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Gharam (11) and Nafeh (10) recently lost their mother and three siblings during the conflict in Syria. Their father brought them to a refugee settlemnt in Bekaa Valley in Lebanon three days ago. He has returned to Syria to work and his cousin is looking after them. Credits: Nicholson/Caritas

Gharam (11) and Nafeh (10) recently lost their mother and three siblings during the conflict in Syria. Their father brought them to a refugee settlemnt in Bekaa Valley in Lebanon three days ago. He has returned to Syria to work and his cousin is looking after them.
Credits: Nicholson/Caritas

“Teníamos una vida maravillosa”, dice Gharam, una refugiada siria de 11 años que ahora vive en el Líbano. “Yo iba a la escuela. Tenía amigos. Era feliz”.

Esa forma de vida ha sido destruida por la brutal guerra civil en Siria.

Gharam vivía en Hassakeh, al noreste de Siria. “Lo más aterrador eran los bombardeos”, dijo. Su escuela fue destruida y ella fue testigo de cómo derribaban las casas de sus amigos.

Lo que empezó con niños pintando grafiti contra el contra el régimen del gobierno en una pared en el pueblo sirio de Deraa en marzo de 2011, se ha transformado en una brutal guerra civil en Siria, y en la crisis humanitaria más grande en que Caritas está trabajando en la actualidad.

Ha habido al menos 100.000 muertos, casi 7 millones de personas en Siria necesitan ayuda y 4 millones han sido obligadas a abandonar sus hogares en todo el país. Más de 1,7 millones de personas han huido a los países vecinos.

Sin embargo, las cifras no reflejan adecuadamente el verdadero costo de la guerra.

“Perdimos a nuestra madre y la amábamos”, dijo Gharam. “No puedo vivir sin mi mamá. La necesito”. Su madre y tres hermanos y hermanas murieron en un ataque con cohetes en el mes de junio.

Ahora, Gharam cuida a su hermano de 10 años, Nafeh, en Qab Elias, un campamento improvisado con carpas para refugiados sirios en el Valle de la Becá, en Siria. Su padre ha vuelto a Siria y ella vive en la tienda de campaña con un primo.

Caritas les está distribuyendo ayuda. Reciben ropa, colchas, kits de higiene y paquetes de víveres. Caritas Líbano ha ayudado a 10.000 familias con distribuciones de ayuda desde el inicio del conflicto, pero las necesidades están aumentando. Tan sólo el pasado mayo, Caritas ayudó a 2.000 familias con distribuciones.

Khatar (42) with some of the 17 children that live with her in an abandoned cow shed in Lebanon's Bekka Valley since fleeing Syria due to the war. Credits: Eoghan Rice / Trócaire

Khatar (42) with some of the 17 children that live with her in an abandoned cow shed in Lebanon’s Bekka Valley since fleeing Syria due to the war. Credits: Eoghan Rice / Trócaire

“Si Caritas no estuviera aquí, no comeríamos”, dijo Khatar. La madre de 42 años con seis hijos vive en un establo en una granja en el Valle de la Becá. El pequeño recinto de madera y láminas de metal alberga en total a 25 personas, casi todas mujeres y niños.

“Es horrible”, dijo. “Una tubería de desagüe atraviesa el establo. Gotea cuando llueve. Los niños están muy enfermos debido a la mala higiene. Pero o vivimos aquí o vivimos en la calle”.

Khatar dice que es demasiado pobre y no se puede permitir pagar transporte para ir al centro de Caritas que queda cerca, en donde opera una unidad médica. Así que un doctor la visitará. Las clínicas móviles de Caritas van por el Valle de la Becá para brindar atención médica a los refugiados sirios que viven allí.

“Vemos muchos casos de diarrea”, dijo el Dr. Joseph Homsi, que trabaja en la clínica móvil y que hoy están en el centro de Caritas en Taalabaya. Hay muchos casos de sarna, piojos, alergias cutáneas y lishmania, un parásito repugnante que provoca terribles yagas en la piel.

“La mayoría de problemas se deben a condiciones de vida antihigiénicas”, dijo el Dr. Joseph. Caritas está impartiendo sesiones de promoción de salud para los refugiados, mostrando técnicas sencillas para mantenerse saludable y evitar infecciones.

Uno de los problemas más graves a que se están enfrentando los refugiados sirios en el Líbano es el daño psicológico como consecuencia de sus experiencias.

Krist, 13, fue secuestrado junto con sus padres por asaltantes armados en Siria. “Llevaban armas y tenían la cara cubierta”, dijo. “Golpearon a mi padre con la pistola y a mi madre le arrancaron los pendientes de las orejas. Dijeron que le iban a cortar los dedos para quitarle los anillos, pero ella se los logró quitar”.

