propia familia, sino que intentan ayudar a los demás”, dice Rosemary.

Caritas, con su amplia red de voluntarios y simpatizantes en todo el país, está en una buena posición para seguir adelante con su labor, salvando vidas. Sin embargo, necesita urgentemente más recursos para apoyar sus actividades. Y concluye el Arzobispo Bo: “Quiero reiterar mi profundo agradecimiento a toda las personas que han manifestado su solidaridad con nuestro pueblo”.