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El Papa Francisco yMichel Roy, Caritas Internationalis Secretario General

La Iglesia existe para evangelizar: esa es su identidad y su misión. Desde su elección al solio de Pedro, el Papa Francisco invita continuamente a todos los miembros de la Iglesia a participar en esta misión, a hacerlo con gozo y activamente. Porque el mensaje cristiano se llama  «Evangelio», o sea, «buena nueva» y la Iglesia no es un refugio para personas tristes, ¡es la casa de la alegría! Aquellos que están tristes, encuentran allí la verdadera alegría, que no es una alegría cualquiera, sino la que se siente al saberse acogidos y amados por Dios (cf. Ángelus del 15 de diciembre de 2013).

En mi opinión, estas palabras forman un buen resumen de la Exhortación Apostólica «Evangelii Gaudium» (EG), la primera del Papa Francisco, que ha sido recibida por la Iglesia y el mundo como un mensaje fresco, un incentivo, para imaginar lo que parece imposible en un mundo, en el que las malas noticias ocupan continuamente las portadas de los medios de opinión e información.

Cada uno de nosotros debería leer, meditar y apropiarse de los cinco capítulos que forman este documento extraordinario, para descubrir lo esencial:

  • La teología del Papa, que afirma la centralidad de Jesucristo, nos muestra a un Dios misericordioso que no se cansa nunca de serlo, une la fe a la justicia y dirige la atención hacia la jerarquía de las verdades, etc.
  • La espiritualidad del Papa Francisco y su exhortación al discernimiento, su apoyo a la piedad popular, su preocupación por la inculturación de la fe y el mensaje cristiano.
  • La visión del mundo de Francisco y sus enseñanzas conciernen a la economía, el bien común, la participación de todos, el rechazo de toda forma de exclusión y la atención a los pobres. Este punto se refiere a la misión específica de Caritas Internationalis y de sus miembros en la Iglesia. Esto será el punto de atención de esta breve nota sobre  Evangelii Gaudium.
  • La reforma institucional necesaria para asegurar más colegialidad y la descentralización en el funcionamiento de la Iglesia.
  • La comunicación de Francisco y su lenguaje accesible, lleno de imágenes y utilizando abundantes referencias.

He discutido recientemente con un amigo sobre el contenido de este importante documento y concordamos en que la principal llave de lectura de esta Exhortación Apostólica consiste en que cada uno concentre su atención, sobre todo, en los retos y las interpelaciones que «me» conciernen personalmente como cristiano, y para nosotros, ¡como personas comprometidas en Caritas! Luego hemos compartido algunos descubrimientos de la lectura de EG.  Nos referimos a:

  • Ser explícito con Jesús y su mensaje (121). ¿No nos dijo un día que no se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín?
  • Rechazar el status quo, mirar la dinámica de la sociedad de Jesús y aceptar la  conversión misionera «que no puede dejar las cosas como están (25)
  • Eso significa también comprometerse a hacerlo pacientemente, en procesos que darán resultados a largo plazo (223).
  • Salir de nuestra comodidad y tener el valor de alcanzar todas las  periferias que necesiten la luz del Evangelio (20).

Nosotros estamos aquí, en el corazón de la misión de Caritas Internationalis y de sus miembros. Se trata claramente de un llamamiento renovado para llegar hasta la pobreza y los marginados para evangelizarlos y dejarnos evangelizar por ellos.

Esta misma preocupación se reitera a largo de toda la ‘Exhortación Apostólica. Porque el Evangelio nos compromete no tanto con «los amigos y vecinos ricos sino, sobre todo, los pobres y los enfermos, aquellos generalmente menospreciados y olvidados ‘que no te pueden corresponder’(Lc14, 14)». Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio (Lc 4,10) recuerda el Papa (48).  E insiste: «Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia. (…) Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos” (198).

Ninguna excusa puede justificar el abandono y la indiferencia ante la causa de los pobres. Nadie se puede sentir exento de la preocupación por los pobres y la justicia social. A la manera de Juan Pablo II, que invitaba e una nueva imaginación de la caridad (Novo Millenio Ineunte), Francisco dice que no hay que contentarse con comentar sus palabras, sino buscar colectivamente nuevos caminos para restaurar la dignidad a los pobres. De hecho, los planes de asistencia que hacen frente a algunas emergencias habría que considerarlos solo como respuestas provisionales. De eso deriva la necesidad, que no puede esperar, de resolver las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad  que son la raíz de los males de la sociedad (201, 202).

La invitación del Papa a cuidar de le fragilidad del pueblo y del mundo en el que vivimos me parece particularmente estimulante para nosotros. Se trata de prestar atención a las  nuevas formas de pobreza y fragilidad: a los sin techo, los tóxico-dependientes, los refugiados, las poblaciones indígenas, los ancianos, cada vez más solos y abandonados, las víctimas de la trata de seres humanos, las mujeres víctimas de la exclusión, los niños que van a nacer,  etc. (209-216). Porque el cristiano no puede darse el lujo de mantenerse a una «prudente distancia de las llagas del Señor», ni mirar desde lejos el corazón de los dramas humanos. Él debe realmente aceptar entrar en contacto con la existencia concreta de los demás y de experimentar la ternura de Dios (270). Por eso, el Santo Padre nos invita a mirar a Maria y, como ella, creer en la fuerza revolucionaria de la ternura y el afecto (288).

Que Caritas sea siempre y por todas partes testimonio de una Iglesia enviada a proclamar  la Buena Nueva y a ser la Buena Nueva, «con el fin de que todos tengan vida y la tengan en abundancia (Jn10, 10)».

Pierre Cibambo, Asistente Eclesiástico de CI