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Armoud Badion and his family in the remains of their house in Barayune in Palo diocese, which was destroyed by Typhoon Haiyan. Credit: Nick Harrop/CAFOD

Credit: Nick Harrop/CAFOD

Un mes después de que el Tifón Haiyan sacudiera Filipinas, aún puede verse su impacto desde el momento en el que se aterriza en la isla de Leyte. La cubierta del aeropuerto de Tacloban salió volando, la cinta transportadora fue arrastrada por las aguas, dejando solo la destrozada base, y la pista está cubierta de charcos y restos de madera y hierro retorcido que han sido echados a un lado para que los aviones puedan aterrizar.
Conduciendo hacia el sur por Tacloban, no se ve ni siquiera un edificio que no haya sufrido daños. La mayoría de las casa fueron derribadas. A lo largo de muchas millas hay poco más que armazones de acero doblados y descuidados montones de madera. Edificios enteros fueron barridos a cientos de metros de sus ubicaciones originales.

No obstante, hay una notable actividad: carpinteros serrando cocoteros caídos, trabajadores con cascos reparando tejados, excavadoras quitando escombros. Un mes más tarde, es extraordinario ver la energía y la determinación con la que la gente está reconstruyendo su vida.

En colaboración con la Iglesia local, las agencias de Cáritas han estado en primera línea en las operaciones de auxilio. Durante el primer mes, Cáritas ha estado con cientos de miles de personas, suministrándoles alimentos, cobijo, agua limpia, kits de higiene, herramientas y letrinas, y realizando iniciativas de cash-for-work (dinero por trabajo) a través de las cuales estas personas pueden quitar los escombros y reconstruir sus vidas.
Armoud Badion, que vive en la ciudad de Palo, ha recibido apoyo de la agencia de Cáritas Catholic Relief Services (CRS):

“Este ha sido el tifón más fuerte que he vivido”, dice. “Se llevó muchas vidas por delante y la mayoría de las casas de aquí quedaron destruidas. Nuestro primer instinto fue proteger a nuestros hijos. Yo me sentí aterrorizado porque pensaba que me había llegado la hora pero después me di cuenta de que no era así y de que soy importante en este mundo para bien de mi familia”.

“Hoy he recibido unos toldos que me han enviado desde CRS. No podemos comprarlos aquí, ya sea porque están agotados o porque son carísimos. Los voy a usar para reparar el tejado y hacer una especie de pared para que mis hijos estén seguros”.
“Estoy muy contento. Todos aquí están contentos. Les estoy muy agradecido a CRS y a toda la gente que nos está ayudando”.
Mientras que la destrucción en la isla de Leyte ha sido ampliamente difundida en todos los medios de comunicación, el tifón también ha causado severos daños en otras partes de Filipinas, incluso en algunas de las islas más remotas. Cáritas Suiza ha enviado alimentos, kits de abrigo y herramientas a cientos de familias en la Isla de Hilantagan, solo accesible en pequeñas barcas pesqueras.
Pablio Elliut, un concejal de la isla, ha dicho: “Cáritas nos ha traído arroz, cubos, clavos, sardinas, jabón, champú, martillos, sierras y toldos. Todos estas cosas son de gran utilidad. Hemos puesto los toldos en nuestras casas y usado las herramientas para llevar a cabo trabajos de reparación. La gente de aquí está muy contenta de haber recibido todo esto”.
En toda Filipinas, la respuesta de Cáritas ha sido dirigida por un ejército de voluntarios locales.
Jasper, un voluntario de 17 años que apoya Cáritas Filipinas en Palo, cuenta:
“Cuando el auxilio llegó a Palo nos organizamos en equipos. Hemos estado empaquetando productos y suministrando alimentos, agua y ropa a los más afectados, especialmente a aquellos que no pueden abastecerse a sí mismos. A todos los voluntarios de aquí nos afectó el tifón pero ayudamos a los demás”.
“Cuando envías ayuda, la gente grita, no porque estén enfadados sino porque están contentos. Saben que nosotros también somos de Palo, los estamos ayudando, nos estamos ayudando unos a otros. Se sienten aliviados al pensar que alguien todavía se sigue preocupando por ellos. Es realmente cierto que cuando alguien necesita ayuda, Dios siempre provee. Somos realmente dichosos”.
La Biblia nos asegura que si das, Dios te devuelve el ciento por uno. Principalmente, les estoy muy agradecido a todas las personas que desde el extranjero han estado ayudando tanto a Filipinas. Os tendremos siempre presentes en nuestras oraciones”.