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La mitad de los niños sirios refugiados en Líbano no va al colegio. Foto de Sam Tarling/ Cáritas.

La mitad de los niños sirios refugiados en Líbano no va al colegio. Foto de Sam Tarling/ Cáritas.

“No puedo olvidar el día en que mi padre decidió que debíamos abandonar Siria”, dice Adileh, una refugiada de 15 años. “Estábamos muy asustados. Podía ver lo preocupado que estaba mi padre. Quería que estuviéramos a salvo”.

La familia de Shayma escapó a Jordania en mayo de 2013. Ella es una de las más de un millón de jóvenes que han huido de la guerra civil en Siria. La mayoría se enfrenta a una dura realidad de hambre y enfermedades. A muchos les persiguen pesadillas de la violencia de la que han sido testigos.

Han perdido meses, si no años, de educación. Al menos 3 millones de niños sirios han abandonado la escuela desde que comenzó la crisis, con aproximadamente 2’2 millones de niños sin escolarizar dentro de la misma Siria.

Son la generación perdida de niños de Siria.

La familia de Shayma encontró una habitación de alquiler en una ciudad de Karak y se registraron en un centro de Cáritas Jordania en el que reciben ayuda. El personal de Cáritas sugirió que ella, sus dos hermanos y su hermana se inscribieran en una escuela de educación no reglada que Cáritas dirige en el centro.

“Ir a la escuela del centro de Cáritas me ha dado la esperanza para creer que todavía hay algo en el mundo por lo que merece la pena vivir”, afirma. Los niños dan clases de inglés, árabe y matemáticas. Se ponen al día con lo que no estudiaron en Siria. Los cursos puente están diseñados para ayudarlos a que estén en el nivel educativo correspondiente a su edad.

También practican deportes, hacen juegos y dan clases de manualidades.

“Hemos aprendido a usar dibujos y pinturas para ayudarnos a expresar cómo y qué sentimos”, cuenta. “La clase de arte era mi preferida. Nos pedían que dibujáramos lo primero que se nos viniera a la cabeza. Yo pensaba en los sentimientos de unidad, amor y respeto que recibo aquí”.

“Gracias Cáritas”

Solo la mitad de los niños refugiados sirios va a la escuela en Líbano

Informal education classes at a Caritas centre in Jordan include art. Danny Lawson/PA wire

Las clases de educación no formal en un centro de Cáritas en Jordania incluyen arte. Danny Lawson/PA

“Muchos niños no pueden ir a la escuela”, afirma Monseñor Simon Faddoul, Presidente de Cáritas Líbano. “Muchos viven en condiciones deplorables. He conocido familias que luchan por sobrevivir en tiendas rodeadas de nieve, a veces sin zapatos ni ropa de abrigo”.

Ahmad es un refugiado sirio de nueve años. Llegó a Líbano con su familia hace menos de un año.

Alquilaron un deteriorado apartamento de dos habitaciones en Batroun por 250$ al mes. Con un coste de alquiler tan alto, sus padres no podían permitirse pagar las tasas de matrícula del colegio ni para él ni para su hermano de seis años, Ali.

Cáritas Líbano dirige una actividad de compromiso para la asistencia escolar. Sus trabajadores sociales se pusieron en contacto con la familia y consiguieron que los hermanos se matricularan en el colegio de forma gratuita como parte de un programa de UNICIEF.

Ahmad y Ali asisten ahora a la escuela pública Estphan Attieh de Batroun. También reciben material escolar, como mochilas y material de papelería. Tienen muchos amigos nuevos, tanto libaneses como sirios.

“Fue muy duro para mí aceptar que mis hijos tenían que vivir en unas condiciones tan deplorables, sin un auténtico hogar ni acceso a la educación”, dice su padre. “La asistencia que recibieron es una brillante luz en nuestra desesperada situación. Sin ella, la vida de nuestros hijos habría sido un auténtico desastre”

Cáritas apoya la educación, las tutorías, las actividades de recreo y la terapia postraumática para niños sirios en Líbano y Jordania.