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Peace march in South Sudan

Durante mi segundo día en Juba, la capital de Sudán del Sur, he escuchado algunas historias sobre gente que ha escapado de la violencia, que invade el país. En la capital, escondidas del ajetreo de una ciudad que poco a poco está volviendo a la normalidad, hay historias de mujeres y niños que se han llevado la peor parte de tanto sufrimiento.

Las calles de Juba pueden engañar al forastero. Se ven llenas de vida, señal de que la cuidad se está recuperando de los últimos sucesos violentos. Los disparos, que se habían convertido en rasgos típicos de la noche por aquí, ahora se oyen raramente.

En el polvoriento recinto de la catedral católica de Santa Teresa, queriendo hacer algo más que estar sentado, me puse a charlar con algunas mujeres, mientras sus inquietos hijos manoteaban en sus brazos o jugueteaban entre sus piernas. Ellas me dijeron que su mundo se había vuelto del revés por culpa de los enfrentamientos.

Stella Jacob, de solo18 años, ya es madre de tres niños y dio a luz sola a su bebé, Thomas Sebit, hace solo seis días. Encontré a la madre y al bebé, además de los otros dos hijos, dentro del recinto de la catedral, donde duermen todos en el suelo, en un edificio sin terminar que pertenece a las Hermanas del Sagrado Corazón.

Cubriendo a su bebé recién nacido con una mosquitera, Stella me contó que tuvo que escapar con sus otros dos hijos durante la noche, el pasado 15 de diciembre, embarazada de 8 meses. “Yo ni siquiera sabía cuando tenía que nacer mi bebé. Pero entonces me puse de parto y el bebé llegó incluso antes de que mi madre pudiera conseguir ayuda”, recuerda Stella. Su marido tuvo que ir a un cuartel para el reclutamiento, cuando empezaron los enfrentamientos. Ella no sabe si su marido sigue vivo.

Detrás de la violencia y las posturas políticas, la vida de la gente corriente es la mayormente afectada por la inestabilidad. Mary Abdalla Labalua, una madre soltera con 12 hijos, retornó a Sudán del Sur hace solo dos años. Ella quería empezar una nueva vida en su nuevo país, tras vivir toda su vida en Jartum, Sudán. Ella retornó llena de esperanza, compró una parcela y construyó una nueva vivienda. Su casa fue destruida en los dos primeros días de violencia.

Todavía hay tensiones. El alto el fuego es frágil. La gente no está completamente segura de lo que va a pasar.

No puedo viajar muy lejos de Juba. Sin embargo he podido hablar por teléfono con instituciones y organismos que colaboran con la Iglesia, en la localidad de Malakal. La Hna. Agnes Nyalik me dijo que hay perros y pollos que se están comiendo los cadáveres en descomposición: son las víctimas de los violentos enfrentamientos por el control de la ciudad. También he oído decir que hay cadáveres flotando en el Nilo.

Los médicos del hospital de Malakal están abrumados por el elevado número de pacientes que hay dentro del hospital. No existe un modo para distinguir entre los pacientes y las personas que solo buscan refugio.

Me han dicho que los alimentos – en su mayoría saqueados de las tiendas y almacenes de las ONG – – los venden ahora a precios exorbitantes, a todos aquellos que quieran aventurarse por las calles de Malakal.

Yo vi con orgullo, desde la comodidad de mi casa en Nairobi, como Sudán del Sur abrazada su independencia, el 9 de julio de 2011. A pesar de los horrores de la violencia, la población de Sudán del Sur todavía no ha perdido la esperanza y cree en su nuevo país. La gente está convencida de que la paz y el desarrollo son su futuro.

Los miembros de Caritas han facilitado ayuda, en la catedral de Santa Teresa, a la gente que ha escapado de la violencia, incluyendo la distribución de agua y utensilios de cocina. Joseph Kabiru es el Responsable de Prensa de CAFOD para África, con sede en Nairobi. CAFOD es miembro de CI de Inglaterra y Gales.