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Shaha Ibrahim and one of her daughters (Photo: Val Morgan)

Shaha Ibrahim and one of her daughters (Photo: Val Morgan)

Val Morgan del Scottish Catholic International Aid Fund (SCIAF) escribe un blog sobre la respuesta de emergencia de Caritas de Líbano y Jordania a los refugiados sirios.

¿Cómo es posible causar tanto dolor y sufrimiento a un pueblo y que los que lo estén causando no se den cuenta? ¿Díganme qué ideología o política pesa más que el derecho a la vida?

Aproximadamente 9,3 millones de los 23 millones de habitantes de Siria necesitan ayuda. La cantidad de personas que han perdido sus hogares o han sido obligadas a huir alcanza ahora los 6,5 millones en Siria y más de 2 millones en los países vecinos.

Sin embargo, detrás de cada una de ellas hay un ser humano que aprecia la vida, ama a su familia y simplemente quiere vivir en paz.

Shaha y Abboud Ibrahim tienen dos hijas preciosas, y huyeron de Hasaki, en Siria. Ellos se vieron atrapados cuando un combate se prolongó durante dieciocho días alrededor de ellos. Cuando ellos y sus hijas salieron a la luz del día para poder escapar, los edificios a su alrededor seguían ardiendo en llamas y las calles estaban llenas de cadáveres.

Abboud me dijo: “Muchos de nuestros vecinos murieron o resultaron heridos por las metrallas, vimos sus cadáveres, pensamos que seríamos los siguientes, las niñas estaban hambrientas. Salimos huyendo. Nos tardamos un mes en caminar al Líbano”.

Cuando ocurrió todo esto, Shaha estaba embarazada de 3 meses. Afortunadamente, su preciosa hija, Byane que ahora tiene dos meses, nació de forma segura y es parte de una familia amorosa. Pareciera que todos han perdido algo, pero ahora su vida es difícil.

Ahmad tenía cinco hermanos, dos murieron, los otros siguen en Siria. Él vive con su esposa y sus hijos, y las familias de sus cinco cuñadas. Ahora su situación apenas es soportable, ya que viven en una choza rudimentaria que hicieron con plásticos y bloques de hormigón.

Los niños se enferman a menudo y no han ido a la escuela desde que huyeron. Son pobres y pasan apuros para sobrevivir. Sin embargo, hasta hace poco vivían en un establo de tres por cinco metros por el cual atraviesa una tubería de desagüe por la que fluyen desechos humanos.

Lo vi con mis propios ojos y nada podía ser peor, haber salido de ese asqueroso establo fue un paso en la dirección correcta.

Durante estos encuentros me acompañó el buen personal de Caritas Líbano, que caminan junto a los que están sufriendo, además de brindarles ayuda práctica como víveres, kits de higiene, cobijas, colchones, combustible, estufas y atención médica.

A pesar de todo el horror del que la gente es capaz, sigo pensando que siempre hay más personas buenas en el mundo. Cuando conozco a personas y soy testigo de situaciones como esta, a veces me cuestiono.