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Sudán del Sur quedó sumido en el caos a mediados del pasado mes de diciembre, cuando se registraron enfrentamientos entre tropas leales al gobierno y rebeldes que apoyan al ex vicepresidente.

Centenares de miles de personas abandonaron su hogares. Más de 5.000 personas buscaron refugio en la capital, Juba, en el recinto de la catedral de Santa Teresa. Todavía ahora, no obstante el cese el fuego, negociado a finales de enero, varios centenares de personas siguen allí.

Los miembros de Caritas Sudán del Sur, CRS y CAFOD trabajan, junto con las Hermanas del Sagrado Corazón, facilitando a las familias desplazadas comida, agua y medicamentos.

Leamos los relatos de tres vidas destrozadas por la violencia en Sudán del Sur.

El árbol nº 2 por casa

Julia Foni Laku and her children have been seeking protection in St Theresa Catholic Cathedral in Juba since December.  Credit: Joseph Kabiru/CAFOD

Julia Foni Laku y sus hijos han buscado protección en la catedral de Juba. Créditos: Joseph Kabiru / CAFOD

Julia Foni Laku, madre de tres hijos, vivía en el cuartel militar de Juba. La tarde del 15 de diciembre, comprendió que había algo que no funcionaba:

“Vi a soldados corriendo para recoger su armas y preparar vehículos blindados para el transporte de tropas. A las 10 de la noche, nos pusieron a todas las mujeres juntas en un lugar y empezaron los tiros, se oían disparos por todas partes.

“Cuando empezaron los enfrentamientos, todos salieron corriendo, dejando atrás todas sus pertenencias, por miedo de ser asesinados si seguían en sus casas.

“Yo sabía que no podía estar segura en el cuartel con mis hijos. Tuve que tomar una decisión por nuestra seguridad. Por eso, me fui a fui a la catedral de Santa Teresa con mis tres hijos.

“El árbol marcado con el número dos, dentro del recinto de la catedral, ha sido mi hogar en los últimos dos meses. Rogamos al Señor para que tenga piedad nosotros y que a nuestro país pueda volver pronto la paz”.

Un mosquitero para arropar a un bebé

En el caos que sobrevino tras los enfrentamientos, muchas mujeres fueron separadas de sus maridos y todavía no se han tenido noticias de ellos.

El marido de Stella Jacob estaba en un grupo de hombres que habían respondido a una llamada del Ejército a las armas. Tenían que ir al cuartel de Juba para ser reclutados, pero ella no sabe nada de él, desde entonces.

Stella Jacob and baby Thomas Sebit. Credit: Joseph Kabiru/CAFOD

Stella Jacob y su bebé, Thomas Sebit. Créditos: Joseph Kabiru/CAFOD

Stella estaba embaraza de ocho meses, cuando empezó el tiroteo. Escapó junto a sus otros dos hijos y a su madre. Se llevaron con ellas las pocas pertenencias que pudieron agarrar. Luego se refugiaron en el bosque para pasar la noche: “Yo estaba muy asustada, cuando me acurruqué en el suelo, junto a mis hijos y a mi madre. Sabía que por la mañana teníamos que ir a la catedral, para estar más seguros. Cuando llegamos a la iglesia, nos dejaron dormir en el suelo de un edificio del recinto eclesial. La noche siguiente, ya en una cama, cuando me di la vuelta sentí un dolor muy fuerte y supe que estaba de parto. Llamé a mi madre y le dije que fuera enseguida a buscar a la comadrona”.

Las horas siguientes fueron terribles para Stella, porque rompió aguas y tuvo que dar a luz a su bebé sin ninguna ayuda. Cuando Thomas Sebit nació, ella lo tuvo que envolver en un mosquitero: fue lo único que pudo encontrar para arropar a su bebé.

Aunque se siente segura en el edificio eclesial, Stella está angustiada por su futuro, ¿cómo podrá tirar adelante? Ella se pregunta cómo podrá rehacer su vida sin su marido: “No sé lo que nos reserva el futuro, a mí y a mis hijos, sin el apoyo de mi marido. Tengo pocos parientes aquí. ¡No sé qué será de mi vida!”

¿Qué futuro?

Jacob Jeniso tiene 14 años y otros cuatro hermanos. Él debería estar estudiando para los exámenes, pero el conflicto ha interrumpido su escolarización. Jacob se esfuerza por acostumbrarse a vivir en el recinto de la catedral

Jacob Jeniso,14 years, retrurned to South Sudan in hope of a brighter future. Credit Joseph Kabiru/CAFOD .

Jacob Jeniso, de 14 años, retornó a Sudán del Sur con la esperanza de un futuro mejor. Créditos Joseph Kabiru/CAFOD.

“La vida aquí es insoportable. Antes de que empezara el conflicto, yo podía jugar libre y tranquilamente en mi barrio, en Korwilliam. Sin embargo aquí, en el recinto de la catedral, estamos muy limitados. Yo solía ir a pescar al Nilo Blanco, pero ahora ya no puedo hacerlo”.

Jacob y su familia estuvieron viviendo en Jartum, pero regresaron a Sudán del Sur tras su independencia, en julio de 2011, con la esperanza de una nueva vida y un futuro mejor.

“Me gusta más la vida en Sudán del Sur que en Jartum. Sin embargo, allí no había guerra y muchos de notrosos echamos de menos esa paz y tranquilidad.

“Sudán del Sur es mi país y eso no puedo cambiarlo, pero el conflicto ha traído miseria y sufrimiento a tanta gente.

“Mi mensaje a nuestros líderes es este: los enfrentamientos están destruyendo la educación de jóvenes como yo. Y no nos sentimos optimistas sobre nuestro futuro”.

Jacob espera poder llegar a ser farmacéutico, cuando termine sus estudios, una profesión que, como él dice, ayuda a la gente necesitada y, por eso, vale la pena estudiar.

Caritas está distribuyendo ayuda de emergencia a unas 100.000 personas. Entre la ayuda que se facilita, podemos mencionar: alimentos, lonas, mantas, colchonetas, garrafas, mosquiteros, agua limpia y asistencia médica.