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Archbishop of Bangui, Dieudonne Nzapalainga (R), addresses the president of Muslim Community, Imam Omar Kobine Layama (L) and Protestant Reverend Nicolas Gueret Koyama (C) on November 8, 2013 in Bangui. Credit: Matthieu Alexandre/Caritas

Archbishop of Bangui, Dieudonne Nzapalainga (R), addresses the president of Muslim Community, Imam Omar Kobine Layama (L) and Protestant Reverend Nicolas Gueret Koyama (C) on November 8, 2013 in Bangui. Credit: Matthieu Alexandre/Caritas

Los líderes religiosos se unen para tratar de lograr la paz en la República Centroafricana. Se enfrentan a enormes desafíos, pero tienen fe en que tendrán éxito.

El país ha sido descrito por las Naciones Unidas como un “yesquero”. Francia ha ido más allá, diciendo que está “al borde del genocidio”.

En marzo de 2013, una coalición de combatientes locales, chadianos y sudaneses, llamada Seleka, derrocó al gobierno, tomó la capital y hundió al país en la anarquía.

Los combatientes Seleka se han identificado a sí mismos con el islam, han atacado iglesias y han tratado de avivar tensiones entre religiones. Las milicias, que han surgido para defender a las poblaciones locales, han lanzado ataque más extendidos, incluyendo ataques contra las comunidades musulmanas.

Caritas está apoyando a un organismo interreligioso para la construcción de la paz que incluye a líderes católicos, protestantes y musulmanes.

El Arzobispo católico Dieudonné Nzapalainga de Bangui, el líder musulmán nacional Imán Oumar Kobine Layama y el líder evangélico nacional Pastor Nicolas Guerékoyame Gbangou hablan sobre su iniciativa.

Arzobispo Dieudonné Nzapalainga: Nos reunimos por primera vez en diciembre de 2012, cuando el Presidente Bozize estaba incitando a los cristianos a la violencia contra sus hermanos y hermanas musulmanes, atemorizando a la gente hablando de una ola de islamización y alentándolos a tomar las armas. Nos juntamos para proteger a los musulmanes.

Cuando el movimiento Seleka tomó vuelo en diciembre, robaron vehículos y asaltaron a la gente. La comunidad cristina sintió que esta violencia estaba dirigida a ellos. Era algo nuevo, no habíamos experimentado esto antes. Antes vivíamos juntos en simbiosis. No queríamos dejar que Seleka destruyera toda esta historia compartida.

Imán Oumar Kobine Layama: Seleka desgarró nuestro tejido social con sus acciones. Su comportamiento se perdona en nuestras religiones – tanto la Biblia como el Corán dicen que los cristianos y los musulmanes deben vivir juntos y en paz.

Cuando llegó Seleka, los musulmanes tuvieron que pagar para proteger sus tiendas. Puesto que hablan el mismo idioma, los chadianos y los sudaneses llegan y los musulmanes no pueden rechazar sus demandas por temor a represalias, pero no simpatizan con Seleka. Tenemos que evitar que nuestras comunidades caigan en su violencia entre comunidades.

Arzobispo Dieudonné Nzapalainga: Viajamos a lugares en donde se ha reportado violencia o tensiones para hablar con ambos lados y tratar de disipar la situación. Llevamos a cabo un taller de formación para comunicar nuestra visión, para hacer posible que las personas vivan juntas.

Imán Oumar Kobine Layama: Nuestra plataforma existe para educar y facilitar la reconciliación en las comunidades. Tenemos que mantenernos unidos para luchar contra este comportamiento violento. Cuando predicamos este mensaje, la mayoría de gente lo acepta como un acto de cohesión y fraternidad nacional, nos siguen. Mi mayor temor es que Seleka no quiere esta plataforma interreligiosa.

Pastor Nicolas Guerékoyame Gbangou: El mayor desafío es la seguridad y esto afecta a todos, tanto cristianos como musulmanes. Los niños ya no tienen acceso a la educación, las escuelas son destruidas, queman los pupitres y esto tendrá consecuencias a largo plazo. Los hospitales han sido saqueados y dejan morir a la gente sin atención. La gente no ha podido sembrar debido a la violencia, el hambre acecha y si no llega asistencia todos nos convertiremos en mendigos.

Imán Oumar Kobine Layama: Hay que llevar a cabo el desarme rápidamente. Aquí hay mercenarios y nos preocupa el proceso de integración – no podemos integrar a criminales a nuestras fuerzas armadas, esto no es negociable y nos haremos escuchar. Tenemos que ser firmes y protestar contra el mal empleo de la religión y tenemos que formar a más agentes de la paz y colocarlos en todo el país.

Arzobispo Dieudonné Nzapalainga: La administración civil existe sólo de nombre. Podemos rehabilitar los edificios, pero los burócratas tienen miedo a volver – tenemos que protegerlos para que puedan asumir sus tareas y para hacerlo necesitamos de un ejército profesional integrado por personas que aman a su país y quieren proteger a sus ciudadanos.

Pastor Nicolas Guerékoyame Gbangou: El proceso de transición debería realizarse en 18 meses. Necesitamos pacificar al país rápidamente mediante el desarme y tener elecciones creíbles para devolver la estabilidad.

Arzobispo Dieudonné Nzapalainga: Nuestro principal desafío es vivir juntos cuando hemos sido destrozados por la violencia, nos vuelve sospechosos unos de otros, tememos que nuestro vecino sea un informante o un colaborador. Reconstruir el tejido social tomará tiempo. Desarmar a la gente es una cosa, desarmar corazones es una tarea mucho más difícil.

Pastor Nicolas Guerékoyame Gbangou: La comunidad internacional debe salir de su indiferencia. Estamos contando los muertos ¿por qué están esperando a que ocurra un genocidio para intervenir? Deben prevenir el conflicto. Exhorto a los países que están dudando a que se involucren con urgencia y nos libren de estos mercenarios.

Arzobispo Dieudonné Nzapalainga: Sabemos que si no actuamos nos hacemos cómplices. La República Centroafricana se convertirá en un santuario para terroristas, bandidos y traficantes de drogas. Tenemos fronteras con seis países y podrán lanzar ataques contra ellos. Aquí, ellos son los caudillos. Tienen el derecho a la vida o la muerte de la gente y están aumentando en número cada día. La comunidad internacional debe venir rápidamente.

Es necesario reforzar a Caritas para que pueda ayudar a más personas. Necesitamos fondos y apoyo para hacer posible que los organismos de socorro atiendan a la gente e inicien un verdadero desarrollo. Nuestros llamamientos humanitarios no cuentan con suficiente financiación. Estamos viendo a la gente morir ante nosotros, como animales. Es hora de reaccionar.