Habían caído víctimas de pandillas armadas que buscaban sacar provecho del caos que ha envuelto a Siria. Krist y su familia sabían que pronto iban a volver a ser blanco de los delincuentes, así que tomaron la decisión de abandonar su hogar y buscar seguridad en el Líbano.

Siham Aho (55) with her son Krist Gourie (13), who survived a brutal robbery by armed gangs looking to profit out of the chaos that has engulfed Syria. They are staying at the Mount Gabriel Monastery in Daher El Souwan, near Beirut in Lebanon. Caritas Lebanon prrovides food kits to the Syrian families and counseling. Credits: Nicholson/Caritas

Siham Aho (55) with her son Krist Gourie (13), who survived a brutal robbery by armed gangs looking to profit out of the chaos that has engulfed Syria. They are staying at the Mount Gabriel Monastery in Daher El Souwan, near Beirut in Lebanon. Caritas Lebanon prrovides food kits to the Syrian families and counseling.
Credits: Nicholson/Caritas

Ahora Krist sufre trauma. Tiene flashbacks de gente con uñas largas rojas tratando de sofocarlo. Le tiene fobia a la oscuridad y a estar a puertas cerradas, y ha desarrollado tics nerviosos.

“Todo aquel que deja su país debido al conflicto es un superviviente del trauma”, dice la psicóloga de Caritas Líbano, Maureen Mahfouz.

Caritas tiene psicólogos en sus centros y trabajadores sociales que visitan a las familias para brindar orientación y terapia si es necesario.

“Siempre que hay un ciclo de violencia, uno tiene que cortarlo en algún lado”, dice Maureen Mahfouz. “Para eso que estamos aquí – brindando ayuda evitamos que la violencia se repita”.

Después del tratamiento o la terapia la gente empieza a pensar positivamente. Los niños se vuelven más felices y dicen que no pueden esperar para volver a las sesiones.

“Nuestro papel es apoyarlos”, dice el Presidente de Caritas Líbano, P. Simon Faddoul. “La gente no necesita sólo ayuda material, también necesita afecto. El personal de Caritas escucha su sufrimiento y eso les vuelve a dar esperanza”.

Caritas Líbano ha ayudado a alrededor de 90.000 refugiados Sirios hasta ahora. No obstante, eso es apenas parte de la historia en la región. En Siria, Jordania y Turquía, Caritas está trabajando para ayudar a aquellos en apremiante necesidad.

En Jordania, Caritas ha ayudado a más de 110.000 personas con, entre otras cosas, víveres, apoyo para vivienda, calentadores y colchas, orientación, atención médica primaria y educación para los niños.

Dr Joesph Homsi of Caritas Lebanon treats Yamen (4) a patient in the clinic in Taalabaya, Bekaa, Lebanon. Credits: Nicholson/Caritas

Dr Joesph Homsi of Caritas Lebanon treats Yamen (4) a patient in the clinic in Taalabaya, Bekaa, Lebanon. Credits: Nicholson/Caritas

En Siria, Caritas Siria ha podido ayudar a 40.000 personas en Damasco, Alepo, Homs, Coast, Jazire y Horan. Trabaja con cristianos y musulmanes, y a veces sus centros están en la línea de frente. El enfoque principal es atención médica, víveres, colchas, ropa y ayuda para pagar el alquiler.

“La sociedad civil está encabezando una resistencia secreta contra este oscuro cuadro. Estamos luchando contra las penurias y la violencia en silencio y con dignidad”, dijo el Presidente de Caritas Siria, Obispo Antoine Audo.

Es posible que todavía haga falta lo peor. La Agencia para Refugiados de la ONU predice que habrá 3,45 millones de refugiados sirios para finales de 2013. Si se reanudan los combates a los principales núcleos de población de Alepo o Damasco, el número de refugiados se podría disparar.

“La crisis de Siria ha sido una de las tareas más difíciles a que nos hemos enfrentado jamás. Pero estoy realmente sorprendido con la resiliencia de los refugiados sirios”, dijo el P. Faddoul. “Su inexorable espíritu humano nos devuelve la esperanza”.

Si la pequeña Gharam pudiera pedir lo que quisiera, dice que desearía un cambio de ropa, un teléfono para poder llamar a su padre y saber cómo está, y volver a la vida que tenía antes de la guerra. Para su hermano pequeño, Nafeh, ella quisiera un cochecito de juguete, un pájaro como mascota y “vivir en paz”, un ruego que todos compartimos.