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Caritas Italiana presentó su Informe migración 2013

Muchos italianos con los que he hablado quieren que, cuando sus hijos sean mayores, se vayan al extranjero, porque hay pocas oportunidades para trabajar en Italia.

No se plantean el problema de si sus hijos serán aceptados en el país de destinación, ni se preocupan de si sus derechos serán respectados, o de que puedan ser explotados o su viaje de emigración pueda ser peligroso. De hecho, cuando yo decidí venirme a vivir a Italia, desde el Reino Unido, tampoco a mí se me pasó por la cabeza ninguno de estos problemas.

Caritas Italiana presentó el pasado 30 de enero su Informe migración 2013, elaborado en colaboración con la Fundación Migrantes, organismo pastoral de la Conferencia Episcopal italiana (bajar informe completo en pdf). Dicho informe indica que los inmigrantes en Italia deben hacer frente a la discriminación en diferentes áreas.

En ocasión de la presentación del arriba mencionado informe, por parte de Caritas Italiana, su Presidente, S. Exc. Mons. Giuseppe Merisi, afirmó: “Millones de emigrantes dejan su país escapando de persecuciones y miserias, buscando mejores prospectivas o simplemente por su mera supervivencia. Tienen expectativas, sin embargo, con frecuencia, son víctimas de infortunios que minan su dignidad humana”.

Oliviero Forti, Responsable del Servicio Inmigración de Caritas Italiana, indicó ejemplos concretos: a los inmigrantes les pagan 3,5 euros por 300kgs de tomates, que recogen bajo un tórrido sol en Italia; y a los que no tienen documentos les pagan 2,5 euros.

El informe dice que las familias de inmigrantes, como media, cobran un 56 por ciento menos que las familias italianas. Además, sufren más a causa de la inseguridad laboral y el desempleo.

En ámbito mundial, según fuentes de la ONU, 232 millones de personas emigraron a otros países en 2012, mientras en el año 2000 eran 175 millones. Casi 4,5 millones de extranjeros vivían en Italia en 2013 – un 8 por ciento más del año anterior. En orden decreciente, los inmigrantes llegan a Italia procedentes de Romania, Albania, Marruecos, China y Ucrania.

Las dificultades a las que deben hacer frente los inmigrantes a la hora de crearse una vida duradera son potenciadas por las leyes actualmente en vigor en Italia. Por ejemplo, los hijos de los inmigrantes nacidos en este país, no tienen la nacionalidad italiana.

Italia empezó a endurecer su legislación sobre la inmigración hace unos diez años, cuando se introdujo la ley ‘Bossi-Fini’, que actualmente está siendo revisada. Entre otras cosas, estipula como delito la inmigración ilegal e introdujo los ‘Centros de identificación y expulsión’ en los que se detiene a los inmigrantes ilegales. En referencia a dicha ley, Forti afirma: “Con ella hemos visto una sistemática violación de los derechos de los inmigrantes”.

La razones principales para que los inmigrantes busquen ayuda de Caritas, señala el informe, son: la pobreza, la falta de un empleo y de un techo. Y Caritas responde a estas necesidades porque: ayuda a los inmigrantes a encontrar un trabajo, les da acceso a ‘supermercados de solidaridad’, les ofrece asesoramiento jurídico, oportunidades de formación para mejorar sus prospectivas laborales o asesoramiento financiero, entre otros servicios.

Caritas se dedica a asegurarse de que los emigrantes estén bien informados antes de abandonar el proprio país. Una vez que lo han dejado, Caritas les facilita ayuda en el viaje de emigración y una vez que han llegado al país de destinación.

En la presentación del informe, el senador Luigi Manconi, presidente de la Comisión parlamentaria italiana para los derechos humanos, dijo que el informe de Caritas “desmantela los cuatro grandes prejuicios que dominan la percepción del fenómeno migratorio: que hay demasiados inmigrantes, que roban el trabajo a la población local, que incrementan la inseguridad y que representan la invasión islamista”.

De hecho, el incremento del número de inmigrantes en Italia, en los últimos años, se debe principalmente a los niños nacidos en el país de madres extranjeras.

Había una abundante presencia de fuerzas de orden en la presentación del informe. Solo pude entender el motivo cuando me di cuenta de que uno de los ponentes del acto era Cécile Kyenge, la Ministra italiana para la Integración.

Ella es de nacionalidad italiana, pero nacida en el Congo. Lleva unos 30 años viviendo en este país. El hecho de que ella ocupe un puesto tan relevante es una demostración de que la integración en Italia está avanzando. Sin embargo, desde que fue nombrada ministra, ha sido objeto frecuente de discriminación y agresiones verbales, incluyendo amenazas de muerte, a causa de su raza.

Dos días después del lanzamiento del informe, Caritas inauguró el Centro de Inmigrantes de Lampedusa, una isla italiana que se ha convertido en punto de tránsito para inmigrantes que escapan de la pobreza, la guerra y la persecución en el Norte de África y Medio Oriente, y que esperan encontrar una vida mejor en Europa.

Estos inmigrantes arriesgan su vida al atravesar el Mediterráneo y su prospectiva en Europa es desalentadora. Y sin embargo, cada verano llega la oleada de desesperados, a la búsqueda de una vida mejor.

En su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado 2014, el Papa Francisco dice: “ Trabajar juntos por un mundo mejor exige la ayuda recíproca entre los países, con disponibilidad y confianza, sin levantar barreras infranqueables”.

Pero hay una cosa segura: mientras haya guerras, hambre, desempleo e injusticias en el mundo, las personas seguirán emigrando, para garantizarse un futuro mejor para ellas mismas y sus hijos.